ARTE

Picasso y Dennis Oppenheim en Valencia

La arquitectura de Santiago Calatrava (La Ciudad de las Artes y de las Ciencias, el metro, los puentes) y de Norman Foster, son iconos urbanísticos que se agregan a las construcciones medievales y modernistas, de singular poderío visual y semántico. El Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) es, desde 1986, el gran disparador de la contemporaneidad en España y aún continúa su vigencia, sin rival posible. Las sucesivas direcciones, derivadas de encontradas situaciones políticas, mantuvieron una programación y un acervo de niveles excepcionales. La colección del escultor Julio González, del informalismo español, Equipo Crónica (actualmente se exhibe en el Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo), el centro de documentación y biblioteca hacen del IVAM un punto de referencia internacional. Por sus salas desfilan las grandes exposiciones itinerantes provenientes de los principales museos de Europa y Estados Unidos. Dos fueron comentadas desde estas páginas (Rodin, Rauschenberg) y en su anfiteatro transcurrió, en marzo, el VI Simposio Iberoamericano. Un proyecto de ampliación de la sede, a cargo de los japoneses Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa, consistente en una estructura de acero translúcida de 32 metros de altura, fue premiado en la Bienal de Venecia y vinculará más estrechamente al IVAM al viejo barrio de El Carmen.

El IVAM no está solo en la tarea de cobijar el arte actual. Además de varias galerías prestigiosas (Luis Adelantado, es una de ellas) Bancaja es una institución inevitable: posee la colección completa de los grabados de Picasso, con exhibición permanente y renovada de esos trabajos que suman miles, y realiza muestras temporarias de indudable interés.

 

Picasso y Dennis Oppenheim

En sus dos salas, amplias pero no en exceso, se exhiben actualmente Picasso, retratos de ilusiones y Obra escogida, 1968-2004, de Dennis Oppenheim, exposición itinerante por varias ciudades españolas con montaje del propio artista.

Los retratos de Picasso son imaginarios o rescatados de su infalible memoria, no siempre conocidos o familiares del público. Lo asombroso es verificar, como si fuera necesario, la inventiva permanente del genio malagueño, los hallazgos del dibujo, la agilidad del trazo, la capacidad inagotable para recorrer sobre la plancha de metal (la mayoría son aguafuertes) las mil y una maneras de representar un desnudo, un rostro, una mano, una nariz, una boca, un ojo, una oreja o un sexo, sin repetirse, con un desplante lineal de soberbia vitalidad y energía comunicativas dejando intactas, siempre, la implacable ironía autorreferencial y el humor sostenido que atraviesa cada estampa. Un auténtico festín visual.

Oppenheim, estadounidense nacido en 1938, figuró entre las personalidades conspicuas del arte conceptual, el body art y el land art surgidos en los frenéticos años sesenta (la primera fractura del siglo XX e inicio del actual) apuntando sus preocupaciones hacia el destino del arte y el papel del artista. Con una inteligencia que sabe capturar el ritmo de la vida, auscultar los resortes de la sensibilidad naciente y las transformaciones de la percepción, Oppenheim introduce la noción ética y política en sus propuestas que se extienden a la performance, la escultura, la creación de objetos simbólicos que, en muchos casos, se incorporan a la naturaleza y al paisaje urbano. Maquetas y fotos de obras efímeras, dibujos (extraordinarios), marionetas como sustituto del propio cuerpo que giran accionadas por motores (remedan los bailarines de Oskar Schlemmer), máquinas que denuncian violencia y drama como componentes sociales realizadas con diversidad de soportes (hilos de lana, cuero, aluminio, animales embalsamados, muebles, vidrio, fuego, taladros, sierras, motores eléctricos, video, fotografía), muchas de ellas instalaciones. Algunas, Cristal de roca con túnel, se vieron en la II Bienal de Valencia en una plaza (aquí reemplazada por maqueta) y otras anticipan futuras ajenas apropiaciones como Cocina para expresión de alta temperatura, 1988, con seis ollas con rostros dibujados y un hornillo eléctrico donde se cocinan alimentos. No es nada común ver una exposición sintética de un creador mayor, con un variado espectro de expresiones, presentada con ejemplar claridad de lectura. (Tercera de una serie de notas sobre la actividad artística en Valencia). *

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