EL DOMINGO SE ESTRENARA EN EL PLANETARIO MUNICIPAL LA OBRA TEATRAL LEYENDAS DEL ABUELO, DE MAURICIO ROSENCOF

Imaginación y ternura para todos

Con el andar del tiempo se supo que era El Abuelo de Todas las cosas. Pero para ese entonces Las Cosas, que lo aguardaban en las horas que el Sol Amarillo declinaba, lo conocían con el nombre de El Abuelo de la Tarde y las leyendas que se recrearán en el Planetario son sus relatos.

Cuenta la historia, que los Abuelos que hoy andan por el mundo, son descendientes de aquel Primer Abuelo, conservando del ilustre antepasado la mirada traviesa y buena, y la costumbre, cuando están de buen humor, de narrar los fantásticos hechos de las Cosas.

El domingo próximo en la Sala Galileo Galilei del Planetario Municipal será estrenada la obra teatral para niños y adultos Leyendas del Abuelo, versión teatral de Leyendas del Abuelo de la Tarde, libro de cuentos de Mauricio Rosencof, ilustrado por Elbio Ferrario, que será presentado en nueva edición por la editorial Alfaguara el viernes 7 en la Feria del Libro, coincidiendo así con el estreno de la obra teatral.

Leyendas del Abuelo es una obra de teatro y de títeres, en la que los actores titiriteros además de actuar y animar los títeres, ejecutan la música de la puesta en escena en el propio escenario.

Está destinada «niños de seis a noventa años», ya que su alta elaboración poética abarca a un público de todas las edades.

La poesía de los cuentos originales de Mauricio Rosencof se trasmite a través del encanto visual aportado por los títeres, apoyado con canciones del propio Rosencof, musicalizadas por el elenco. El espectáculo está acompañado de un disco compacto que registra estas canciones originales.

La puesta en escena, el libro de cuentos y el disco compacto con las canciones de la obra, se convierten en tres instrumentos que conformando un todo apuntan a distintas formas de expresión artísticas muy apropiadas para la labor del docente en el aula.

El elenco está compuesto por Augusto Mazzarelli, Laura González, Ximena Ferrer, Luis Fleitas e Ignacio Duarte, con la dirección de Graciela Escuder y Elbio Ferrario.

Leyendas del Abuelo podrá disfrutarse hasta el mes de octubre, siendo parte de las actividades preparatorias del quincuagésimo aniversario del Planetario Municipal, que se cumplirá en el año 2005. Las funciones se realizarán los días sábados y domingos a las 15.00 horas, para todo público, y los días jueves a las 10.00 y a las 15.15 horas para escuelas y colegios.

Periodista, poeta, dramaturgo y luchador social, Rosencof llegó al mundo el 30 de junio de 1933 en el departamento de Florida. Apodado «El Ruso» por ser hijo de emigrantes polacos de orígen judío, fue uno de los nueve rehenes –entre 1972 y 1985– que tomó la dictadura que asoló a nuestra nación, todos ellos integrantes del Movimiento de Liberación Nacional – Tupamaros.

El extenso encierro en condiciones infrahumanas, las constantes sesiones de tortura a las que fue sometido y el consiguiente deterioro de su salud física, no afectaron su aguda lucidez, ni su inconmensurable voluntad, haciendo realidad aquella frase que sentencia: cuando una persona atraviesa una situación extrema o se sucumbe o se sale fortalecido de ella. El segundo es su caso.

Entre las obras de su intensa producción se destacan Las ranas, Los caballos, Conversaciones con la alpargata, Vincha brava, Teatro escogido, Desde la ventana, Pensión familiar, La valija, La calesita rebelde, El gran Tuleque, La Margarita, Las cartas que no llegaron, El bataraz, El combate del establo, Los cuentos del Abuelo de la Noche, Memorias del calabozo (en coautoría con Eleuterio Fernández Huidobro) Piedritas bajo la almohada, Y los caballos serán blancos. Los corderitos de Dios. Luego de su liberación en 1985, fue invitado a dar conferencias y participar en coloquios en países tan disímiles como Estados Unidos, Cuba, México, Italia, España, Francia, Alemania, Suiza, Suecia, Noruega y Dinamarca, entre otros. Actualmente, además de continuar escribiendo, conduce el programa Que nunca falte, en TV Ciudad.

Cuenta Rosencof que estas leyendas tienen, a su vez, una Leyenda: fueron escritas desde la Dimensión Desconocida para una niña llamada Alejandra (su hija) y tuvieron en su origen la forma de las cartas de papel. Las del libro y las que se podrán disfrutar en el Planetario no son todas las que se escribieron, muchas no llegaron a las manos de la niña porque –como es sabido– en la Dimensión Desconocida nunca se sabe.

Lo que sí se sabe es que éstas como las otras fueron dedicadas a Alejandra.

Los niños, esa ternura

Vale hoy recordar lo que Rosencof dijo a LA REPUBLICA en ocasión de la presentación de otro de sus libros, Piedritas bajo la almohada: «Fijate vos la fuerza que tienen los niños. Nosotros, durante los trece años que estuvimos en los calabozos no vimos niños. A veces, cuando nos llevaban al excusado, que era una vez por día, encontrábamos algunos pedazos de diario tirados por ahí, para la higiene. Algunas veces ya utilizados y nosotros tratábamos de rescatar alguna noticia, alguna información. Pero si por algún motivo aparecía la foto de un niño, lo agarrábamos para mirarlo. No se puede vivir en un mundo sin niños.

Recuerdo que una de las visiones más impactantes que tuve cuando salimos fueron los niños. Veinticuatro horas antes de salir nos trasladaron a Cárcel Central a los 52 que quedábamos todavía y que no salimos por la amnistía sino por la ley especial. Nos subieron a un ómnibus. No teníamos nada claro, pensamos que tal vez nos enviaban al extranjero. Yo iba sentado al lado del Lalo Gallinares, viejo amigo, y entonces el comandante nos pidió que bajáramos las cortinas de las ventanillas para que no nos vieran desde afuera. No le dimos pelota, ya estábamos muy rebeldes y yo recuerdo hasta hoy entre las cosas más nítidas que me quedan, ver a los niños en la calle. Hacía frío, tenían unas camperitas con capuchón. parecían ositos en la calle».

Volviendo a Leyendas del Abuelo, cuenta la historia que las lágrimas de los niños cuando nacen de una pena, también se vuelven semillas de agua, petalitos de celofán, mariposas de cristal, rocío.

Y que con los Rocíos viven y se alzan y vuelan hacia los trebolares de Mercurio, y vuelven, lágrimas y rocíos, siempre chispeantes, al amanecer, sobre los prados.

El Rocío que se mecía en el pastito que sostenía el Abuelo sonrió con picardía porque no era un Rocío. Era la lágrima de una niña.

Y como un pajarito de nada, se alzó suavemente, agitó las alas y con todas, se echó a volar. *

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