El Zahir

La idea del Zahir procede de la tradición islámica y, según se especula, surgió aproximadamente en el siglo XVIII. Zahir significa visible, presente, lo que no puede pasar inadvertido, como menciona un extracto de la Enciclopedia de lo Fantástico, escrita por Jorge Luis Borges y que Coelho incluye a modo de prólogo.

Ese algo o alguien comienza a cobrar cada vez más trascendencia en la mente de una persona, hasta que acaba por ocupar toda su atención, transformándose en la única o la principal razón de su existencia.

En el caso del protagonista del nuevo libro de Paulo Coelho, el Zahir es su mujer, una exitosa periodista que desaparece de un día para otro, sin dejar rastro.

A pesar de que en una primera instancia se ensayan diversas hipótesis, como un accidente, un asesinato o un secuestro, la lógica de los hechos y la propia intuición del protagonista indican que se trata de un abandono por parte de ella, que se marchó sin decir nada, sola o acompañada.

Esta situación induce al protagonista de la novela -el cual descubrimos, a través de abundantes apuntes biográficos, no es otro que el propio autor brasileño- a obsesionarse con hallar a su mujer, a pesar de que todo indica que ella lo ha dejado por propia voluntad.

Como no podía ser de otra manera, la novela no se despega de las clásicas temáticas ni de la típica estructura narrativa propia del reconocido escritor, técnicas de probada eficacia comercial en anteriores oportunidades.

Como de costumbre, Coelho toma elementos del catolicismo, del budismo, creencias e historias populares de diversas culturas, para construir un relato liviano y previsible, que es precisamente lo que espera el lector incondicional del exitoso autor brasileño.

Buscador incansable de una verdad absoluta, peregrino, miembro de cultos, sectas y demás grupos de carácter filosófico o religioso en su juventud y hasta cuestionador del sistema, Coelho nos relata -una vez más- parte de su travesía por el camino de Santiago, donde afirma haber hallado la verdad que buscaba en el trato con la gente común.

Como es habitual, la narración es llana y casi pueril, recurso que es, sin dudas, una de las claves de su éxito, teniendo en cuenta que la mayoría de los fanáticos de Coelho suelen ser personas no habituadas a la lectura y, por ende, no entrenadas en el análisis crítico de un texto ni en la compresión de elaboradas prosas.

En el mundo que el autor plantea en sus novelas, los seres suelen estar dotados de una particular sabiduría, que los acerca más a lamas tibetanos que a simples personajes cotidianos.

Un sencillo análisis nos da la pauta de que en todos esos personajes, está siempre implícita la personalidad o las creencias del propio autor.

Por otra parte, en esta novela observamos  nuevamente- que todo lo que ocurre, aún lo más angustioso o cruento, es siempre para bien y contribuye a la iluminación y el aprendizaje del protagonista, retomando la idea de viaje iniciático que explotó recurrentemente en anteriores oportunidades, obviamente con excelentes réditos pecuniarios.

El relato no abandona, como no podía ser de otro modo, el tono pedagógico habitual en Coelho. El autor es consciente que la mayoría de sus lectores, lo ha erigido en una especie de maestro espiritual de la posmodernidad.

Asumiendo dicha responsabilidad, continúa atiborrando sus textos de máximas filosóficas y religiosas extractadas de diversos cultos, ideologías y libros de autoayuda.

De este modo, Coelho ahorra al grueso de sus lectores, poco habituados al ejercicio intelectual que supone el análisis y la compresión de dichos textos, la penosa tarea de leer obras que no han leído y probablemente nunca leerán.

Es difícil compatibilizar la tesis contestataria y rupturista del Coelho joven y hippie con la postura conciliadora del Coelho actual, un universo en el cual todo ocurre para bien y todo es parte de un equilibrio perfecto e inmutable.

Por lo tanto, «El Zahir» no se distingue particularmente del grueso de la producción del reconocido autor brasileño. Es un presunto alegato de pretensiones moralizantes, abundante en referencias, muchas veces textuales, a diferentes obras.

El protagonista, que básicamente es el propio Coelho, halla la iluminación a través del sufrimiento y la búsqueda de paz personal.

Mientras tanto, en el mundo real -a pesar de Coelho- las decisiones de unos pocos siguen afectando angustiosamente a la gran mayoría.

(Editorial Planeta)

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