LIBROS

¡Todos a la calle!

En los últimos años, el escritor y cineasta Michael Moore adquirió celebridad por sus osados ataques a las políticas imperialistas del presidente George W. Bush y a algunas conductas de la sociedad norteamericana contemporánea.

En 1989, Moore dirigió «Roger y yo», película que narra su odisea personal para entrar en contacto con el presidente de la General Motors, al que requería explicaciones por las desastrosas consecuencias que la reestructuración de la empresa había acarreado a Flint, su pueblo natal.

El segundo y aclamado documental del autor fue «The big one». Sin embargo, el éxito comenzó a coronar su carrera cinematográfica con el estreno de «Bowling for Columbine», que es una despiadada condena de la cultura del miedo que se ha instalado en la sociedad de su país y se traduce en la proliferación de armas. Este filme fue galardonado con el Oscar al Mejor Documental, en la edición 2002.

Su última película, «Fahrenheit 9/11″, que es un frontal ataque a la Casa Blanca tras los atentados del 11 de setiembre de 2001, fue premiada con la Palma de Oro del Festival de Cine de Cannes.

La polémica personalidad de Moore se ha trasladado a la literatura, con títulos no menos controvertidos, como «Estúpidos hombres blancos» y «Qué han hecho con mi país».

En toda su producción, tanto cinematográfica como literaria, Michael Moore se ha transformado en un severo juez del poder. El escritor y realizador no se ha arredrado ni ante la censura impuesta a sus libros, logrando emerger airoso gracias al apoyo de los lectores y de una bien orquestada campaña mediática.

En este nuevo libro, que es una edición ampliada de la obra original publicada inicialmente en 1997, el escritor y realizador cinematográfico ensaya una furibunda crítica al extinto sueño americano, que comenzó a desplomarse estrepitosamente en la década del ochenta del siglo pasado, con el modelo neoliberal implantado por Ronald Reagan.

Con abundante documentación, el escritor construye un fuerte alegato contra la mentira y los paraísos artificiales de la propaganda oficialista de la Casa Blanca.

En tal sentido, descalifica los indicadores económicos presuntamente positivos difundidos por los economistas gubernamentales, que refieren al supuesto crecimiento del empleo, la renta de los trabajadores norteamericanos y los niveles de prosperidad.

Según Moore, en los Estados Unidos hay casi 20 millones de habitantes que no reúnen un ingreso mínimo para vivir con dignidad, lo que los condena inevitablemente a la pobreza y la marginación.

En tanto, apenas el 1% de la población concentra el 40% de la riqueza, lo que se traduce en un despiadado cuadro de desigualdad social impropio de una democracia que se precie de tal.

Aludiendo a «Roger y yo» -su primera y exitosa película- Moore relata, mediante numerosos testimonios, la historia de Flint, su pueblo natal, que fue virtualmente arrasado y condenado a la pobreza por la reestructuración de la General Motors, que proporcionaba la mayoría de las fuentes de trabajo.

El autor y cineasta critica ácidamente las graves consecuencias del experimento neoliberal en su país, que divino en altas tasas de desocupación y una auténtica ola de incertidumbre para miles de trabajadores despojados de su fuente de empleo y sustento.

Según Moore, el nuevo modelo es una suerte de «terrorismo», que mata esperanzas y tiene un efecto aún más devastador que las propias bombas.

Existe una sensación de miedo y paranoia colectiva en vastos sectores de la población norteamericana, lo que además se traduce en un aumento de la violencia.

Empeñado como es habitual en sacudir las estructuras del poder político y económico, Moore denuncia -con pruebas documentales- las cuantiosas donaciones a las campañas electorales de los partidos republicano y demócrata, procedentes de grupos de poder inescrupulosos.

En tal sentido, el ensayista construye una ácida radiografía sobre un sistema bipartidista agotado, en el que existe una suerte de mimetización de las dos fuerzas que han dominado la escena durante la historia política de los Estados Unidos.

Moore observa que esta situación ha devenido en una falta de interés de los electores que, en un país donde el sufragio no es obligatorio, han renunciado a su derecho a decidir.

