El presente de la dictadura
Ese rescate del pasado supone siempre la afirmación de la perdurabilidad de un proyecto de convivencia común proyectado hacia el futuro, destinado a articular las grandes transformaciones requeridas por un colectivo que comparte principios y valores.
En «El presente de la dictadura: estudios y reflexiones a 30 años del golpe de Estado en Uruguay», dieciséis especialistas uruguayos elaboran otras tantas reflexiones acerca del origen desarrollo y ulteriores secuelas del régimen autoritario.
Este trabajo multidisciplinario, cuya compilación estuvo a cargo de Aldo Marchesi, Vania Markarián, Alvaro Rico y Jaime Yaffé, reúne las visiones de investigadores, historiadores, docentes, escritores, economistas y cientistas sociales.
La obra se agrupa en tres grandes bloques bien definidos, que delinean diversos abordajes de un fenómeno histórico que -sin dudas- marcó a las futuras generaciones: «Crisis de la democracia: acontecimientos y actores», «Autoritarismo: experiencias y memorias» y «Balances a treinta años del golpe: la dictadura hoy».
En el primer trabajo incluido en este volumen, Clara Aldrighi analiza minuciosamente varios documentos desclasificados del Departamento de Estado norteamericano, que revelan la desembozada injerencia de la Casa Blanca en los asuntos internos de nuestro país durante las décadas del sesenta y el setenta del siglo pasado y las diversas estrategias de combate a las fuerzas de izquierda, sindicatos obreros y estudiantiles y la guerrilla urbana.
Denuncia -con lenguaje explícito y contundente- la sistemática infiltración y las actividades de inteligencia, así como la coordinación represiva con el aparato militar y policial uruguayo. Asimismo, se alude al adiestramiento de personal uruguayo en el exterior, en tácticas de contrainsurgencia y métodos de tortura a los detenidos.
En ese contexto, se explica el papel de la embajada norteamericana en todo este proyecto de soterrada penetración imperialista, que se extendió a todo el cono sur.
Más que la guerrilla en sí misma, el enemigo interno que inquietaba a los norteamericanos era naturalmente el Frente Amplio, por lo que se intentó impedir su triunfo en las elecciones de 1976, instigando a la abolición de la institucionalidad y al advenimiento de la dictadura cívico militar.
Por su parte, Aníbal Corti ensaya una atenta relectura evocativa en torno a la violencia de las décadas del sesenta y el setenta en su relación causa-efecto. En tal sentido, el autor analiza las tácticas de hostigamiento de la guerrilla a las fuerzas represivas, para provocar la reacción y generar una resistencia de masas, como condición sine qua non para la acción revolucionaria.
El aporte no soslaya, naturalmente, las herramientas jurídicas represivas aplicadas por los gobiernos de la época, como la declaración del estado de guerra interno y la suspensión de las garantías individuales, tras la sangrienta jornada del 14 de abril de 1972.
Bajo la pluma de Carlos Demasi, el lector comprende cabalmente la denominada «teoría de los dos demonios» que surge durante la dictadura, pese a que los propios militares reconocieron el fin de la lucha antisubversiva un año antes del Golpe de Estado.
El autor reexamina la doctrina demonizadora, discurso que es también asumido por parte de la derecha en la posdictadura, asociando al golpe de Estado con un efecto de reacción contra la lucha armada, en lo que es naturalmente un razonamiento deliberadamente miope y simplista de la realidad.
Por su parte, Magdalena Broquetas e Isabel Wschebor proponen una relectura crítica de los comunicados 4 y 7 de febrero de 1973, cuando se registró el acto de insubordinación del Ejército y la Fuerza Aérea contra el aún presidente constitucional Juan María Bordaberry.
Las investigadoras evocan las reacciones de apoyo al contenido de ambos documentos, que partieron tanto desde la derecha como desde la izquierda. Luego del golpe de Estado, muchos comprendieron que el entusiasmo meramente impulsivo fue un flagrante error estratégico.
El trabajo alude al libro «Febrero amargo», del por entonces senador Amílcar Vasconcellos, que advertía sobre la escalada militar y la tentación autoritaria.
Luego, Gonzalo Varela Petito concentra sus baterías en el análisis de las causas y consecuencias del fenómeno dictatorial, desde la perspectiva de las ciencias sociales. En ese contexto, evalúa la caída del modelo agroexportador que extendió el certificado de defunción de la denominada Suiza de América a mediados de la década del cincuenta del siglo pasado, el aumento de la inflación y la desocupación, la agitación social, el empobrecimiento, el endeudamiento externo y las contradicciones de clase, todos factores determinantes de la futura crisis institucional.
También se analiza la falta de respuesta del sistema político a las demandas colectivas, la fundación del «partido del orden», la delegación de poderes del parlamento a un Poder Ejecutivo crecientemente autoritario, el oportunismo político, la influencia del movimiento sindical, la militancia de la izquierda, la actividad de la guerrilla, la irrupción de los militares en el escenario político y las presidencias fuertes, encabezadas por Jorge Pacheco Areco y Juan María Bordaberry.
En tanto, Silvia Dutrénit aborda el tema del exilio desde diversos ángulos, construyendo su discurso en torno al asilo político y diplomático en la región, durante las dictaduras de Uruguay, Chile y Argentina.
En ese contexto, la autora desnuda el drama de los exiliados y el trasiego regional, los riesgos de la inseguridad en países vecinos presuntamente democráticos y el asilo en las embajadas, en algunos casos en calidad de huéspedes.
Cristina Porta ensaya un profundo escrutinio acerca de los hijos de exiliados-desexiliados, en lo que atañe a sus problemas de identidad, sentido de pertenencia, la cuestión de los miedos y los estigmas.
A través de once elocuentes testimonios, la autora explora el traumático periplo que han recorrido los jóvenes en la reconstrucción de la memoria familiar y el imaginario de país, para quienes nacieron en el exterior.
La autora no soslaya todo lo relativo a la inserción o reinserción de esos hijos en una sociedad que a menudo aparece como un espacio geográfico y social que les es ajeno, en el decurso del largo parto de readaptación.
Desde otro ángulo, Alfredo Alzugarat observa las secuelas del fenómeno autoritario desde la perspectiva de la literatura, recordando el auge de la producción testimonial que siguió a la recuperación democrática.
Sin embargo, explica que luego del cimbronazo provocado por la ratificación plebiscitaria de la Ley de Caducidad en 1989, esa tendencia perdió parte de su fermentalidad.
De todos modos, en los primeros tramos de la década del noventa, se reinstaló el fenómeno editorial, con libros testimoniales y obras biográficas, muchas de las cuales recreaban a ex combatientes guerrilleros, lo que contribuyó a permear a una sociedad aún enferma de temor al fantasma autoritario.
En su aporte, Diego Sempol refiere a los mártires estudiantiles, analizando el traumático proceso que se inició en agosto de 1968 con el asesinato de Líber Arce. En tal sentido, el analista refiere a la construcción de un imaginario de rasgos cuasi míticos, que se ha perpetuado a través del tiempo.
La obra concluye con valiosos aportes de Jaime Yaffé, que analiza las memorias y olvidos en la posdictadura en un mundo mutable, Luis Bértola, que se ocupa del modelo económico aplicado por el gobierno autoritario y José Rilla, que examina la transición y la restauración en la democracia recuperada.
Finalmente, el trabajo de Hugo Ach
ugar se centra básicamente en los cambios experimentados por la sociedad uruguaya, Yamandú Acosta comenta en torno a los orígenes y causas de las dictaduras de la región y Alvaro Rico aborda los efectos residuales treinta años después, con una democracia fuertemente estigmatizada por la tragedia del pasado y el temor a crear las mismas condiciones que devinieron en la ruptura institucional.
«El presente de la dictadura» es un minucioso trabajo de investigación y reflexión colectiva, que corrobora la necesidad de combatir la indiferencia y el olvido y realimentar permanentemente el debate en torno a nuestro pasado reciente.
El abordaje multidisciplinario de los participantes en la obra, permite el acceso a diferentes visiones algunas de ellas atípicas y poco convencionales sobre un fenómeno histórico que, en muchos aspectos, aún no ha sido debidamente laudado.
(Ediciones de Trilce)
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