De paseo por la diversidad
No todo es pop corn en la moderna industria del entretenimiento. Paralelamente al universo teen que ha invadido los mass media a lo largo y ancho del globo, hay algunos ejemplos de dignidad artística y calidad musical que bien vale la pena destacar. Puertas afuera del mundillo del rock hecho por señoras, donde veteranas musas como Patti Smith o Joni Mitchell continúan siendo lo que eran, es decir, artistas con mayúsculas, se pueden encontrar algunas rarezas que invitan a ser visitadas.
Tal es el caso de Women of Africa, material editado por el sello Putumayo World Music, emprendimiento que desde 1993 se dedica a la difusión de sonidos provenientes de diferentes culturas y que fuera un apéndice de la tienda de ropas Putumayo, invención del inquieto Dan Stroper, un personaje propio de la gran manzana. Ya desde la portada de sus discos –con el inconfundible y folclórico arte naif de Nicola Heindl–, la apuesta de esta gente es conectar lo tradicional con lo contemporáneo, buceando en los gustos populares e innovando permanentemente.
Es así que desde la la gran jungla de cemento han hecho conocer sonidos que generalmente escapan de la gran difusión, como cuidadas selecciones de músicos de blues, sonidos del norte de Africa, sones franceses, canciones infantiles, música cubana, grooves brasileños y latinos y cuanta sonoridad interesante fluya en este mundo globalizado.
Y ahora regresan al continente negro para ofrecer un extraordinario compendio de voces femeninas, en una verdadera celebración de ritmos y estilos que surgen de una zona inagotablemente musical.
Es así que aparecen algunas cantantes medianamente conocidas como la sudafricana Judith Sephuma o la camerunesa Kaissa, a las que se agrega un verdadero catálogo de exquisitas y jóvenes voces, como Khadja Nin (Burundi), Angelique Kidjo (Benin), Tarika (Madagascar) o Souad Massi, una argelina que dejará sin aliento a aquel desprevenido que tenga la curiosidad de bucear en este material.
Se trata, sin duda, de uno de los mayores aportes realizados por el paño multiétnico de Putumayo, constituyéndose en un obligatorio material de estudio a los efectos de entender de que viene la expansión artística de un continente arrasado por todas las plagas imaginables. También hay que hacer un acto de justicia: la mujer africana es pieza fundamental para la preservación de las costumbres de sus pueblos, transformando las tradiciones en el equipaje cotidiano. Mientras que en otras partes del mundo, supuestamente más «civilizados», las mujeres ocupan asientos de segunda fila, en el Africa subsahariana, las mujeres son ejecutoras de una actividad social fundamental y lo hacen por medio de la música. Women of Africa es una de las sorpresas más interesantes para esta aldea que se acerca al mundo por medio de los discos.
Aquella forma de seducir
También resulta por demás interesante la edición del nuevo disco de la cantante africana Cesaria Evora (63), una hija de las planicies de Cabo Verde, un olvidado archipiélago que queda a algo más de 500 kilómetros de la costa de Senegal. Dueña de una voz emotiva y creadora de canciones de corte melancólico, Evora supo hacer discos importantes como Café Atlántico, una pequeña joya que parió después de conocer a músicos brasileños y cubanos, hace un lustro. Por aquella época –cuenta la leyenda– solía cantar en su comarca con una botella de scotch en la mano y un paquete de cigarros negros en el bolsillo.
La morena ahora reaparece con su nuevo hijo bajo el brazo: Voz D’Amor, una delicada colección de canciones con las que ganó el último Grammy entregado al mejor álbum contemporáneo de World Music. La llamada «Diva de los pies descalzos» se las arregla muy bien para incursionar en la morna y la coladeira, ritmos oriundos de su tierra, la que vale aclarar, fué una castigada colonia portuguesa, razón por la que no extraña la presencia de algunos fados lusitanos, sambas brasileñas y algún blues trasnochado.
Aclaración pertinente, este disco está lejos de ser un canto a la alegría, es, con toda determinación, un verdadero repaso a las historias de los muelles, a los amores frustrados y a la nostalgia.
La intérprete, cuyo canto ha sido comparado, con algo de exageración, con el de Billy Holliday y Edith Piaf, ha sido reconocida por el inclasificable David Byrne, Madonna o el propio Brandford Marsalis. Si hasta Caetano Veloso dijo de ella que es «una de las voces femeninas más influyentes».
La veterana cantante ha expresado que «mis tres hijos nacieron de tres padres diferentes, yo nunca quise tener un hombre en serio, eso no deja nada. La libertad y el amor no se acuestan en la misma cama. Que le pregunten a Dios porque las cosas son así».
Quizá por eso las historias que comunica en sus canciones, más allá de la carga emotiva, no pretenden ser lecciones de vida para nadie. Dejó a los hombres, está dejando el alcohol y quiere dejar el éxito. «En unos años ya estaré vieja y cansada», dice. Por lo pronto, sólo queda disfrutar de una artista genuina y conmovedora. No es poca cosa. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad