EXORCISTA, EL COMIENZO: LUCIFER EN AFRICA

Posesiones satánicas y otros horrores

En El exorcista original alguien mencionaba que dicho sacerdote ya había tenido un enfrentamiento con los demonios en el pasado. Ese pasado, precisamente, es el que retoma el director Renny Harlin para recrear este primer encuentro con el demonio en pleno continente africano. Hasta allí va el legendario Merrin, que ha abandonado los hábitos por un quebranto de su fe, con el propósito de investigar el insólito descubrimiento de una iglesia bizantina en Kenya que, en definitiva, podría ser el insospechado escondite de Satanás en la tierra.

Con estos elementos en juego, los acontecimientos terroríficos comienzan a desparramarse por la pantalla según todos los convencionalismos del género (y alguna que otra truculencia adicional) como para que los espectadores salten en la butaca en forma intermitente. El tema es que, más allá de estos exabruptos, la dirección de Harlin no logra otorgar mayor estatura a este reciclaje que amontona sustos de golpe y porrazo en medio de algunas imágenes repugnantes mezcladas con sadismo y locura. Si descontamos el interesante aporte de Vittotio Storaro en la dirección de fotografía, el correcto desempeño del actor Stellan Skarsgard como Lancaster Merrin (no olvidemos que el referente era Max Von Sydow) y la cuidada reconstrucción que se hace en las primeras secuencias que nos ubican en El Cairo durante 1949 (o la misteriosa iglesia enterrada en la arena con su sobrecogedor porte), no hay otros elementos sustantivos que logren superar el rótulo de Clase «B» en la propuesta general de un producto destinado al olvido. En algún momento, la idea del mal como entidad o abstracción podría haber logrado cierto asidero para una mirada reflexiva sobre la condición humana (los soldados británicos, en este caso, enfrentados a las tribus locales como ilustración de la intolerancia y la violencia innata del ser humano) pero todo se diluye en medio de posesiones satánicas, tormentas de arena y cadáveres mutilados al por mayor.

En realidad Harlin tendría que haber aprendido de aquella historia original y simple (una niña de doce años poseída por el demonio) que reconcentraba todo su vigor narrativo en el escueto espacio de una habitación, con la enorme carga sugerente que William Friedkin supo imprimirle hace más de treinta años. Aquí, en realidad, estamos en presencia de una mala copia (que intercala algunas secuencias digitalizadas que desmerecen el conjunto) cuya narración hace agua por los cuatro costados y termina decepcionando tanto a los incondicionales del género como al público en general. En fin. *

El exorcista: el comienzo. (Estados Unidos, 2004). Dirigida por Renny Harlin. Producida por James G. Robinson, Guy Mc Elwaine y David Robinson. Guión: William Wisher y Caleb Carr. Fotografía: Vittorio Storaro. Música: Trevor Rabin. Con Stellan Skarsgard James D´Arcy e Isabella Scorupco.

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