Telmo Batalla y otras prosas viejas

José María Obaldía ha escrito numeras obras, en las cuales procura rescatar personajes, dichos y hechos que integran el rico acervo cultural de nuestro pueblo y que la narración oral ha logrado mantener asombrosamente vivos a través de las generaciones. Obaldía, maestro, lexicógrafo y autor de diversas canciones folclóricas grabadas por distintos artistas populares como por ejemplo Los Olimareños, ha dedicado gran parte de su vida a recoger anécdotas, usos y costumbres del hombre de campo, rescatando muchas veces aquellas historias transmitidas oralmente, a las que otorgó su definitiva inmortalidad a través de la literatura.

Como en “El matrero y otros cuentos en prosa”, el autor presenta un puñado de narraciones protagonizadas por personajes absolutamente comunes, de existencia gris y poco notable en muchos casos, pero que retratan fielmente una forma de ser, pensar y sentir propia y tradicional de los uruguayos de tierra adentro.

El autor reconstruye algunos de esos paisajes humanos tan entrañables a nuestra identidad, con el propósito de aleccionar al hombre “de ciudad” sobre la vida en el medio rural. Asimismo, apunta a recuperar todo ese bagaje de conocimientos y vivencias, para que no se pierdan definitivamente en el olvido.

Múltiples oficios o modos de vida relatados en este libro, en muchos casos se están extinguiendo rápidamente, debido a la introducción de nuevas tecnologías y de hábitos de vida más “civilizados”.

La obra también ensaya una minuciosa relectura en torno a algunos aspectos siempre controvertidos de nuestra identidad, que contribuyen a esclarecer el motivo de la perpetuación en el tiempo de ciertos modelos ideológicos, que felizmente parecen comenzar a desmoronarse.

“Telmo Batalla y otras prosas viejas” rescata, además, el milenario arte de contar historias, de relatar ya sea en forma oral o escrita sucesos que quizá no sean relevantes a gran escala, pero que de algún modo son atesorados a través de generaciones e incorporados a la memoria popular.

De todos los personajes que Obaldía nos muestra con minucioso trazo a través de su cuidada y disfrutable prosa, el más relevante es tal vez el que le da título a la obra.

Telmo Batalla, poeta y narrador oral, es el vehículo que le permite a todo un pueblo rescatar sus pequeñas historias, para insertarlas definitivamente en las galerías de la inmortalidad.

Al igual que el mítico Homero, con el cual se lo compara en variadas oportunidades, Telmo Batalla era ciego, pero poseía la capacidad de interpretar las vivencias de la gente y convertirlas en poesía, en décimas destinadas a ser cantadas e incorporadas al imaginario colectivo.

Batalla vivía de su arte y cobraba una módica suma por componer a pedido, basándose siempre en los relatos que le acercaban los pobladores de la zona, que solían versar sobre episodios dramáticos o épicos ocurridos en el lugar.

La principal cualidad de este personaje, según consigna el autor, era interpretar como ningún otro de su tiempo, el sentir popular, logrando obras que destacaban, tanto por su cuidada elaboración como por su honda raigambre popular.

Gracias a sus eminentes dotes de escritor y narrador oral, muchos de aquellos acontecimientos cotidianos pero relevantes para los habitantes de la zona, fueron definitivamente inmortalizados y registrados en la historia, una historia escrita por y para el pueblo.

Con su particular mixtura de humor y solemnidad, el escritor y maestro José María Obaldía retrata además un puñado de personajes pertenecientes a una época que se va desvaneciendo definitivamente, pero de la cual la conciencia popular conserva innumerables referentes culturales e ideológicos.

Por tal motivo, resulta pertinente acercarse a la prosa de Obaldía, para comprender los a menudo desconocidos códigos de convivencia de miles de uruguayos, lo que se torna particularmente indispensable para recuperar o reconocer la matriz de nuestra idiosincrasia.

(Ediciones de la Banda Oriental)

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