Charlie Parker: la revolución del Bop
Eran jóvenes jazzistas negros que, cansados de las estereotipadas fórmulas del «swing» de las grandes orquestas de los años 30, introdujeron cambios sustanciales en los conceptos rítmicos, armónicos y melódicos del jazz.
Así nació el Bop (o también «Bebop») y con él toda la secuencia evolutiva que conduce hasta el jazz moderno de nuestros días. Es unánime el reconocimiento a la personalidad del genial saxofonista alto Charlie Parker como el creador más dotado y revolucionario entre aquellos músicos que concurrían al Minton’s. Este sábado 12 se cumplen cincuenta años de su muerte, pero su influencia continúa en pleno siglo XXI y la admiración que provoca en las nuevas generaciones de jazzistas sigue vigente.
Charlie «Bird» Parker nació en Kansas City el 29 de agosto de 1920. La actividad musical de esa ciudad norteamericana fue impresionante durante las décadas del 20 y 30, por lo cual el interés de «Bird» se despertó prontamente.
Practicó con el saxo alto, escuchó atentamente a Johnny Hodges, Benny Carter, Chuck Berry y sobre todo al saxo tenor Lester Young.
Trató de intervenir en cuanta jam session hubiera a mano (y en Kansas había varias por noche) y esa temprana actividad lo hizo caer en el vicio y la drogadicción, lo que le causó serios problemas públicos y privados hasta el fin de sus días.
Después de actuar en orquestas como las de Lawrence Keyes, Harlan Leonard, Jay McShann, Earl Hines y Billy Eckstine, grabó sus primeras obras maestras en 1945, en compañía de Dizzy Gillespie, Miles Davis, Bud Powell, Max Roach y otros. Sus discos Hot house, Salt peanuts, Ko Ko, Billie’s bounce, etcétera, se vendieron en cantidades enormes porque críticos, músicos y aficionados querían saber «qué había de nuevo». Los jazzistas imitaban su ejecución «para ir por el camino que hay que seguir».
En 1946 fue a tocar a Los Angeles. Sufrió un colapso por el exceso de heroína, tuvo que abandonar una sesión de grabación y fue recluido en un sanatorio. Retornó a los siete meses y grabó una nueva serie de joyas discográficas: Embraceable you, Don’t blame me, Out of nowhere y otras. En 1949 fue la estrella máxima del Festival Internacional de Jazz en París.
El empresario Norman Granz lo hizo grabar con orquestas de cuerdas y bandas semi-sinfónicas, pero lo mejor del saxo alto volvió a darse con combos reducidos y el estupendo concierto en el Massey Hall de Toronto, en 1953.
Al año siguiente, durante otra gira por Europa, se enteró del fallecimiento de su hijita de tres años. Nunca se recuperó de ese golpe. Recrudeció su afición a la bebida, volvió a New York, fue a parar en estado calamitoso a un hospital y su convalecencia la pasó en el apartamento de una amiga, Nica de Koenigswarter, donde murió el 12 de marzo de 1955. Tenía apenas 34 años.
Algunos canales de cable proyectan ocasionalmente la Película Bird, dirigida por Clint Eastwood en 1998. Merece verse por la sensacional actuación protagónica de Forest Whitaker y para escuchar la banda sonora en la que los solos de saxo alto son los originales de Charlie Parker. *
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