
Con un hilo de voz, pero con la fuerza de sus gestos intacta, el mimo que este mes cumplió 82 años hizo un balance de su intensa vida, de la que destacó el logro de conseguir que el arte de la mÃmica lograra ser comprendido e identificado en el mundo. “En la década de los años 60 algunos periodistas me decÃan ‘El problema es que usted se repite’, pero no era verdad, yo sentaba las bases para la mÃmica clásica”, señaló Marceau, quien comparó su arte con la música: “OÃr mucho a Mozart no es cansino. Siempre revivimos la emoción”. “No me retiraré nunca y cuando muera, moriré de pie”, dijo.
Confesó además que a su edad piensa frecuentemente en la muerte, que, a su juicio, “tiene que ser santificada, (porque) admiro las religiones, todo lo que es religioso, pero no siento que sea religioso, soy espiritual y tengo fe”. Rememoró que su vida artÃstica comenzó luego de la Segunda Guerra Mundial, cansado de ver muerte y destrucción, se propuso olvidar y brindar alegrÃa al mundo, pero su propuesta se quedó un poco en la superficialidad. “Lentamente al madurar escogà volver a acordarme de lo que habÃa pasado, para dar un reconocimiento a todos los desaparecidos, y me di cuenta de que no habÃa que olvidar, y comencé a presentar temas más profundos”. “El arte del silencio hace madurar a la gente”, insistió el mimo,
Su espectáculo titulado “Lo mejor de Marcel Marceau”, repasa los puntos brillantes de su carrera, con una primera parte de pantomimas de estilo y una segunda protagonizada por su personaje ‘Bip’. En el mismo, está acompañado por dos de sus pupilos: la española Blanca del Barrio y el francés Maxime Nourissat. El mimo, que a través de su carrera ha recibido numerosos premios, fue nombrado embajador de la Unesco y recibió doctorados honoris causa de una decena de universidades alrededor del mundo, habló con profusión de su vida de maestro en la escuela de mimodrama de ParÃs que lleva su nombre. “Estoy muy feliz de transmitir mi arte a las nuevas generaciones y ese será mi testimonio”, apuntó. Subrayó que dicta cursos en Europa, y que está interesado en hacerlo en América Latina, aunque aclaró que él no enseña a niños, porque les falta experiencia de vida. Prefiere trabajar con personas “apasionadas” que se quieran dedicar de verdad a la mÃmica, no con amateurs. Asà como habla con pasión de la enseñanza, lo hace de polÃtica. “Para salvar la democracia se necesita divulgar la cultura”, afirma. Criticó que haya lÃderes en el mundo que con “la excusa de salvar gente provoquen la muerte de personas”. *
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