ARTE

Encantadora artesanía popular italiana

Las referencias al arte de tejer abundan en la literatura antigua, instalándose las leyendas conocidas de Penélope y Aracne. Sin embargo, los textiles se remontan al neolítico por la necesidad de tener telas para protegerse, variando las técnicas y las finalidades del uso. Pero siempre el arte de tejer fue el cruce de un hilo, la trama, a través de un conjunto de otros hilos tensados entre dos extremos, la urdimbre, que en su conjunto conforman el telar. De telares desmontables y sencillos se pasó a los más complejos hasta conducir a la realización de piezas artísticas que alcanzaron su auge en los períodos medieval y renacentista. La función del tejido fue siempre eminentemente utilitaria (protección corporal o ambiental) y esa condición permaneció en la labor doméstica a través de los siglos. Fue el trabajo preferido de la mujer en el hogar para abastecer las necesidades domésticas: manteles, colchas, alfombras, ajuares y otras variaciones para la rutina diaria.

La exposición Tejidos regionales italianos, colección de tejidos artesanales del siglo XVII al XX, proveniente de la Fundación Sartirana Arte de la provincia de Pavía, recupera una vieja tradición familiar, de origen sardo, siciliano o calabrés, donde se mezclan las contaminaciones del arte musulmán (en su aspecto no figurativo) y la amplia tradición histórica a partir del arte copto, pero adoptada y adaptada a la idiosincrasia regional y familiar, en una lenta asimilación cultural. No es pues, de extrañar, la riqueza del diseño, el refinamiento de las formas y la elección de los colores, el ordenamiento de la composición y la inventiva temática o abstracta que pueden rivalizar, incluyo con ventaja, con expresiones consagradas por los ejemplares inventariados por historiadores y museos.

Porque el encanto de los tejidos regionales italianos radica en la sabia disposición popular, las sabrosas irregularidades de la técnica empleada (en general, el bordado) que evocan, en muchos casos, trabajos zafrales (la vendimia), historias y leyendas o aspectos de la naturaleza. Hay piezas que se imponen por su impacto visual (aunque no bien iluminadas): un mantel blanco de lino del siglo XVIII (172 x 230 cm), la colcha de lana del siglo XX, con variaciones de rojo, azul y verde, la colcha nupcial del siglo XVIII en seda y algodón con la pareja de novios intercalada entre pareja de pájaros de deliciosa factura (252 x 208 cm), los relieves de Cavallini sardi o Carabinieri a cavallo, ambos del siglo XIX o un cubre cama del siglo XIX de estructura cinética, en negro y ocre, de enorme inventiva, aunque las obras restantes, una treintena, merecen una demorada atención.

Es una lástima que en la muestra (ni en el catálogo) no figuren los procedimientos técnicos utilizados ya que, tratándose de un recorrido didáctico, sería pertinente conocerlos. Tejidos regionales italianos es otra de las muchas actividades referidas a las artes plásticas que la Embajada de Italia y el Instituto Italiano de Cultura vienen desempeñando, desde hace un par de años en Montevideo, con elogiable calidad de los envíos nada convencionales. *

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