El museo de Amsterdam en San Pablo
La Pinacoteca del Estado de la capital paulistana hospedó durante cuatro meses 75 obras de excepcional calidad del Stedelijk Museum de Amsterdam, uno de los mejores del mundo y pionero en arte contemporáneo.
El Museo Stedelijk de Amsterdam, Holanda, fue inaugurado el mismo año que la bienal de Venecia, 1895. De la modesta colección, no muy interesante, pasó a convertirse en uno de los museos orientados exclusivamente al arte contemporáneo. Con una formidable donación que recibió de obras de Van Gogh, uno de los principales atractivos para el público, el museo se enriqueció a partir de 1945 con la dirección de Willem Sandberg, un hombre que se adelantó a otros colegas en el terreno de la museografía innovadora, incluso estadounidense, en la adquisición de artistas actuales o clásicos de las vanguardias históricas. En 1958 adquirió nada menos que 29 pinturas de Malevich y de los neoplasticistas, luego ampliado el espectro con los directores Edy de Wilde y Rudi Fuchs, con la incorporación de todos los artistas y corrientes más avanzados. Una sala de video se instaló en 1980, donde figuran las personalidades, desde Nam June Paik a Bill Viola.
La selección de 75 obras provenientes del Stedelijk en la Pinacoteca del Estado, fue uno de los grandes acontecimientos de la ciudad de San Pablo. La impecable selección echó una mirada al arte del siglo XX a partir de los expresionistas alemanes (Schmidt- Rottluff, Kirchner) de la primera década, seguir por la abstracción (Mondrian, Kandinsky, Picasso, entre otros), hasta 1930 y luego incorporar los nuevos abstractos (Robert Ryman, Carl André, Donald Judd, Frank Stella, Sol Lewitt), detenerse en el expresionismo abstracto estadounidense (Pollock, De Kooning, Barnett Newman, Mark Rotko), ejemplificar el Grupo Cobra ( Appel, Constant, Jorn), recoger el informalismo (Saura, Tapies, Reiner, Baselitz, Dubuffet, Fontana), el pop (Warhol, Rosenquist, Oldenburg, Haring,), el conceptualismo y el arte povera (Duchamp, Kounellis, Mario Merz, Tony Cragg, Gilbert & George, Nam June Paik), las tendencias surgidas en la posmodernidad (Marlene Dumas, una pintora que como Luc Tuyman tienen una extraña sobrevaloración, Förg, Jeff Koons, David Salle) el video y la fotografía ( Douglas Gordon, Andreas Gursky, Cindy Sherman, Aernout Mik, gran triunfador en la bienal, Rineke Dijkstra, Robert Longo).
Un panorama sintético que permitió una ojeada al arte del siglo pasado, de sus principales representantes y tendencias. Por momentos, se redescubre a artistas clásicos. Es el caso de Piet Mondrian. Con dos obras, una de 1913 y otra de 1920, Mondrian significó una revelación a dos puntas. Por un lado, en su descubrimiento del cubismo en París, establece, con enorme visibilidad, los antecedentes de Torres García: el color ocre dominante, la pincelada que cubre parte de los trazados lineales, la vibración tonal. En la soberbia Composición con amarillo, negro, azul y gris, de 1920, despliega una sensibilidad dinámica, en la movilidad tranquila de la pincelada que cubre cada rectángulo de la composición ortogonal y ese enrejado de trazos negros que se aleja del espectador mientras los colores puros avanzan hacia él, conforma una estructura arquitectónica refinadísima, nada cerebral, por cierto, esa que no supo comprender Torres García. Por esa única obra, la colección del Stedelijk merecía una visita. También figuraron los clásicos (El libro de artista, 1959, de Duchamp, TV-Buda de Nam June Paik, un óleo de 1945 de Pollock). La única objeción es la inclusión de artistas brasileños que, si en varios casos (Geraldo de Barros, Oiticica, Shiró, Flávio de Cravalho, Lygia Clark), están justificados, en otros parece un error demasiado grosero y difícil de admitir. N. D. M. (Quinta de una serie de notas de un viaje a San Pablo). *
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