"Nadie quiere hablar de la derrota"
El libro que ha escrito recorre casi un siglo de la historia argentina ya que la saga familiar lo transforma en un relato que va de un extremo al otro del siglo XX. Zuker, quien fue entrevistada por la periodista Alejandra Casablanca en el programa Primera Voz, conducido por Sonia Breccia, que se emite en 1410 AM LIBRE, es hija del famoso actor ya fallecido Marcos y hermana del militante montonero Ricardo Zuker, quien fue desaparecido y luego asesinado a fines de 1980, tras reingresar clandestinamente a la Argentina junto a un centenar de militantes, para llevar adelante la operación que se denominó Contraofensiva de los Montoneros y que se convirtió en lo que muchos periodistas argentinos llamaron la crónica de una tragedia anunciada.
Dicen las crónicas de los diarios argentinos que se enteró que el presidente Kirchner andaba con su libro bajo el brazo y a los pocos días la convocaron a la Casa Rosada. ¿Esto fue así?
Esto fue así, realmente, sabía a través de su médico personal Buonomo, un tipo encantador como su apellido lo indica que estaba leyendo el libro, y un día me llaman por teléfono y me dicen que el presidente me quiere conocer y ahí voy, llena de entusiasmo, realmente casi con lágrimas en los ojos me habló de hasta qué punto se había identificado con los códigos del libro, con toda una etapa histórica y además de la envergadura emocional que tiene el libro porque si bien se ha escrito mucho sobre esto y yo con esto no quiero reivindicar mi libro, lo que creo es que está estructurado de manera tal que las emociones quedan a flor de piel para el lector, es un libro que se transita, ha recibido críticas algunas tituladas «una noche en vela», es un libro que se lee y se transita casi un siglo de vida argentina, porque esto de saga familiar lo convierte en una historia que va de un extremo al otro del siglo XX, desde que mis abuelos fundaron la rama local hasta que esta rama es tronchada por la dictadura militar.
Me llamó la atención una frase tuya en una entrevista «escribir fue la posibilidad de salir de un lugar trágico» ¿se puede salir de la tragedia cuando la justicia está en un debe?
Toda obra literaria significa una catarsis, yo debo reconocer que durante mucho tiempo pensar en mi hermano era nada más que pensar en su sufrimiento, como si su sufrimiento fuera eterno, porque eso es lo que ocurre con la figura del desaparecido, no hay un final, entonces ese dolor se duplica con el paso del tiempo, sin embargo en la medida que me puse a desandar sus recuerdos lo recuperé y lo recuperé desde el lugar quizás más vital, mi hermano era un tipo muy particular, lleno de humor, de vida, de amor a la justicia, sueños, hincha fanático del fútbol, amaba a San Lorenzo, a Defensores de Belgrano, y pude separarlo, arrancarlo de esa crónica de sangre que es tener un hermano desaparecido. Respecto al tema de la justicia en este caso particular hay algunos responsables que están presos, desde luego sabemos del pacto de silencio que une a los militares, por consiguiente, conocer el destino que siguieron tanto mi hermano como mi cuñada, es imposible, lo poco o mucho que he obtenido al respecto me ha sido proporcionado por el cuerpo de antropólogos forenses que han trabajado con una seriedad enorme para proporcionarnos a los familiares algunos datos que nos permitan por lo menos dejar de fantasear, esa fantasía que uno tiene en el momento final que quizás sea lo más doloroso, ese pensar cómo fue ese final. Es más, en algún momento se presentó en un canal de televisión argentino un suboficial montándose en que él había visto cómo fusilaban al hijo de Marcos Zuker, por ser un hombre público, mi viejo se montó sobre eso y además creo que había detrás toda una interna militar, en ese momento estaba Balsa al frente del Ejército; Balsa es una figura con mucha esquizofrenia encima, y contó que había sido fusilado junto con otro, que pidió que no le vendaran los ojos, que los insultó antes de ser fusilado, no puedo decirte con seguridad si este hecho es absolutamente cierto, algo de mi corazón lo creyó y lo sigue creyendo.
Horacio Verbisky, que hace el prólogo del libro, dice que el título «El tren de la victoria» reproduce una expresión con la que Roberto Perdía reclutaba militantes para ingresar en forma clandestina al país subyugado por la dictadura militar, no debían perder el tren de la victoria les decía en las narices de los servicios de informaciones sembrados en las colonias del exilio. Verbisky también recuerda que hoy Perdía ex número dos de Montoneros es un próspero empresario, asesor ministerial en algunos asuntos relacionados con la Iglesia.
Yo debo aclararte que ese párrafo es confuso, en realidad Verbisky no se refiere a Perdía cuando dice eso, sino que se refiere a Mario Montoto, un señor que hasta hace poco fue dueño de trenes, de complejos de trenes, toda una situación económica brillante a partir del menemismo y de las privatizaciones ferroviarias.
Roberto Perdía publicó una carta en Clarín diciendo que ese no era él… ese no es él, en realidad no creo que Perdía sea un hombre acaudalado, más allá que no tengo gran opinión de él, pero es confuso ese párrafo.
Después de su primer secuestro Ricardo se exilió en Brasil para finalmente ir a España, allí fue contactado por la conducción de Montoneros, le decían «El Pato», ¿por qué decidió subirse a este tren de la victoria y cómo fue eso?
Su primera escala en Brasil, luego lo seguimos nosotros, mi madre y yo, y mi madre muere en Brasil a los tres días de llegar, esto quiere decir que mi madre a pesar de no figurar en ninguna lista de desaparecidos la mató la tristeza. Para mi hermano eso fue un golpe muy fuerte, obviamente para mí también, que lo invadió de culpa porque durante esos 47 días cuando mi hermano estuvo secuestrado y conoció el infierno por primera vez, mi madre empezó a morir como tantas madres, algunas han sobrevivido para luchar, mi madre no pudo, finalmente reapareció, mi madre lo sigue y se muere muy joven en Brasil, ese creo que fue uno de los pesos que se llevó a España.
Mi hermano por otra parte era un tipo muy aferrado a Buenos Aires, un porteño, amaba el tango, el fútbol, el rock progresivo nacional, el exilio es muy duro, lo sabemos muy bien los uruguayos y los argentinos, y mucho más cuando se lleva sobre sí el peso de tantos compañeros muertos, o sea que cuando aparece esta posibilidad de volver al país creo que pesó mucho el tema de la nostalgia, creo que se hizo pesar mucho ese tema el de la culpa y el de los compañeros muertos por la muerte miserable del terrorismo de Estado, los compañeros muertos o desaparecidos en los campos de concentración como es la historia que narra justamente «Recuerdos de la Muerte» de Bonasso referido a la ESMA, datos que por supuesto en ese momento ya habían llegado a Europa algunos liberados de la ESMA que habían hecho su testimonio, se sabía cuáles eran, los peligros que se corrían volviendo al país, pero aún así creo que por un lado hubo dos preguntas, si los demás no se salvaron por qué yo voy a salvarme, eso por un lado, y por otro aquellos que pensaban que todo era poco para terminar con la dictadura, creo que eso fueron los dos ejes pero sin duda que eran una suerte de milicianos dispuestos a la inmolación fue la contraofensiva montonera, es muy difícil siempre hablar de la derrota, por eso es que se ha escrito poco sobre esto, hablar de la derrota es lo más doloroso, nadie quiere hablar de la derrota. *
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