LOS PELIGROS DE LA GLOBALIZACION Y LA HOMOGENEIZACION LINGÜISTICA

Homo videns contra Homo sapiens

De entre los variados aspectos referidos a la lengua española que se abordaron en aquella reunión, uno recibió especial atención por parte de los congresistas: el de su empobrecimiento a partir del llamado «imperio de la imagen» y de formas comunicativas tales como el chat y los mensajes que, sobre todo los jóvenes, intercambian a través de sus teléfonos celulares.

Como es conocido, el lenguaje es un bien que nos acompaña desde la cuna. Con sólo estar expuestos a él, al escuchar las conversaciones entre sus familiares y las palabras que le dirigen, el bebé aprende –en dependencia del medio en que crezca y del estímulo que reciba– no solamente un vocabulario más o menos amplio, sino también aquellas construcciones que, apenas su aparato fonatorio esté en condiciones, le permitirán expresarse verbalmente. Luego, en la escuela aprenderá a leer y a escribir, y esto, sumado al diálogo con otros seres humanos, le permitirá recrear sus capacidades lingüísticas, tanto en lo que tiene que ver con expresar ideas a través de mensajes codificados en cierta lengua, como en lo referido a comprender estos últimos. De otro lado, es sabido también, que el lenguaje es el encargado de articular el pensamiento; de lo cual no es difícil deducir que: cuanto más se enriquezcan las competencias lingüísticas de un individuo, mayor ha de ser su capacidad de comprender, explicarse y explicar el mundo en que vive; de hacerse más crítico.

Ahora bien, de todos es conocido que en el mundo globalizado en que vivimos, niños y jóvenes pasan horas enteras frente a las pantallas del televisor o al monitor de su computadora, recibiendo un cúmulo infinito de imágenes que no siempre pueden «digerir».

Por un lado, por la velocidad con que unas sustituyen a las otras; y por otro, por el hecho de que no siempre cuentan con un desarrollo mental (asociado indisolublemente al lingüístico) que les permita asimilar críticamente semejante «bombardeo».

Así, la industria del entretenimiento, estaría colaborando a empobrecer la capacidad crítica de los habitantes de este mundo, y sobre todo de los jóvenes –los dueños del futuro– de una manera para nada inocente. Según el escritor José Saramago, desde las cadenas mundializadas, en connivencia con los poderes de los países del primer mundo, se impone al planeta entero una forma unívoca de ver e interpretar: «La mentira se ha convertido en un instrumento de alta precisión política», afirmó el intelectual en la conferencia que dictó en el teatro Broadway de Rosario. De esta forma significaba el Premio Nobel su preocupación por la pérdida de la capacidad de ser críticos de millones de seres humanos obligados a vivir en un mundo donde sólo se escucha una voz; lo que iría en detrimento de la democracia como forma de convivencia esencialmente basada en el diálogo y el intercambio de ideas.

Sin lenguaje desarrollado no hay democracia

Coincidentes con las reflexiones del novelista portugués son las vertidas por el filósofo italiano Gionvanni Sartori en una conferencia dictada no hace mucho en Turín. Para él, la democracia directa, entendida como el poder del pueblo, no tendría sentido en tanto que no aumente «el saber del pueblo» (encarnado éste en la palabra). Y la imposición de un mundo como el propuesto por los fabricantes de imágenes acarrearía consecuencias impensables: «Estamos viviendo un cambio de la genética humana radical: estamos pasando del homo sapiens al homo videns en el cual la palabra es destronada por la imagen. Sí, destronada. Es verdad que las palabras denotativas, las palabras concretas (casa, mesa, fideos) evocan también imágenes, pero todo nuestro saber se funda en palabras abstractas que evocan conceptos, cosas concebidas (concipere) que no tienen ningún equivalente visible, que no son traducibles a imágenes», explicó. Sin un lenguaje desarrollado, no hay abstracción, ni posibilidad de pensar críticamente, y sin ésta no hay democracia posible.

Como gráficamente dijo, en una de las actividades paralelas del Congreso, el escritor chaqueño Mempo Giardinelli: «Un pueblo que no habla bien su lengua lee poco, si lee poco no accede al conocimiento, y si no accede al conocimiento está condenado a embrutecerse y a votar a sus verdugos».

Volviendo a lo que decíamos al comienzo de este artículo, la amenaza para la capacidad lingüística de los seres humanos (con sus consecuencias políticas, económicas y sociales), no proviene sólo del mundo de la imagen. Durante el Congreso, se mencionó en más de una ocasión el empobrecimiento de la capacidad de expresar e inteligir que han traído consigo medios tales como el chat y los mensajes escritos por teléfonos celulares.

En éstos, según los congresistas, se usa no sólo un vocabulario extremadamente reducido (unos cuantos cientos de palabras, cuando la lengua cuenta con decenas de miles de ellas), abreviaturas y signos que sustituyen expresiones enteras; sino también construcciones simples, sin aquella complejidad que es la que enriquece a una lengua para hacerla capaz de expresar aun lo inexpresable (qué otra tarea si no llevan a cabo los poetas).

La enseñanza del idioma y los jóvenes

Como queda dicho, la preocupación mayor estuvo centrada en los jóvenes. Coincidentemente, el panel dedicado a «La enseñanza del español en el mundo. Hacia una acción coordinada», estuvo signado por la contracara de los problemas antes mencionados. A esta sesión del congreso concurrió una nutrida cantidad de docentes de idioma español, y en ella se puso de manifiesto la preocupación generalizada existente entre ellos por el hecho de que, en la mayoría de los casos, tuviesen que enseñarles a sus chicos (y no tanto, puesto que también había allí profesores universitarios y de formación docente) el español casi como una lengua extranjera. En tal sentido, la doctora Magdalena Viramonte de Avalos, de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina, resumió la inquietud general y esbozó una posible solución: «Sabemos que socialmente estamos ante un problema flagrante, que nos tiene que preocupar y mucho, que es la poca aptitud lingüística en lectura y escritura de nuestros chicos. Por eso mismo existe esta inmensa preocupación por recrear la funcionalización del desarrollo de las competencias en lectura y escritura. Porque, se aprende Historia encarnada en lengua, se aprende Geografía encarnada en lengua, se aprende Matemática encarnada en lengua. Entonces, hay que aprender el discurso de la Historia, el discurso de la Geografía, el discurso de la Matemática. Si no aprendés ese discurso, no aprendés Historia, no aprendés Geografía, no aprendés Matemática. De este modo, cada profesor, además de su materia, ha de enseñar a sus chicos a manejar la lengua, y manejarla él mismo con propiedad». Desafíos complejos que habrán de enfrentar no sólo quienes enseñan, sino también todos los hablantes del español. Y que tal vez tuviesen una respuesta positiva si tuviésemos en cuenta las palabras que Saramago dirigió, en una premiación literaria efectuada como actividad colateral del Congreso, a chicos de toda Argentina. Mientras les entregaba su merecido galardón, interrogó don José: «¿Saben cuál es la diferencia entre leer algo en la pantalla de una computadora y en un libro?», para responderse acto seguido: «Que sobre la página de un libro se puede llorar y sobre el disco duro de una computadora no». *

(*) Escritor y docente uruguayo

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