Otro de los temas que el escritor pone bajo su implacable lupa refiere a la situación de los inmigrantes, particularmente los ilegales, que se han transformado en blanco de dramáticos brotes de xenofobia y discriminación. En tal sentido, Moore denuncia la explotación laboral a la que son sometidos, trabajando por salarios irrisorios.

Irónicamente, el escritor propone una minuciosa guía para ingresar ilegalmente al país, demostrando, de paso, la fragilidad de los controles fronterizos y la corrupción imperante en el sistema aduanero.

Abordando simultáneamente un vasto espectro de inquietudes, el autor denuncia la nefasta influencia de las corporaciones, que reciben beneficios, exoneraciones y asistencia crediticia del gobierno federal.

A su juicio, esos favores se pagan también con donaciones que reciben los partidos políticos para sus campañas electorales. En este capítulo, Michael Moore publica una nómina de personajes -con nombre y profesión- que han recibido y reciben las frecuentes dádivas del poder.

El escritor narra la historia del condado de Orange, de donde proceden recalcitrantes gobernantes y otras personalidades ultraderechistas que han detentado durante décadas el poder en los Estados Unidos.

Objetando severamente la política exterior norteamericana, Moore la emprende sin contemplaciones contra el desmesurado gasto en la industria armamentista y la asistencia a países con gobiernos nada democráticos.

Para corroborar que la solidaridad es generosa hacia afuera y virtualmente no existe hacia adentro, el autor narra brevemente la historia de numerosas ciudades norteamericanas cuyos habitantes viven bajo la línea de pobreza.

Ligando la desocupación con la delincuencia, el escritor denuncia que muere bastante más gente por suicidios y afecciones de origen psicológicos que por agresiones u otras modalidades de violencia callejera.

El cineasta no perdona ni siquiera a los sindicalistas de su país, a los que califica sin eufemismos como «estúpidos», porque suelen colaboran con los programas reduccionistas emprendidos por el empresariado y el gran capital.

Michael Moore no se detiene ni ante el poder del sector financiero, cuando denuncia a los bancos y a las empresas emisoras de tarjetas de crédito, que generan una cultura de consumismo desmesurado para atrapar y someter a sus clientes.

Uno de los temas que sin dudas convocan a la reflexión es el relativo a los establecimientos carcelarios. En tal sentido, Michael Moore no duda en criticar ácidamente la política privatizadora de los centros de reclusión, que -en muchos casos- están bajo la responsabilidad de empresas privadas.

Sobre este particular, Moore afirma que los presos se han transformado también en un jugoso negocio empresarial, en el que el Estado ha renunciado a una de sus obligaciones insoslayables.

Otro tema que amerita particular atención es el relativo al aborto y las conductas de influyentes personajes conservadores de la sociedad norteamericana. Irónicamente, el autor reclama el derecho a la vida para el espermatozoide, afirmando que es una primigenia forma de vida que merece también la mayor protección.

Retornando a la política exterior de su país, Moore la emprende sin cortapisas con la teoría del enemigo permanente y el manido «eje del mal», reiteradamente proclamada por George Bush.

En tal sentido, afirma que el descongelamiento de la guerra frÃ
­a ha provocado «desocupación» en numerosos servicios de seguridad y una descompresión de la dialéctica del miedo que resulta intolerable para el poder.

En tal sentido, denuncia la aún persistencia y contumaz política de agresión contra la soberanía de Cuba, que está directamente asociada a la actividad de los exiliados que residen en Miami, muchos de los cuales están vinculados al tráfico de drogas y armas.

Asimismo, Michael Moore denuncia ácidamente a lo que denomina como la «América coorporativa» (el poder entre bambalinas), la discriminación de los homosexuales y otras minorías segregadas y al pacto comercial Nafta, que promueve un inmoral tráfico de trabajadores mexicanos.

«Â¡Todos a la calle!» es un contundente alegato contra el engaño, que demuele implacablemente numerosos mitos contemporáneos del sistema capitalista y el dramático naufragio del sueño americano sepultado por el devastador modelo neoliberal *

(Ediciones B)

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