"HACIA QUE PATRIAS...", UNA NOVELA SEMILINEAL, DE ESTRUCTURA POSMODERNISTA, QUE MANTIENE LA ALTITUD DEL ENSAYO

Jorge Majfud, imaginación y profundidad

* Jorge Majfud ha podido constatar pluralidad de culturas, indagar en diversidad de costumbres, prosperar en múltiples realidades y sobradas experiencias. La variedad y el contraste forman parte de su singular carácter, han nutrido su visión del mundo.

Escrito por: AGUSTIN DIAZ PACHECO

Domingo 27 de marzo de 2005 | 2:35
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 Jorge Majfud: imaginaci

Más de cuarenta países son a los que Majfud les ha tomado el pulso: Japón, China, Nepal, India, Egipto, Turquía, República Checa, Chile, Francia, España, Líbano e Israel han sido, por diversas razones, los que le han llamado poderosamente la atención; pulso vital en el que se inscriben multiplicidad de interpretaciones sobre el hecho de vivir, el hábito de sufrir, o el aliento que tanto a uno como a otro le son inherentes, así como los riegos que ambos conllevan.

Hace dos años, en febrero del 2003, el escritor uruguayo Jorge Majfud (Tacuarembó, Uruguay, 1969), visitó Tenerife; fue con motivo de la presentación de su libro La reina de América, Premio Casa de las Américas 2001, texto que le ha supuesto un jalón importante en su trayectoria literaria.

Poseedor de una inusual lucidez crítica, desprende dos medulares virtudes. La primera, arraigada en su fecunda imaginación, y la segunda, reflejada en una poco habitual serenidad, limítrofe con cierto talante oriental, que evidencian su singular personalidad, a la vez que ponía de manifiesto su aguda coherencia y un más que notable grado de conciencia crítica -ambas han quedado bien patentizadas en su libro de ensayos Crítica de la pasión pura, libro que extrañamente aún no se ha publicado en España- del hombre poseedor de una vasta cultura, despojado de las consabidas autorreferencias que denotan la típica soberbia narcisista, mostrando suma sencillez, propia de quien es reacio a poses y otras escenografías; esto se agradece, sobre todo cuando abunda la prepotencia.

Entre la tenacidad del viajero itinerante y la estática inquietud del viajero inmóvil (avanza gracias a decisiones de un imaginario propio), el imprescindible hilo de la escritura y la lectura (Averroes, Nietzsche, Ernesto Sábato, Juan Carlos Onetti, Juan Rulfo, Paul Auster o José Saramago, por citar a algunos de los autores de su nómina de escritores preferidos), parece instalarse en un manso universo, aparentemente relajado, el mismo que en la soledad de una habitación hallaría la complicidad estética de Edvard Hammenshoi o la de Edward Hopper, o en lugares que dispensando suficiente calma propician el decisivo hecho del oficio de escribir para emprender solitarias decisiones. Expediciones intelectuales, sin necesidad de salacot ni prismáticos, le basta diseccionar la compleja realidad que él, en cierta manera, atreve en transgredir, la urdimbre antropológico cultural o la oculta semilla del inconsciente colectivo; viajero sin límites en quien convergen la ficción y la lectura, a las que se incorpora la de ser un agudo observador. Asentado en una región silenciosa y físicamente inasequible, recurre a un mapa, sin prescindir de la siempre misteriosa brújula que cada cual posee; mapa compuesto por las sombras blancas de las que tan sabiamente nos hablara Jorge Luis Borges.

