Escrito por: R.B.
En la ciudad de Buenos Aires, donde desarrolló la mayor parte de toda su actividad literaria, Florencio Sánchez ha sido reconocido con un monumento que se levanta en la esquina de Chiclana y Pavón, en el barrio de San Cristóbal.
Cuando su inauguración, por los años treinta, el periodista y escritor Roberto Arlt, señaló en el diario CrÃtica: “Si el alma vive y conserva sus facultades de discernimiento después de la muerte, se me ocurre que al alma de Florencio Sánchez le hubiera gustado estar en la calle Corrientes. En cualquier esquina frente a un café… Y Florencio no estarÃa solo. TendrÃa la compañÃa de sus hermanos, los canillitas… tendrÃa la compañÃa de los vigilantes de la calle Corrientes… tendrÃa la compañÃa de los solemnes vagos de las tres de la tarde a las cuatro de la mañana, que se atornillan en las mesas de un café a charlar de todo y de nada.
Y Florencio estarÃa contento… a la sombra de los teatros, a la vista de las muchachas que se pintan los ojos, los labios y el corazón y que noche tras noche florecen a la luz de aluminio de la luna y a la luz verde, roja y azul de los cientos de letreros luminosos”.
En nuestro paÃs, existe una población que lleva su nombre en los lÃmites de los departamentos de Colonia y Soriano. En Montevideo existe un teatro en su homenaje, una calle de Pocitos lo recuerda y un pequeño busto estaba ubicado en el hall del teatro SolÃs, antes de la remodelación de la sala.
Con su melenuda cabeza ladeada, un enorme busto se ubica sobre un basamento, donde se leen varias de sus obras más significativas, en pleno Parque Rodó. Sucede lo mismo que en Buenos Aires. No era ése el sitio.
Uno se pregunta qué hace este bohemio empedernido, hombre de teatro, noctámbulo de café y de charlas interminables en este paseo de sol, de aire bucólico, con parejas de enamorados, de padres y abuelos, que toman mate mientras acarrean niños hacia la zona de calesitas y otros juegos infantiles. *
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