Obra reciente de Bill Viola en Madrid
La información por Internet es abundante, aún navegando poco, para no perder el tiempo que no se tiene. No son muchas las ciudades del mundo que pueden ofrecer un panorama artístico de la calidad que existe hoy en Madrid. Antes que la inminente inauguración de la mundana feria ARCO, la capital del reino de España registra exposiciones importantes. Algunas incitan a ir de inmediato al aeropuerto y tomar el primer avión: el museo Fundación Thyssen Bornemisza hospeda, hasta el 15 de mayo, a los integrantes del grupo El puente (1905), los expresionistas alemanes que convulsionaron a principios del siglo y abrieron la estética de la vanguardia histórica. Hay cerca de 200 obras de Heckel, Schmidt-Rottluff, Kirchner, Pechstein, Müller y Nolde que sólo en Alemania se pueden ver. Esta tendencia germana se extiende también por la Fundación Caja.
Por su parte, la Fundación Juan March celebra el medio siglo de existencia con el acervo del museo alemán Kunstmuseum Wolfsburg, con trabajos realizados entre 1968 y 2000 pertenecientes a Boltanski, Damien Hirst, Mario Merz, Bruce Nauman y Nam June Paik, entre otros, que permanecerá hasta el 10 de abril. El museo Centro de Arte Reina Sofía da cuenta del arte mexicano contemporáneo, con la presentación de la generación surgida en los noventa, con 70 obras de 40 artistas. Mientras, el Guggenheim de Bilbao, para competir con fuerza, presenta una retrospectiva de Yves Klein con sus célebres trabajos monocromos (el azul Klein), y las antropometrías realizadas con pinceles humanos (cuerpos de mujeres pintados), con obras pertenecientes a las principales pinacotecas del mundo.
Las pasiones de Bill Viola
Inaugurada en 1985, con sede en la elegante calle Serrano, la Fundación La Caixa madrileña es el principal atractivo. Hace pocos días presentó (y permanecerá hasta el 15 de mayo), el último opus de Bill Viola, Las pasiones. El célebre videasta de 54 años (varios vídeos fueron conocidos por primera vez en Uruguay en el Museo Nacional de Artes Visuales), personalidad emblemática del arte actual, profundiza en la representación de las emociones humanas y su proyección artística a través de los siglos luego de investigar durante varios años, con el rigor que lo caracteriza, a los artistas medievales y renacentistas para desentrañar cómo consiguieron captar el sentimiento y el drama en la pintura religiosa.
Si bien es cierta la devoción de Bill Viola por el arte de los museos, que cita con sutileza en la temática (escenas de nacimiento, vida, muerte, resurrección), y la composición tradicional (dípticos y trípticos), dentro de su audaz y magnética tecnología visual (la domina como nadie, hasta el punto de hacer desaparecer cualquier virtuosismo posible, sin perturbar su discurso expresivo), hasta ahora nunca había utilizado actores en su obra, aunque sí personas de su ámbito familiar o anónimas.
Estrenada en el museo J. Paul Getty de Los Angeles, 2001, pasó a la National Gallery de Londres, 2003), dos instituciones nada adictas a exhibir artistas contemporáneos, Las pasiones de Bill Viola se exhibe ahora en la madrileña Fundación La Caixa. En el indispensable catálogo-libro de más de 300 páginas y magníficas reproducciones en color, se detalla el proceso de creación y el análisis de los 20 vídeos, además de una conversación entre Bill Viola y Hans Belting.
Las pasiones, producida, como siempre, por su esposa Kira Perov, consiste en 20 videos de distintas duraciones (entre diez a veinte y dos minutos) proyectados en diferentes soportes (algunos en LCD, liquid crystal display), en una o tres pantallas y realizados entre 2000 y 2002.
Los actores y actrices, algunas provenientes de la danza, están vestidas con trajes intemporales, quizá de resonancia bíblica. Los críticos, Suzanne Muchnic, Christopher Knight (Los Angeles Times) y Geneviève Breerette (Le Monde), se extendieron en amplias críticas en sus respectivas publicaciones y coinciden en destacar el vídeo Emergence, inspirado en un fresco de Masolino (aunque también remite a El amor sagrado y el amor profano de Tiziano), proyectado en una sala oscura: dos mujeres sentadas y silenciosas, a cada lado de una tumba de mármol, cuya tranquilidad es interrumpida por la súbita irrupción de un joven desnudo, que surge de la tumba y se desploma en los brazos de las mujeres, y es depositado en el suelo. Una mezcla entre la resurrección de Cristo y la reconstitución del tableau vivant, de resultado insatisfactorio a pesar de la envolvencia visual, pero siempre y en todos los casos, como sucede en los trabajos de Bill Viola, esa riquísima pluralidad de sentidos que oscilan entre la alegría y la melancolía, integrados a la estructura sonora de sugestivos efectos. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad