Murió el gran crítico Harald Szeemann

La semana pasada, de una dolencia pulmonar, murió el crítico suizo-alemán Harald Szeemann. Nacido en Berna en 1933, Szeemann estudió historia del arte y arqueología en la Universidad de Berna, fue periodista en Frei Zeitung en 1956, donde el dadaísta Hugo Ball fue uno de sus pilares. Apreció el itinerario del poeta, oscilante entre el anarquismo de Bakunin y la insurgencia del Marqués de Sade, pasando de Dadá al catolicismo, ubicándose en esa zona intermedia entre el artista y el hombre comprometido en todos los aspectos de la vida.

Una de las primeras exposiciones que realizó Szeemann fue un homenaje al fundador del Cabaret Voltaire, en 1957. Dotado de una vocación enciclopedista y una libertad operativa que se opuso a los sistemas establecidos, con una comunicación directa y una simpatía abierta al diálogo, Szeemann activó nuevos conceptos y se adelantó a su tiempo. Fue el curador por antonomasia. Su fama se estableció urbi et orbi con la exposición Cuando las actitudes se hacen formas, en 1978, un alegato hacia el reconocimiento de la obra de arte como creación en proceso. El arte conceptual, el minimalismo, las performances, fueron reunidos por primera vez y las personalidades de Joseph Beuys, Lawrence Wiener y Richard Serra emergieron a la consideración internacional. Se convirtió en curador free-lance, dirigió la Kunsthaus de Berna, la Documenta de Kassel, las bienales de Lyon, Venecia (por dos veces consecutivas) y la más reciente de Sevilla. Fue el primero en dar a conocer a los artistas de la República Popular China entre otros otros muchos del mundo occidental. Con su muerte, relativamente temprana, las artes visuales pierde a uno de sus mayores talentos imaginativos de vanguardia, con una capacidad intelectual insustituible, realmente. *

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