Anomalías en el Salón

El 51 Salón Nacional de Artes Visuales, no se sabe bien si corresponde a 2003 o a 2004, conoció, desde el vamos, demasiados tropiezos. Postergado, con el reglamento modificado en tres oportunidades, la convocatoria a los artistas en pleno verano y en plazo perentorio, sin catálogo (por primera vez en su historia de medio siglo) tuvo una inesperada derivación. Un participante, que no fue seleccionado según consta en las actas del jurado, protestó, con auxilio de abogado, invocando la aparición de su nombre en un comunicado (equivocado) de prensa y una llamada telefónica improcedente, según asegura Alfredo Torres, en una nota publicada en Brecha. Aunque dos de los jurados hicieron las aclaraciones verbales del equívoco a los amigos del ignoto escultor durante la inauguración, la protesta llegó airada y amenazante al ministro Leonardo Guzmán que, desconociendo el reglamento del Salón y la inapelabilidad del fallo, impuso la exhibición de la obra rechazada. Es posible que un diálogo directo e inmediato entre el Jurado y el ministro hubiera evitado esta injustificada e injustificable decisión.

No es la primera vez que una autoridad desconoce las decisiones de un tribunal de arte. Hace unos años, el intendente Mariano Arana lo hizo con el monumento de Eduardo Cardozo consagrado en el Salón Municipal que, desvirtuado, se inauguró temporariamente mucho después. La Asociación Uruguaya de Críticos de Arte (AUCA) y las varias asociaciones de artistas plásticos no se han pronunciado hasta el momento. Otro escalón descendente en la calidad del comportamiento democrático uruguayo *

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