Aunque Jorge Majfud estudió arquitectura (ha ejercido la docencia en la Universidad Hispanoamericana de Costa Rica y en la Escuela Técnica del Uruguay -impartió Arte y Matemáticas-, y desde el año 2003 es profesor de Literatura en la Universidad de Georgia, Estados Unidos), su viaje estático consiste en un acto de fe nacido del impulso donde la vitalidad expresa una voluntad para fijar la mirada en otros horizontes, escrutar hechos, traducir e imaginar sueños, para luego curtirse en transitar distintos continentes. Ese viaje estático ­el oficio de escribir- comenzó cuando tenía tan solo once años; cinco años después descubrió a Jorge Luis Borges, posteriormente a Leonardo Da Vinci, y más tarde, de manera autodidacta, se interesó por la pintura y escultura para abandonarlas por los estudios de arquitectura: …para resistir esa tendencia a la literatura, a la que consideraba ilícita, improductiva. Es lo que me confió en cierta ocasión, para agregar: Creo que en literatura más vale que falte y no que sobre. No obstante, cultiva el artículo de opinión para diarios, revistas y selecciones de textos, y su obra ha merecido ser traducida al portugués, inglés y francés. Es de los que mantienen una sólida opinión, y actualmente se halla inmerso en una novela y un libro de ensayos.

El creador de Hacia qué patrias del silencio (memorias de un desaparecido) o La reina de América, y recogido en una antología de escritores sudamericanos, no es hacedor apocalíptico, sí lo es, y bastante, muy penetrante, resultando ser un escritor iniciático, esbozador de epitafios que, sin ser culminados, va afianzando el transcurrir del tiempo, los malos trucos del poder, la perversión de éste y la que corresponde a las personas. Nos hallamos ante un espeleólogo del alma vuelto agónico cronista. Pero cuando el lector aborda, por ejemplo, Hacia qué patrias…, irrumpe en el universo propio del creador cerebral que, por serlo, no elude del universo humano la pasión que le es inherente. Ha forjado una novela semilineal, de estructura posmodernista, en la cual mantiene la altitud del ensayo y ahonda sin titubeos en la humana sima. En ella existen oasis (capítulos), es decir, lugares habitados por una prosa abierta a la meditación, a la introspección, el análisis, la deducción psicológica, el ubicar un catálogo vital, un buen muestrario donde hombres y mujeres más que sobrevivientes parecen estar condenados a vivir. En absoluto cierra el paso a la cotidianidad. Esta, bien a manera de anécdotas o habilidades de la ironía o el humor, supone la reflexión que adquiere el categórico valor del aforismo. La coloquialidad es suma y no resta, recurso que señala la existencia de determinados hitos de la reciente oscuridad histórica sudamericana, desde Perón hasta Onganía, pasando por Juan María Bordaberry, y otros personajes cuyos nombres figuran en su obra. El despotismo personal y la tiranía consustancial al poder dan lugar a recuerdos reflejados en un gran retrovisor: cuanto más se distancia el sujeto del objeto más obsesivo se torna éste. Disipado el evanescente arco iris de la lejana ilusión y la niebla, se oculta -hasta ausentarse- el norte utópico. Atrás, las Dictaduras, después, la insomne suma de incógnitas a despejar por el optimismo histórico, por la resistencia de hombres y mujeres. No existe en su narratividad -conviene señalarlo- espacio para el escapismo, la superficialidad, y menos aún la tentación instada desde lo vulgar.

En Hacia qué patrias… se acentúa determinado encono en torno a lo Irremediable, la inevitabilidad derivada del Origen. Se trata, pues, de una literatura en la que no se ausentan reflexiones vitales, variadas estimas existenciales e imprescindibles ejercicios que ahondan en el pensamiento filosófico o que podrían plantear variadas discusiones. Descriptiva y clarificadora, la prosa de Jorge Majfud es directa, sencilla, pero sin concesiones, tampoco -en modo alguno- claudicante, y no ceja en cuidar dos pilares: una narrativa tan cuidada como profunda.

Puede entonces el lector entrever el sólido bagaje cultural del autor, el rigor de sus convicciones, toda una habilidad creativa de maniobra discursiva que hace constar el giro efectuado por la memoria, el horizonte irredento de la infancia, la adolescencia o la juventud, sin omitir la presencia de su agudeza, la misma que le sirve para cuestionar, llevar contra las cuerdas y después saber asestar su rotunda ironía noqueadora. *

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