Sábado, otro estreno en Cinemateca 18

También hoy se estrena en Cinemateca 18 el filme argentino Sábado, dirigido por el crítico de la revista El Amante Cine Juan Villegas y protagonizado por el uruguayo Daniel Hendler, a quien acompañan Gastón Pauls, Mariana Anghieri y otros.

Se trata de un ejemplo del valioso y reciente «nuevo cine argentino», que ha aportado ya otros títulos significativos.

Lo que cuenta el filme es el transcurso de un sábado en la vida de seis personajes treintañeros y porteños. La elección del director Villegas, antes crítico que aquí debutó en el largometraje, fue desde un principio trabajar sobre los temas y no sobre una historia en particular, dando como resultado el armónico entramado de diversas temáticas: el placer y el amor, el silencio y la palabra, la soledad y la compañía, la presencia y la ausencia de las personas y las cosas.

Villegas no juzga a sus personajes sino que los deja en libertad, brindándoles la posibilidad de probar, de hablar, de moverse, mientras recorren obsesivamente la ciudad en auto, buscando acaso algo que los identifique o con lo que puedan identificarse. Tal vez se trate apenas (o nada menos) que de un sacudón, algo que calme su tristeza, que amortigüe la melancolía que constituye el tono mayoritario del filme. Un poco de felicidad, en suma. Si se quiere inscribir el resultado en un género determinado sería el de la comedia dramática, esa variante del cine que genera frecuentemente la sonrisa y al mismo tiempo deja un extraño residuo de tragedia cotidiana, de interrogante, de sospecha.

Buen espectador de cine, heredero seguramente muy consciente de los franceses de Cahiers du Cinema que cuarenta años antes que él saltaron también de la crítica a la dirección, Villegas ha pensado su película, claramente, en términos de «puesta en escena». Su estilo deriva del modo en que organiza los materiales narrativos, la disposición de las escenas, los cortes sorpresivos de los planos, la planificación de las apariciones de los personajes. Ese estilo se revela particularmente en dos escenas.

Una de ellas se produce cuando uno de los personajes baja del auto de su acompañante y la cámara se detiene mostrando, de manera natural y a la vez estremecedora, el lugar vacío que queda en el coche, la «ausencia del otro» en estado puro. La otra está al final y remite al comienzo: allí dos de los personajes se reencuentran después de un sábado especial.

A esas alturas el espectador ha aprendido ya que nada será como hasta entonces, que un cruce, un choque, un paseo en auto, una discusión, pueden diversificar el curso de los acontecimientos de manera imprevisible y a veces irreversible. La idea subyacentes es la de que la felicidad es posible, pero también efímera y frágil, incompleta, incómoda.

El resultado, que es por cierto un debut más que auspicioso, funciona por la calidez de sus personajes, por la proximidad de sus temáticas particulares, por su humor y la extraña mirada que arroja sobre un Buenos Aires a la vez sorpresivo y muy próximo. Otra revelación del reciente cine argentino. *

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