URUGUAYOS EN EL EXTERIOR (II)

Julio Bauzá, un artista polifacético

Esta galería está ubicada en un pequeño enclave al costado de la ruta que enlaza dos importantes destinos turísticos. Allí, como ya es tradicional, existen varios talleres y hornos de ceramistas sudamericanos, afincados desde hace tiempo y que son punto de referencia obligada de los turistas que se detienen para adquirir curiosas piezas autóctonas, observar el trabajo de los maestros artesanos y respirar la quietud y el remanso de la generosa naturaleza isleña en comunión con el barro y la arcilla.

En junio de este año el taller de cerámica de Bauzá se convirtió en sala de exposiciones colectivas e individuales.

Con una iluminación adecuada han ido desfilando pintes ibicencos, alemanes, norteamericanos, etcétera.

La carencia de sitios para exhibir sus obras hizo que muchos de ellos hayan tenido que exponer en bares; por lo tanto la iniciativa de Bauzá ha venido a corregir un error de grueso calibre.

La entrevista para LA REPUBLICA discurrió por diferentes perfiles de su vasta obra, en un historial que arranca en Barcelona (1980). Su pasión es la escultura y desde hace tres años se dedica a la pintura. En paralelo a los trabajos de cerámica de esmalte con decorados engobe –una técnica uruguaya que utilizó el maestro catalán Colliel en el taller de Torres García–, trabajó el collage. «La única salida es pasar al arte, dice Bauzá, dar un salto desde la cerámica que es sólo volumen, para pasar de las tres dimensiones del cuadro, del plano. Romper la ortogonalidad cuesta mucho desde la perspectiva de la arquitectura pero también me permitió entrar en las corrientes constructivas y en la neoplástica, donde manda la ortogonalidad. Los collages son ensamblajes de madera y papel, metiendo objetos reciclados encontrados en la playa, como madres, corchos de redes y latas oxidadas. a los cuales le ha pincelado tonalidades acrílicas. El leimvmotif en esta disciplina de Bauzá son incrustaciones de clavos de acero de diferentes tamaños y los trabaja en forma libre. Los antecedentes habría que buscarlos en la corriente dadaísta con los cuales se siente muy identificado.

«Joaquín Torres García y el alemán Kurt Schwiers, fundadores del dadaísmo, son las dos fuentes que convergen en la obra pictórica de Bauzá y en la escultura, el español Julio González, residente en París». Mi obra actual es un neodadaísmo y un punto de partida básico en el dadaísmo lo constituye Tapies. Los elementos de desechos que utilizo de la calle, de la playa, del mar, no tienen ningún valor estético en sí (principio del dadaísmo); lo tienen en su conjunto.

El dadaísmo se inició en Alemania.

Sumados a todos los méritos artísticos en la trayectoria de Julio Bauzá hay que resaltar un proyecto compartido con Antonio Hormigo y Ojeda en 1990. Se trata del famoso «Huevo de Colón», que fue construido en ladrillo y enduido blanco, mide seis metros y aloja en su centro ahuecado, una carabela de hierro de setecientos quilogramos y está situado en un lugar turístico por excelencia.

Revoloteando sobre una serie de tres grabados de homenaje a Frasconi, una cabeza de yeso y tiza de Enrique Fernández, plumas sobre papel de Adolfo Nigro y del desaparecido Ernesto Drangosch, colgadas en su hermosa casa de campo, nos despedimos de Julio Bauzá, un uruguayo que ha triunfado lejos de su país natal. *

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