Frankfurt: cruce de caminos
a escritora uruguaya Ana Vidal ha sido galardonada con diversas distinciones, entre ellas el premio otorgado por Fundación Santillana, por el cuento «Hecho de papel».
También obtuvo reconocimiento por el libro «La ternura es enemiga del morbo» y «Paisajes antárticos».
En «Frankurt: cruce de caminos» –que es su primera novela — la narradora pincela un fresco humano de trazo conmovedor, que sugiere diversas reflexiones en torno al siempre vigente tema de la emigración.
La autora, que ganó por esta obra el premio del concurso literario organizado por la Intendencia Municipal de Montevideo en 2003, construye un relato de exilios y desarraigos, de soledades y ausencias, de fracasos y de pérdidas.
En el decurso de la novela, Ana Vidal se interna en la peripecia de personajes atribulados por un momento histórico sin dudas complejo, aunque no enfatiza excesivamente en los aspectos políticos ni históricos, como sucede habitualmente en la literatura testimonial.
En ese contexto, el abordaje de la historia es bastante más humano, concentrándose particularmente en la peripecia de sus personajes y su propia experiencia personal.
La protagonista del libro es una inmigrante uruguaya como tantas compatriotas, que vive virtualmente confinada en la habitación de un pequeño y semidesierto hotel, situado en una ciudad satélite de Frankfurt.
La mujer afronta una situación de prisión no sólo espacial sino también emocional, porque, mientras procesa una compleja adaptación a un país extraño, está casada con el hombre equivocado y aguardando un hijo.
La autora traslada al lector la angustia de la soledad, en una mirada que pone un elocuente acento en el desamparo y las rupturas afectivas.
Ana Vidal trabaja con las diversas facetas de una existencia compleja, pautada por el peso de la soledad, la nostalgia como sentencia, el ocio improductivo, las calles de ritmo frenético pero indiferente y la intuición de haber perdido su lugar en el mundo.
La autora gira las agujas del tiempo en retroceso, para reconstruir minuciosamente las primeras experiencias de la protagonista en la Europa desarrollada y primermundista, recorriendo –alternadamente– ciudades emblemáticas como Madrid, París y hasta Lisboa, antes del arribo a Frankfurt.
Las sensaciones de claustrofobia no desaparecen ni cuando se registra la mudanza a un apartamento de la ciudad alemana, donde existe mayor espacio físico pero nada cambia.
La exiliada experimenta la misma soledad en un barrio de inmigrantes e idéntica indiferencia con su esposo, que, como es alemán, está en su medio. Ambos comparten un techo pero muy poco más ya que, desde que comenzó el embarazo que lleva como una suerte de estigma, los acercamientos sexuales se transformaron en un mero recuerdo.
Cuando se está lejos, las fotos asumen una dimensión simbólica aún mayor, porque retratan el pasado y algunos fragmentos de vida insoslayables. Las imágenes muestran lágrimas, amargas despedidas y toda la incertidumbre de la partida sin retorno.
En el curso del relato, el personaje femenino ensaya reflexiones introspectivas en torno a decisiones tal vez cruciales para su futuro. Cuando se entera de que en sus entrañas crece un hijo, duda incluso si seguir adelante o interrumpir el proceso.
Es claro que esas dudas se originan en la falta de certezas sobre el futuro, el éxito o el fracaso del matrimonio y la ardua adaptación a un medio social del cual no se siente parte.
Su esposo vive en un mundo paralelo, que es obviamente su propio mundo. Para él no existen las dificultades de adaptación ni la frontera de la lengua.
Aunque desea ser padre, parece haber olvidado que su esposa necesita afecto. Además del trabajo, cualquier pretexto parece ser válido para abandonarla y dejarla depositada entre cuatro paredes.
Ana Vidal retrata elocuentemente muchas conductas humanas, para describir el contraste entre las cercanías físicas y las lejanías culturales, muy habituales en situaciones de inserción compleja.
También ensaya una lectura en torno a los conflictos de pareja, que responden a un proceso de deterioso progresivo. En este caso concreto, el entusiasmo inicial ha devenido en la cuasi ruptura.
La autora comparte las angustias de su personaje femenino, que se siente en una suerte de desierto humano y experimenta un abismo existencial.
La frontera no es la lengua, el no entender qué le dicen ni poder responder. El aspecto más dramático es la crisis de la desintegración y obviamente las emociones, que no pueden ser administradas como si de tratara de meras cuentas bancarias.
Los anfitriones son indiferentes. Viven en un mundo de vértigo sin pausa, propio de los países altamente industrializados, donde existe una siempre desmedida ansiedad por consumir.
Tampoco existen afinidades que le permitan a la protagonista procesar esa impostergable adaptación, que se ha transformado en una experiencia traumática.
