Nuevo hijo para la trilogía Cursi
Nada estaba previsto en los aconteceres que ellos mismos pretendían para su futuro musical, ya que hoy los Cursi (Fabián Krut: voz y guitarra, Diego Drexler: voz y bajo, Diego Bartaburu: batería), demuestran ser uno de los despliegues musicales de cuño histriónico que mejor se representa en la comarca montevideana.
No es difícil darse cuenta de los enormes avances que ha logrado la banda de uno de los hermanitos menores de Jorge Drexler, ya que nos encontramos con un primer disco grabado en un estudio rural llamado Cerro de las Espinas y hoy están de estreno con su nuevo Corazón de hotel mezclado y masterizado en Buenos Aires.
El disco es una suerte de popurrí musical junto con un formidable arte compositivo, a la mejor onda retro que caracteriza y hasta fanatiza a los seguidores de la trilogía Cursi.
Siguen incursionando en la clásica formación roquera de guitarra, bajo y batería, pero la discursiva, métrica y narrativa temática en cada uno de los temas es realmente exquisita y disfrutable.
No tienen pelos en la lengua para decirle a una mujer desde «Soy un humilde servidor/ es lo que tengo yo. Tengo para dar esta canción/ y no te pido nada más que estar contigo./ De este humilde servidor/ ten compasión» de «Un servidor» (que hasta se nos podría piantar un lagrimón por la tonada tanguera y quebradiza) hasta «I love to kiss you/ I love to touch you/ I love to verte bailar» en «Ciberamor».
Formas distintas de expresar el mismo sentimiento, estrofas inteligibles en su textura, todo para representar de mejor forma la misma gráfica ascendente de la adrenalina e ingredientes afrodisíacos que aumentan cada vez que se inicia la época primaveral, o cada vez que se encuentran por razones inexplicables sentimientos en clave de ebullición.
El arte de este maravilloso disco a cargo de Ernesto García y Alejandro Balboa es sin lugar a dudas (estética y estilísticamente hablando) uno de los mejores logrados en lo que va del año. En suerte de «telo» o como mejor quieran titularlo, hotel de alta rotatividad, es como está decorada la tapa y el interior del disco. Colores en tonada carmesí, rosa y celeste son pilares en su composición así como elementos característicos de una velada fatal: bombones, rosas, labiales delineando fieles corazones en un espejo y luminosos carteles que conforman lo que es la tapa del disco.
La gama musical sigue siendo la misma, pero con un sonido superior a los anteriores, vale notar la enorme diferencia. Las preferencias siguen siendo las mismas: rock, algo de funk, algún ska en «Hoy, hoy, hoy», pop y hasta una sorpresa en suerte de recreo discográfico ya que «Iporá» es un hermoso bossa nova narrando de forma sencilla un día en la calurosa ciudad de Asunción. Vale la pena, ya que a veces se necesita este tipo de descansos a la hora de desayunarse un disco recién salido a la calle.
También, nótese la diferencia no sólo musical sino en el crecimiento artístico ya que el productor del disco ha sido Roman Varas quien ha apadrinado artistas como Kevin Johansen o los desenfadados Babasónicos.
Finalmente, se podrá confirmar y evaluar que este nuevo disco de los Cursi tiene connotaciones multifacéticas mediante la incorporación de lujos decorativos en su composición creativa y artística, notable calidad musical, y para no quedarse sin pretensiones ni antojos, el disco incluye el video clip del tema «Te besé» dirigido por Gabriel Bossio (recordemos que la banda se destaca en las producciones fílmicas ya que su primer video La Tromba del disco Cursi fue realizado por Fernando Epstein, productor y montajista de la notable 25 Watts y la enorme y laureada Whisky).
Es un disco imperdible, que no cae en la vieja fórmula del «recorte y pegue» de producciones anteriores, sino que denota una maduración, el afianzamiento de un equipo, de una de las bandas locales que ha marcado un estilo de fusión musical de alto calibre y nadie mejor que ellos, para subrayar esta idea:
«Creemos que en este disco la gran apuesta es tratar de seguir buscando nuevos caminos, seguir abriendo puertas y tratar de no caer en la repetición de nosotros mismos». *
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