
Como muchos artistas uruguayos, Nerses Ounanian tuvo una muerte joven. Dibujante, grabador, pintor, ceramista vinculado al taller de López Lomba, pero fundamentalmente escultor, Ounanian, de ancestros armenios, nació en la isla de Samos en 1920 y ocho años después llegó con su familia a Montevideo, dejando atrás el recuerdo del genocidio instrumentado por los turcos en 1915. Estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes con Antonio Pena y Edmundo Prati. Realizó su primera exposición individual en 1950, integrada por dibujos y esculturas. En 1954 y 1955 viaja por Europa recorriendo, en año y medio España, Francia, Bélgica, Holanda, Alemania, Grecia y TurquÃa, instalándose en ParÃs durante ocho meses. Será un periplo decisivo para su (corta) trayectoria. En el viejo continente se puso en contacto con el arte de todos los tiempos y en particular con la escultura moderna. El rumano Brancusi, el inglés Henry Moore, el italiano Berto Lardera, dejaron la impronta visible en las obras ejecutadas luego de su regreso.
Antes del viaje, Ounanian, se debatÃa entre formulaciones estéticas contradictorias. Hombre reflexivo, de talante sereno, siempre dispuesto al diálogo y al intercambio de ideas en las famosas tertulias del Café Tupà Nambá (compartÃa la mesa con Barcala y EspÃnola Gómez, sus grandes amigos), Nerses Ounanian era una personalidad tÃpica de aquellos tiempos, los años cincuenta, en que la cultura (cine, teatro, música, literatura, arte y periodismo) tenÃa un brillo (nacional e internacional) de excepcional intensidad. Del maestro de maestros, Antonio Pena, recogió el oficio y la sÃntesis formal, pero adhirió desde el comienzo al cubismo, sin abandonar el naturalismo. No tenÃa mucho colegas cercanos que lo estimularan. Yepes y el expresionismo, mientras MarÃa Freire comenzaba su corta aventura en el arte madÃ, en la investigación con los nuevos materiales, varillas de hierro, plexiglas, madera pintada. Germán Cabrera iniciaba, tÃmidamente, escapar de la figuración. Más secreta era la obra de Rodolfo Uricchio, otro integrante del grupo madÃ, rescatado del olvido hace pocos años por Mario Sagradini. La lÃnea dominante era ofrecida por salones nacionales y municipales y allà la escultura se concentraba en el sector de los “gestos estúpidos” por la diseminación de la figuración académica de hombres y mujeres en actitudes diversas.
Fue una ardua lucha de Nerses Ounanian por resolver las contradicciones y establecer una sÃntesis de opuestas tendencias. Del estatismo pasó al dinamismo figurativo, resolviendo las formas por planos orientados en múltiples sentidos que movilizan el espacio exterior. Sin olvidar sus raÃces mediterráneas, con una mirada que escudriña el arte etrusco, mesopotámico y cicládico (quizá a través de Picasso, Brancusi y Moore), Ounanian neutralizó los efectos decorativos y descriptivos de Maternidad, para investigar las posibilidad del movimiento impuesto por la temática abordada, Equilibrista y Futbolista. De inmediato, como si supiera la brevedad de vida, se adensa en la abstracción, utiliza chapas recortadas y varillas de hierro, otorgando a la composición un logrado cinetismo y produce una serie numerosa de obras. Dejó 150 (entre dibujos, pinturas, grabados y esculturas) que integran el acervo del Museo Nacional de Artes Visuales. Una calle montevideana lleva su nombre y es de su autorÃa el monumento a los mártires armenios en el cruce de las avenidas Agraciada y JoaquÃn Suárez. N. D. M. *
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