Tiene la palabra

Mis pertenencias desaparecieron de la Cárcel de Durazno

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Quien suscribe este relato con firma, contrafirma y cédula al pie de la misma, pasará al desarrollo del porqué tomar la decisión de lo que suscribiré.

Con fecha 8 de agosto de 2003, fui recluido en la cárcel departamental (Durazno), procesado por desacato verbal al señor juez de Pueblo Centenario, ingresando al centro penitenciario de la ciudad. Pasaron las autoridades policiales a realizar el inventario de mis pertenencias que serían: *$480 (cuatrocientos ochenta), *una tarjeta Cabal, *una rastra de plata y oro, presentando las siguientes características, una estrella de ocho puntas con cadenas que se unen al centro en el cinto de plata y oro, como pocas en el medio por la antigüedad y valor de la misma. Todo lo expresado fue incautado como medida natural del centro en la caja fuerte del mismo, al cual tiene acceso solamente las máximas jerarquías del lugar. A solicitud mía me fue entregado en dos cuotas de $240 (doscientos cuarenta) para gastos personales, el dinero que entregué al ingresar. Al retirar dicho dinero y como corresponde, firmé el retiro al escribiente como corresponde. El 9 de octubre de 2003, se me notifica que salgo en libertad, al querer retirar mis pertenencias, que al momento serían la tarjeta Cabal, y la rastra de plata y oro, el sargento encargado de la guardia me expresa que:

-Al no encontrarse ninguna jerarquía en el momento, no se me puede entregar mis pertenencias, ya que solamente dichas autoridades cuentan con la llave de la caja fuerte.

Después de salir del centro de reclusión no puedo volver por tres meses, como medida normativa del mismo. Vuelvo a mi pueblo tranquilo, aún sin mi rastra ya que pensé que cuando volviera en el tiempo y forma correspondiente se me iba a reintegrar la misma, considerando el lugar en la que se encontraba la caja fuerte del centro de reclusión. A los tres meses, concretamente en enero me accidenté, quebrándome dos costillas, que me llevó aproximadamente unos sesenta días en soldar, aclarando además que de lo antes expuesto, fui atendido en el Centro Asistencial de Salud Pública de Paso de los Toros. Quince día antes de la popular fiesta de la Patria Gaucha (5, 6, 7 y 8 de marzo del corriente año), a la cual iba a concurrir en mi amada vestimenta «de gaucho», vengo a Durazno a buscar mi rastra y la tarjeta, contestándome: -El comisario encargado del centro me manifiesta, que no se encontraba mi rastra en la caja fuerte y me pidió tiempo para hacer las averiguaciones pertinentes. Por vía telefónica, dicha autoridad preocupado por la situación, me pide más tiempo para seguir averiguando, diciéndome, en la última comunicación que había dado cuenta del hecho a sus superiores. Recurro a la abogada de oficio departamental quien, previo a averiguaciones, a los dos días me dice que nada puede hacer por mí, porque averiguó en el centro y no se encontraba registro de donde estaban mis pertenencias.

El 30 de abril de 2004, fui procesado nuevamente por violación de domicilio, y a los veinte días de encontrarme allí, el señor jefe de la Policía departamental se apersona ante mí, para que le relate los hechos que aquí ya suscribí. Al preguntarle a la máxima jerarquía policial del departamento, la posibilidad de solución para el caso, me contesta que él se está ocupando de una averiguación interna… No puse nombres, porque las fechas dan prueba de cuadernos y actas administrativas que prueban mis palabras, además mi objetivo no es de dejar en evidencia a nadie, sino contarle al pueblo uruguayo lo que me pasó a mí, un ciudadano de este país, en el centro de reclusión preventiva, que como su palabra lo indica, hay procesados de toda índole también por hurto y es por ello que no entiendo qué palabra darle a lo que me pasó…

RAUL ORIBE SCHIERA REYES – CI: 4.115.580-6

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