El último verano de Klingsor
El arte, en tanto forma expresiva por antonomasia, es una de los lenguajes más elocuentes de representación simbólica de la condición humana.
Tanto la pintura como la literatura, la escultura, la música y aún el cine, se transforman con frecuencia en retratos de la realidad, a lo cual siempre se suma la materia prima de la imaginación, el genio y la creatividad del eventual autor.
Sin embargo, ese mismo arte que frecuentemente regocija los sentidos, el intelecto y hasta el espíritu, es también un intérprete de las angustias y de los recurrentes fantasmas que nos habitan.
El famoso novelista alemán Herman Hesse (1877-1962), fue, sin dudas, una de las plumas más descollantes de la literatura universal del siglo pasado.
Autor de títulos referentes como «Siddharta» y «El lobo estepario», en su obra Hesse dejó constancia de su fuerte compromiso con el mundo que le rodeaba y del valor singular de su escritura.
«El último verano de Klingsor», publicado por primera vez en 1919, consolidó a Herman Hesse como un autor referente para sus contemporáneos y las generaciones venideras.
Tras una temporada dedicada a los servicios de asistencia a los prisioneros de guerra, el célebre autor germano se puso bajo la piel de este atribulado pintor, construyendo una novela de fino lenguaje poético y prosa de trazo contundente.
El relato recrea la pasión de un artista ya maduro y en acelerado proceso de decadencia, que presiente que se avecina el epílogo de su pasional existencia.
Con su habitual sabiduría narrativa, Hesse sitúa al personaje en su entorno de exilio voluntario, en un verano de naturaleza pródiga y plena de una sinfónica policromía.
El autor explora la turbulenta psicología de su protagonista, un hombre solo y alejado de casi todo lo que ama, que reflexiona y dialoga consigo mismo.
El autor padece la soledad y siente una estremecedora sensación de orfandad. Para exorcizarse contra la angustia, en sus territorios oníricos reproduce imágenes de su historia personal, recuerdos de glorias pasadas, intensas vivencias y pasiones devoradas por el tiempo.
En medio de un océano de proyectos y bosquejos, el artista construye sus propias tribulaciones sobre lo efímero, la fugacidad del éxito y el amor.
Una de los fantasmas que más le desvela es, sin dudas, el temor a ser olvidado después de la muerte, a que los colores huyan de sus lienzos, a que su legado desaparezca.
Herman Hesse imprime a su relato toda la angustia existencial de su personaje, enfrentado, además, a la nostalgia por la mujer amada y la juventud que se le escapa a borbotones para ya no regresar.
El artista inhala la vida con intensidad, consciente que es lo único que no tiene recambio, porque la muerte es una sentencia definitiva.
Una y otra vez, reconstruye el mundo y las pasiones humanas, asumiendo que el arte es una forma de amar, un estilo de vida, pero también un despiadado tránsito hacia la inmortalidad.
A través de su autor, el célebre novelista ensaya un descarnado retrato de la condición humana enfrentada a la encrucijada de su propia terminalidad existencial.
Hesse retrata la muerte como presencia intangible pero no menos estremecedora, como intuición, vaticinio y admonición. Le angustia la idea de los titulares de la prensa anunciando solemnemente el epílogo de su peripecia biológica.
En esta pequeña pero subyugante novela de justificada reedición, el escritor alemán formula intensas apelaciones a la guerra como retrato de la tragedia colectiva, al resquebrajamiento de Europa como «cerebro del mundo» y al arte como anestésico para huir de la realidad y lo inexorable.
«El último verano de Klingsor» mixtura el dolor y el tormento de la pintura, ensayando una sugerente y meditada tesis en torno a la obsesión por la creación, el abandono y las almas atormentadas.
Herman Hesse asimila cabalmente la pasión de los artistas expresionistas de su tiempo, la impaciencia de quien no se satisface con el fluir indoloro del tiempo, la rebeldía ante el destino y la locura, representada en los miles de rostros del autorretrato del protagonista.
(Ediciones del Nuevo Extremo)
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