HOY A LAS 19.00 HORAS EN EL ESTADIO CENTENARIO SE PRESENTA UNA SELECCION DEL CANTO POPULAR URUGUAYO

Canción con todos

Se trata entonces de un festival de características muy particulares, cuyos antecedentes se deben buscar en los que –a modo de resistencia– se realizaron en los años finales de la dictadura que asoló a nuestra patria. Al decir de Ernest Fisher, el concepto de costumbres populares (folclore) y el arte popular fue creado y desarrollado por el romanticismo y se constituye en uno de los elementos más importantes. El romanticismo descubrió las canciones y proclamó el evangelio del pueblo. Canciones poseedoras del «alma popular» colectivamente creadora. El arte popular se contrastó con todas las demás clases de artes como fenómeno natural opuesto a los fenómenos «artificiales». En síntesis, el arte popular expresa algo compartido por muchos y, en ese sentido, refleja las ideas de la comunidad.

El canto popular uruguayo, que se emparienta con la nueva trova cubana, con la nueva canción chilena, con la MPB (Música Popular Brasileña), o la nova canco catalana, por citar algunos ejemplos muy cercanos para los uruguayos, tomó esta denominación a partir de un disco homónimo del Sabalero, José Carbajal (1969-sello Orfeo), y a partir de ese momento identificó a toda una corriente ecléctica, que se nutrió de diversas fuentes y modos y que se caracteriza por introducir al hombre en el paisaje, en su entorno, ya sea éste rural o urbano, con sus necesidades y esperanzas, con sus reivindicaciones y luchas. Es así que la canción popular devino «canción de texto», o como muy bien lo definió el maestro Atahualpa Yupanqui, «canciones con fundamento». Antes de la fermental década de los años sesenta –salvo raras excepciones– la canción era apenas un vehículo destinado al entretenimiento, o –en el mejor de los casos– un vehículo de los sentimientos. Fue en esos años en que retomando la tradición del primer poeta y trovador oriental, Bartolomé Hidalgo, varios autores, poetas y cantores, casi todos ellos provenientes del Interior de nuestro país, modificaron el lenguaje de la canción. Artistas que luego fueron censurados, encarcelados y que debieron partir hacia el exilio, perseguidos por los motineros que tomaron por asalto el poder destruyendo minuciosamente, una tras otra, a las instituciones democráticas y republicanas. Con los fundadores en el exterior, igualmente sucesivas nuevas generaciones de artistas continuaron la senda trazada por ellos, enriqueciendo aún más la canción con un lenguaje metafórico y altamente poético. El canto popular uruguayo o la canción popular, a secas, fue, junto a Cinemateca Uruguaya y gran parte del teatro nacional, el gran bastión en el que se nucleó la resistencia a la dictadura. La necesidad de identidad, de «ser uruguayo», de sentirse identificado con las raíces propias en contraposición a «la nadería» y vacuidad alienante de otro tipo de «arte» impulsado por los dictadores, fue determinante para que la nueva canción siguiera viva y creciendo en el sentir popular. Los usurpadores del poder pudieron con todo, o con casi todo. No pudieron con la canción. Intentaron crear sus «artistas» propios, pero fracasaron. Uno y otro intento (recordemos a Los Nocheros y a algún conjunto tropicalero), se les esfumaron como cenizas al viento. Uruguay posee un hermoso récord: los dictadores nunca pudieron mostrar a un artista, a un intelectual como algo propio. A diferencia de otras dictaduras en otros países, la intelectualidad vernácula se opuso unánimemente al llamado «proceso». Esto es algo de lo que debemos enorgullecernos. La tradición democrática y libertaria de nuestro pueblo estuvo resguardada a buen recaudo. En casi todas las casas, en cada hogar, en los rascacielos y en los ranchos, en las ciudades y en el campo se mantuvo protegida y encendida la llama de la libertad. Esa llamita algunas veces vacilante, otras veces apenas un rescoldo, fue cuidada y alimentada por miles, cientos de miles de personas anónimas.

Esa llama fue mantenida con vigor en gran parte por el canto popular uruguayo, esa forma de canción que continúa molestando a los poderosos y a sus alcahuetes, esa forma de arte popular a la cual se le trata despectivamente como «cantopopu» y que sin embargo sobrevive indemne a los ataques y ninguneos permanentes de un sistema que –gracias a la gente– ya se acaba.

En el escenario no estarán todos, sería imposible por su número, pero estarán algunas de las figuras más representativas: Acompañado por una excelente banda, Pepe Guerra pondrá a consideración textos de la magnitud de «La galponera», «Orejano» y «La albada», una voz olimareña inconfundible y representativa de un modo de sentir el ser uruguayo. El inmenso Marcos Velázquez recreará su «Rastrojera» , «Aquilino y su acordeón», «Nuestro camino» y tantas otras composiciones que forman parte de lo mejor del cancionero uruguayo. Numa Moraes cantará «La patria compañero», «Nenena», «Negrito de pastoreo» y otras. El dúo integrado por Eduardo Larbanois y Mario Carrero propondrán «Santa Marta», «Ocho letras» y el tradicional venezolano «Zumba que zumba». Pablo Estramín y su banda interpretarán «Morir en la capital», «La vida de Magdalena» y «La maza», de Silvio Rodríguez. Jorge Nasser estará con sus «Milongas del querer» y la «Milonga de pelo largo» de Gastón «Dino» Ciarlo. También estarán el grupo olimareño Cerno, Ezequiel Fascioli y la murga de las cuatro estaciones: Falta y Resto.

Canciones con todos, con todas las banderas unificadas en una sola bandera, la bandera de la libertad, de la dignidad, la bandera de la justicia social, la bandera progresista. Sin duda alguna, la de esta noche será una verdadera fiesta popular y allí en el Estadio Centenario estaremos todos como una sola alma frente a esta selección de artistas que, junto a su pueblo, está jugando un partido decisivo que habrá de ganarse por goleada. *

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