La pianista

El universo de los afectos es siempre uno de los más turbulentos y contractorios, en la medida que suele confrontar al placer con el dolor e incluso la pérdida.

Otro de los estigmas derivados de las relaciones humanos es el relativo a la soledad, transformada -en nuestro tiempo- en una de las más devastadoras consecuencias de la atomización social.

La peripecia humana es siempre parte de un discurrir afectivo, siempre colmado de claros y oscuros, encuentros y desencuentros.

En «La pianista», la Premio Nobel de Literatura Elfriede Jeninek construye una aguda y escrutadora mirada a ese mundo tan íntimo, que es observado desde una óptica deliberadamente femenina aunque no feminista.

Hija de un judío checo y una austríaca de familia acomodada, Jelinek nació en 1946 en la provincia de Estiria. Desde muy temprana edad, cursó estudios de piano y composición, matriculándose también en teatro e historia del arte.

En 1967, abandonó sus estudios para dedicarse a su gran pasión literaria, que plasmó con un primer libros de poemas, «Las sombras de Lisa» y en su novela inaugural, «Somos reclamos, baby». De su extensa obra cabe destacar, asimismo, «Los excluidos», «Las amantes» y «El, no como él».

En esta historia, la narradora comparte la peripecia existencial de una mujer de poco más de treinta años de edad, que se acerca aceleradamente a la madurez. Su vida transcurre entre la rutina y la absoluta vacuidad.

Bajo el mismo techo vive su madre, una mujer solitaria que ejerce sobre ella una autoritaria y asfixiante influencia, que se aferra a su hija para restañar sus heridas del pasado.

Sin embargo, esa situación tiene nefastas consecuencias sobre la protagonista, condenada a una existencia tan gris como depresiva.

La autora describe los estigmas de una cruel amputación, que no es física sino emocional y efectiva.

Este recurrente conflicto entre madre e hija que comparten una existencia simbiótica hasta la exasperación, reproduce los rasgos más viscerales de un modelo de convivencia matriarcal.

La competencia de supremacías entre ambas mujeres es también obviamente una lucha por el poder y hasta por la supervivencia.

La pianista del título es realmente una frustrada en el ámbito profesional, que deviene en profesora de piano. Aunque asume el dominio de su madre como algo natural, ensaya habitualmente diversas reacciones y actitudes de rebeldía.

Toda cambia -obviamente- cuando la protagonista se enamora de un alumno, en un romance prohibido que rompe con las rígidas reglas de convivencia y un desafío a la castradora influencia de su madre. Comienza entonces una inesperada experiencia de emancipación personal, que se traduce en cambios radicales y en confrontaciones. En esta elogiada novela, la laureada escritora elabora un por momentos despiadado retrato del complejo universo de los afectos y los estragos provocados por la soledad, que suele transformarse en una suerte de marginación.

Jelinek ensaya una lectura particular de las conductas humanas desde una óptica bien femenina, en un mundo aún gobernado por los hombres.

(Ediciones de Mondadori)

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