Posar en beneficio de los otros
El parentesco con la espléndida comedia de Peter Cattaneo puede prolongarse en lo estrictamente necesario: aquellos desempleados de Sheffield pertenecían a la clase obrera, no eran precisamente metrosexuales y no poseían ninguna experiencia en el territorio del show-bizz; este grupo de damas, que están más familiarizadas con la idea de amas de casa, el jardín y el tejido que con el arte de posar, son de clase media y han ingresado en la madurez. De igual modo, se las arreglan para que el insolente plan de aparecer sin ropas en el calendario anual de un club de mujeres se convierta en un éxito internacional.
Hasta aquí la coincidencia, con las distancias del caso. La anécdota de Chicas de calendario despliega un pasatiempo light, envolvente y familiar, condimentado con barnices de humor, climas sentimentales y una discreta pero declarada celebración de la edad madura.
Todo comienza a partir de que las chicas -especialmente dos de ellas, Chris y Anne- están sofocadas por la rutina que les propone su Instituto de Mujeres en Yorkshire. Por otro lado, la inesperada enfermedad del marido de una de ellas las lleva a ir al hospital y conocer sus carencias. Cuando el hombre muere, de la audacia de Chris emerge la idea de renovar el clásico calendario: esta vez las tortas, las decoraciones, los tejidos y las macetas vendrán acompañadas por mujeres sin ropa las propias socias del club. Rendirán así tributo a la memoria muerto y, si la idea tiene suceso, tendrán las libras para mejorar la sala de espera del hospital.
Ni la moral provinciana ni la mentalidad conservadora de las autoridades del club quieren aceptar semejante audacia: las promotoras de la idea deberán redoblar su sagacidad para vencer los obstáculos y salirse con la suya, todo lo cual da pie a situaciones jocosas e irónicas.
El tono se vuelve más farsesco, cuando el calendario se difunde hasta alcanzar calidad de best seller y las chicas se convierten en figuras populares, aun del otro lado del océano. El filme se sobrepone a los desniveles del libro y la dirección y termina ganándose la simpatía del espectador se debe, en esencia, al formidable acting de las intérpretes, particularmente de Helen Mirren y Julie Walters, no sólo por la desenvoltura de comediantes que exhiben en sus retratos de la emprendedora y glamorosa Chris y la enternecedora Anne sino por la corriente de afectuosa complicidad que hacen visible entre esas dos amigas inseparables. Como puede presumirse, los desnudos fotográficos del calendario son un modelo de buen gusto y británica moderación. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad