Cuando las galerías se hacen nómadas
Es una práctica aceptada que las exposiciones se realicen en lugares estables, galerías, centros culturales o museos. Pero desde hace poco tiempo, Adela Casacuberta y Antar Kuri, dos artistas mexicanos radicados en Montevideo, decidieron crear una galería nómade. La idea es sumamente feliz: utilizar inmuebles desocupados para presentar muestras por algunas semanas. Se abandona la noción de lugar fijo, el prestigio de la rutina, la consolidación de un espacio artístico. Es una galería que se mueve, que cambia, como las exposiciones que la habitan. Harto____espacio presenta, en Colón 1513 (lunes a viernes de 10.00 a 18.00, sábado de 10.00 a 15.00) durante tres semanas, Lengua Romance, su segunda muestra, adaptación de trabajos pensados en portugués e interpretados en español: los artistas envían sus obras en forma de instrucciones y la galería las interpreta y ejecuta materialmente. Más que los resultados, importa retener la idea, innovadora, sacudidora de hábitos, especialmente comerciales, en una zona donde abundan los talleres ansiosos de atraer turistas. Es un desafío, al igual que en la misma calle, a pocas cuadras, lo hace la nueva galería Marte. Son dos hechos que abren nuevos caminos para la temporada 2005.
Mientras tanto, el Museo Nacional de Artes Visuales mantiene dos muestras fuera de serie: Equipo Crónica, proveniente de Valencia y Only You, del uruguayo errante Carlos Capelán, varias instalaciones de un refinamiento formal y una complejidad conceptual que hay que observar con mucho detenimiento.
Por su parte, el Centro Cultural de España, habilitó la intervención parietal de Fernando López Lage. En el interior, pintado con estructuras geométricas de colores fuertes, convierten los tranquilos ambientes de videoteca, hemeroteca, biblioteca, centro de lectura e investigación y cafetería en una apabullante agresión visual que neutraliza incluso la buena ambientación y equipamiento diseñado por Inara Ruglio. Como en sus cuadros ya conocidos de su última etapa, pero más acentuado aún, los planos geométricos son deficientes en su intersección, borrosos en sus límites, distorsionan el espacio al conseguir el efecto visual y psicológico contrario al refugio distendido que busca el visitante. En cambio, en la fachada de vidrio, planta baja y primer piso, con papel especial y translúcido, el resultado está muy logrado, los colores y la composición se integran a una decoración integrada a la arquitectura que a su vez parece renovada en el dinámico cromatismo.
Marco Maggi, en colaboración con Ken Solomon, inauguró el espacio + Cubo con un video (Micro & Soft on Macintosh Apple), de tres minutos de duración, que obedece a su estética de lo inadvertido: 5.760 imágenes que registran el proceso acelerado, casi imperceptible, del secado de una manzana, previamente tratada con un dibujo geométrico. Ya estaba la idea en forma escultórica en una obra anterior y aquí aparece en una imagen en movimiento, resignificando el tema que obsesionó a Cézanne, sobre la insignificancia del tema y el infinito transcurrir de la existencia.Una pequeña joyita presentada en la última Bienal de Qwanju, Corea.
Por el Centro Municipal de Exposiciones, Plaza Fabini, se habilitaron dos muestras. Por un lado el Premio Rioplatense (¿?) de Artes Visuales organizado por la Fundación Osde, de Argentina. Pero en vez de presentar la totalidad de los seleccionados y premiados de ambas orillas, se limita a una numerosa inclusión de preseleccionados uruguayos. El conjunto, asépticamente presentado, se parece (ironía del destino de críticos desdoblados en curadores, exigentes con los demás sin exigirse a sí mismos) a un salón municipal donde cada artista está presentado con una única obra. El catálogo (bah!, es un decir), poco informativo, y sin ningún texto justificatorio que no sea el de la empresa patrocinadora, omite algunos nombres de interés (Carlos Presto, por su perfección técnica). Hay premios justificados a nivel regional (Raquel Bessio, Michael Bahr) y selección acertada (Jacqueline Lacasa, Alejandro Albertti, Nuño Pucurull, Ernesto Vila), otros recorren caminos trillados, pero los desniveles (generacionales, de dominio técnico, conceptuales) son demasiado evidentes y es imposible apreciar a creadores jóvenes desconocidos con un trabajo aislado.
En la Sala Menor, una instalación de Yvonne D´Acosta, con el título Altares. Pintora, pasó, de repente, a la intervención espacial, con el ambicioso intento de configurar un ámbito religioso dentro de una estructura de referencia a la mujer y los hábitos desempeñados tradicionalmente. Baldes de hojalata con vidrios rotos, agua y brasas depositados en círculo sobre una alfombra roja en forma de cruz latina, mientras en las paredes se leen catorce palabras alusivas a las estaciones del Vía Crucis y la sugerencia entre el enlace de lo doméstico y lo sagrado. El planteo y la limpia ejecución del montaje, son un acierto, aunque faltó, quizá, ambientación sonora o una voz que realzara el clima propuesto. La incógnita se plantea acerca de los próximos caminos (en tema, en lenguaje) a recorrer por Yvonne D´Acosta, hasta ahora pintora. *
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