Pompeya: año 79 D.C. Faltan 48 horas para la catástrofe
El reciente maremoto que provocó miles de muertos transformándose en una de las mayores catástrofes de la historia de la humanidad, nos convoca necesariamente a reflexionar en torno a la devastadora fuerza de los agentes naturales.
Cuando se inició la reconstrucción de las zonas asoladas, comenzaron a multiplicarse las especulaciones en torno a eventuales responsabilidades o imprevisiones.
Entre tesis e hipótesis de meteorólogos y especialistas, afloran ciertamente otras consideraciones totalmente ajenas a la ciencia, que discurren en torno a la propia peripecia humana.
Es claro que ni la revolución tecnológico que conoció su mayor auge en la segunda mitad del siglo pasado, es capaz de impedir estas situaciones dramáticas. En algunos aspectos, el Hombre está tan expuesto como en el pasado a estos fenómenos de trágicas consecuencias no sólo para las actuales sino también para las futuras generaciones.
En «Pompeya: año 79 D.C. Fatal 48 horas para la catástrofe», el exitoso escritor británico Robert Harris construye una removedora novela sobre la erupción volcánica que barrió literalmente del mapa de la portentosa ciudad de la antigüedad.
En esta investigación histórica novelada, el autor retrata minuciosamente el escenario previo a la catástrofe, en medio del paisaje de la Roma imperial, las lujosas residencias costeras de los aristócratas, el dispendio de lujo y frivolidad y la humillación de los esclavos.
El personaje central de la historia es un Marco Atilio Primo, ingeniero responsable del gran acueducto de Aqua Augusta, que abastece a numerosas ciudades próximas al Mar Mediterráneo.
Durante una prolongada sequía que está agotando todas las fuentes de agua, el protagonista desarrolla intensos trabajos de campo en busca de la veta que le permita normalizar la inquietante situación.
Media sigue el curso de la búsqueda del investigador, Harris construye la escena histórica y social de la época, retratando a una aristocracia de vida ociosa y disipada, que somete a sirvientes y esclavos a tratos inhumanos.
Como en tiempos contemporáneos, los ricos de la época se creían dueños del mundo, un mundo artificial que será implacablemente demolido por la furia de la naturaleza.
Mediante un lenguaje minucioso que cuida hasta los más mínimos detalles, Robert Harris reconstruye todo ese universo humano contradictorio, que parece vivir ajeno a la tragedia que se avecina.
Esa suerte de paraíso apócrifo quedó sepultado bajo la lava que lanzó el Vesubio, como si se tratara de un castigo bíblico. El autor construye un elocuente retrato de ese tiempo histórico de agudos y exasperantes contrastes, entre la riqueza, la crueldad y la más despiadada humillación.
El relato va pautando múltiples acontecimientos y conflictos que suceden en ese escenario de controversias, destinado a transformarse en un escenario de tragedia.
El novelista despliega todo su oficio narrativo, para ilustrar al lector en torno a los sucesos. Esos dos días registrados por la historia están poblados de múltiples sucesos, como si se tratara de un lapso bastante más prolongado en el tiempo.
El libro mixtura por lo menos tres géneros literarios: la novela, la investigación histórica y hasta el suspenso.
Sin embargo, la obra no se limita a una mera descripción. Es un intenso cuadro humano, en el que el drama cotidiano asume siempre un protagonismo singular.
Además de Atilio, el ingeniero a cargo de buscar el agua indispensable para nutrir las fuentes de aprovisionamiento, el otro personaje capital del relato es Plinio, comandante de la flota imperial fondeada en el Mediterráneo y respetado erudito.
El autor trabaja con las emociones de los personajes, humanizando incluso a los más perversos. La novela describe -asimismo- las grandezas y las miserias de una época de cruciales hitos y acontecimientos.
Los últimos capítulos, consagrados naturalmente a la descripción de la catástrofe, describen un cuadro removedor que impacta por su dramatismo.
(Ediciones de Grijalbo)
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