Fantasmas del pasado, perfume de ayer
Esta es una comedia amable, hasta que aparece un suave sabor ácido, con rasgos de fantasía: no sabemos si por darse en la sala 2, por la presencia de Lilián Olhagaray o por la mezcla de realidad y sueño, «Erling» nos trajo a la memoria el planteo de «Volvió una noche», de Eduardo Rovner. La pieza tiene dos partes, claramente diferenciadas: en la primera escena, que vale toda la obra, con delicadas observaciones de la vida real la autora crea una atmósfera donde la evocación del pasado lanza al presente un inquietante llamado. Hellström hace decir sin decir, sugiere apenas, muestra una herida aún abierta y algunas resistidas verdades. Un hombre (Júver Salcedo) y una mujer (Lilián Olhagaray) que se amaron, se reencuentran luego de más de treinta años: algún rescoldo queda de una pasión que no llegó a ser el sol que ilumina una vida. El pasado reclama sus derechos, ayudado por un encuentro en ocasión de las compras de Navidad; tiempo de repasos, balances y evocaciones. Ninguno de los dos dice lo que siente; posiblemente no lo saben; quieren averiguarlo. Lo que no fue está a la orden.
Luego la autora hace aparecer a Erling (Félix Correa) el hijo que la pareja no tuvo y que pudo y debió nacer. Erling, que es un fantasma, es corpóreo y hablador; reclama su filiación y su lugar. Pero el espectador, como los protagonistas, lo acepta a medias. El comienzo realista y de narración indirecta se alía más con el hijo reivindicativo y estentóreo, que vence pero no convence. Creemos que sucede así porque no puede hacer nada ni tiene nada que hacer, salvo precipitar otra crisis de consciencia; su intrusión es demasiado larga para un catalizador. Al final se recicla la misma escena de treinta años atrás: el hombre volverá a su esposa pudiente y comprará el jamón para la cena, que estuvo a punto de olvidar. El pasado vuelve, pero de más de una manera; el interés, que ya pudo con el amor, triunfa de nuevo.
Encontramos impecables a Júver Salcedo y a Lilián Olhagaray, sobre todo cuando no están con el «hijo». Félix Correa tiene el papel más difícil, el hijo fantástico; su actuación es correcta, pero a través del libreto imaginamos más adecuado un «Erling» más tenue y fantasmal, más susurrante que perenterio. Como de costumbre, Mario Morgan trató con habilidad la comedia y sobre todo los climas y los tiempos de esta educada obra. *
ERLING, de Christina Hellström, por el teatro de La Gaviota, con Júver Salcedo, Lilián Olhagaray y Félix Correa. Iluminación de Juan José Ferragut y Adrián Romero, dirección de Mario Morgan. En Teatro de La Gaviota, sala 2.
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