Incluso, el encuentro en una residencia de sudamericanos, aunque convoca múltiples recuerdos y reminiscencias, no le permite recuperar el sentido de pertenencia.
Como si se tratara de una sentencia del destino, no logra ni ingresar a un centro educativo que le habilitaría a aprender los rudimentos del idioma.
Ana Vidal confronta las diferencias entre el Primer Mundo y el Tercer Mundo, intercalando los comentarios de una anciana alemana que residió en Uruguay, que elogia el abundante espacio existente en nuestro país en contraste con el virtual hacinamiento de Alemania.
En este contexto, hay consideraciones que exceden a lo meramente geográfico, que sugieren reflexionar en torno al paulatino vaciamiento del territorio uruguayo.
Mientras la protagonista procesa un complejo proceso de mimetización con una sociedad a la cual sin dudas no pertenece, afloran otras dificultades y conflictos en la diaria convivencia. A la indiferencia entre los miembros de la pareja se suman las dificultades económicas que originan inconvenientes reestructuras del presupuesto familiar.
La crisis afectiva tiene también otras derivaciones, cuando el personaje femenino de esta historia comienza a soñar e inventar amantes imaginarios, en su impostergable ansiedad por recibir algo de cariño.
Además, se desvela con otra crucial incertidumbre, cuando se pregunta qué sucederá con el niño que llegará a un hogar virtualmente desintegrado y al borde de la extinción.
Tampoco el contacto con otros uruguayos parece favorecer su proceso de continentación. En su fuero más íntimo comienza a elucubrar intensamente la idea de emprender el regreso, con el fracaso sobre sus espaldas.
La nostalgia la abruma cuando llega la Navidad, que está naturalmente poblada de recuerdos y reminiscencias, de fragmentos de pasado y de familia.
Los sueños iniciales se han ido transformando en pesadillas, porque nada es como ella pensaba que era. El desgaste de una existencia de trasiegos, marchas y contramarchas, ha tenido un efecto negativamente transformador en su estado de ánimo.
Salvo algunos esporádicos fragmentos, todo el relato está construido en primera persona, lo que sintetiza las reflexiones y las inflexiones emocionales de la propia protagonista.
La maternidad, aunque la mujer se sienta una suerte de madre soltera, asume la dimensión simbólica del crecimiento y la maduración. Sin embargo, ni siquiera esa circunstancia acota el margen de la incertidumbre.
«Frankfurt: cruce de caminos» asume la emigración y el exilio desde una visión bastante más humana y crítica que otros títulos análogos, que suelen enfatizar más el sesgo testimonial del tema.
Ana Vidal revela una particular sensibilidad para mimetizarse con el personaje central del relato que, en su condició
n de mujer, padece con crudeza las consecuencias de una situación de virtual marginación.
Las primeras cien páginas de la historia están narradas con un ritmo ágil y en cierta medida hasta atrapante, que permite al lector compartir cada espacio del vacío existencial que abruma a la protagonista.
Sin embargo, luego de diseñar adecuadamente la descripción de ambientes y las criaturas literarias que en ellos se mueven, la construcción parece diluirse en detalles algo menores e intrascendentes.
Sin embargo, pese a esa circunstancia, la autora sabe rescatar el sentimiento de desencanto que origina el fracaso y el naufragio de expectativas de una inmigrante despojada de su identidad.
AUTORES NACIONALES
AUTOR TITULO EDITORIAL
| Mauricio Rosencof | El enviado del fuego | Alfaguara |
| Gerardo Caetano | Antología del discurso político en el Uruguay | Taurus |
| Blanca Rodríguez | El correo del general | Aguilar |
| Mario Benedetti | Defensa propia | Seix Barral |
| Claudio Paolillo | Con los días contados | Fin de Siglo |
| Ginette Ortega | El águila blanca | Planeta |
| Ignacio Alcuri | Combo 2 | Cauce |
| Walter Dresel | Entre tú y yo | Planeta |
| Samuel Blixen | Fugas | Trilce |
| Carmen Posadas | El buen sirviente | Planeta |
AUTORES EXTRANJEROS
AUTOR TITULO EDITORIAL
| Gabriel García Márquez | Memorias de mis putas tristes | Sudamericana |
| Dan Brown | El código Da Vinci | Umbriel |
| Isabel Allende | El bosque de los pigmeos | Sudamericana |
| Dan Brown | Angeles y demonios | Umbriel |
| John le Carre | Amigos absolutos | Plaza y Janés |
| Michael Conelly | Llamada perdida | Ediciones B. |
| Tom Clancy | Los dientes del tigre | Emecé |
| Marcela Serrano | Hasta siempre, mujercitas | Planeta |
| Oriana Falacci | La fuerza de la razón | Ateneo |
| Lev Grossman | El códice secreto | Ediciones B |
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