San Pablo, capital temporal de las artes
Los 137 artistas, entre representantes nacionales e invitados, huéspedes temporarios del pabellón Francisco Matarazzo, en el parque Ibirapuera, no son los únicos en invadir la gigantesca, monstruosa e inabarcable urbe poblada por 18 millones de habitantes. En el mismo y hermoso parque se sitúan el Museo de Arte Moderno con una monográfica dedicada al constructivista brasileño Hércules Barsotti y enfrente, en el edificio OCA, se desparrama, por tres pisos, la superficial Fashion/Passion, 100 años de moda en el siglo XX. En poco espacio, la concentración de exposiciones.
Como es habitual, los museos oficiales, las galerías privadas y los institutos culturales no se quedan atrás y rivalizan en propuestas atractivas. La Pinacoteca do Estado (con un enorme acervo del arte nacional desde principios hasta hoy), posee dos espléndidas sedes en la zona céntrica, compite con la bienal en gran forma. Le sustrajo, nada menos, la superestrella del arte actual, el estadounidense Matthew Barney que, anunciado para Ibirapuera, se quedó en la Estación da Luz, con el lanzamiento mundial de la película De Lama Lámina, sobre el carnaval de Bahía, una hora de impactante magnetismo visual y conceptual, en un vernissage donde abundó el champán y el salmón rosado. En el edificio cercano, Encuentros con la modernidad desplegó 75 extraordinarias obras del famoso Stedelijk Museum de Amsterdam, que arrancó con los expresionistas alemanes de principios de siglo, atravesó todas las vanguardias y concluyó con los representantes de la posmodernidad. Un festín inolvidable que permaneció abierto durante tres meses.
Mientras el Museo de Arte, en la avenida Paulista, agoniza por falta de dirección, pese al acervo sensacional del la pintura europea de todos los tiempos, los institutos culturales surgidos como hongos, amparados en la ley de mecenazgo, potencian la actividad artística. El siempre interesante Paço das Artes se concentró en el joven talento Thiago Bortolozzo, una de las personalidades recordables de la bienal, y en William Kentridge, videasta sudafricano de fama internacional. El Memorial de América Latina reunió en Heterodoxia, edición latinoamericana, a artistas de Argentina (Liliana Porter), Brasil (Richele Coste, Sergio Romagniolo, Livia Flores, también bienalista, y José Rufino, Cuba Julio Rusián y Kcho), Chile (Josefina Guilisasti), Ecuador (Roberto Baboa) y Paraguay (Ricardo Migliorisi).El espléndido Instituto Tomie Ohtake recibió la amplia colección Schwarz, Soñando con los ojos abiertos, sobre dadaísmo y surrealismo ya presentada hace pocos meses (y aquí comentada) en el Malba porteño.
Por las galerías privadas: Tunga, personalidad señera del arte, realizó una doble performance en Millan Antonio, poco convincente en su incursión intelectual que no es su veta, más visceral, mientras el cubano José Bedia ofreció telas recientes en Thomas Cohn y la escultora Lygia Clark desplegó 70 trabajos en Dan Galería. Lo más revelador fue la muestra Paralela, con 157 artistas brasileños contemporáneos provenientes de nueve importantes galerías paulistanas, donde se pudo observar (y comparar) talentos y virtudes en un aceptable montaje. La curadora Leonor Amarante, vinculada a varias bienales, decidió en Las bienales, dar un vistazo a la producción brasileña entre 1951, fecha de la primera bienal, y 2002, desde la galería Bergamin. El Centro Británico Brasileño acogió grabados ingleses actuales. Ayer, en el Centro Cultural del Banco do Brasil, debió inaugurar Antoni Tapies con un centenar de obras.
Son algunos lugares de otros muchos que dinamizan la actividad artística de San Pablo. Recorrerlos, no todos, significa luchar contra un tránsito de una exasperante lentitud, unas distancias enormes que se amplían en los numerosos viaductos entre una contaminación visual (época de elecciones estaduales y municipales) llevada a su expresión más deplorable. El regocijo del visitante extranjero ante el arsenal de muestras se apacigua ante las dificultades propias de una megalópolis tan desordenada como insegura. En notas sucesivas habrá ocasión de detenerse en lo que importó de un viaje a San Pablo. (Primera de una serie de notas sobre la Bienal y alrededores). *
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