Un acontecimiento cultural de relieve
Más allá de involuntarios desajustes en horarios, cambios de programación, desborde frenético de los jurados por la cantidad de películas a visionar, el Festival obtuvo logros infrecuentes. La alta calidad planeó sobre 128 largometrajes exhibidos y 73 cortometrajes. Es algo a tener en cuenta en un futuro cercano, es decir, que la calidad siempre se imponga a la cantidad. De todos modos y al margen de las corridas habituales de los espectadores y un clima festivo, también se logró batir los récords de asistencia, desde los comienzos de los festivales, con una cantidad total de 57 mil personas. La labor de la Cinemateca Uruguaya a través de esta expansión internacional de la cultura cinematográfica, cumple uno de los roles fundamentales a toda entidad que se precie de su misión cultural renovadora en el ámbito de nuestras raíces latinoamericanas. Los poderes del Estado, salvo contadas excepciones, siempre han hecho oídos sordos a los reclamos de los distintos estamentos culturales y han dado la callada por respuesta. La tenacidad de la Cinemateca, por encima de los avatares críticos que recorre el país desde hace años, ha impuesto un rigor y un afán de sacrificio grupal, que de alguna manera ha contribuido a ensanchar los límites del quehacer artístico, la perennidad y el amor al cine, como reflejo de la realidad y una concientización que marcha a contramano en un país que mira hacia otro lado. He ahí la fundamentación de la multitudinaria asistencia de ávidos espectadores al Festival Internacional.
Las películas exhibidas
Vayamos ahora a lo que fue el Festival desde el punto de vista de las películas exhibidas. De los 116 países intervinientes hay mucho a destacar, pero en el balance final sólo va quedando a la consideración crítica un porcentaje que se refleja con ciertos matices en la labor analítica de los jurados, un plantel extraído de lo más graneado de la crítica nacional y alguno venido del extranjero en misión especial. Por lo tanto veamos el palmarés final. Creo que los premios han reflejado la disputada calidad de los filmes en una carrera que se ha tornado pareja. Sangre y oro del director iraní Jafar Panahí con guión del maestro Abbas Kiarostami, resultó el mejor filme a juicio del jurado oficial, donde competían 57 largometrajes. Es un asunto de crimen y suspenso que se cierra en círculo (recordar la película del mismo nombre que ganó en un Festival anterior). Este ejercicio de entomología examina con crudeza las frustraciones y contrastes de la sociedad iraní actual con un protagonista de excepción: Hussein Emadeddin. En segundo lugar se ubicó Dolls del japonés Takhesi Kitano, a quien se le otorgó un premio especial. Este director ya había deslumbrado con el filme Hermano y el tratamiento de los duros códigos de la yakuzza. Aquí cambia de registro y se vuelca al relato onírico y poético, con una soberbia fotografía y tres historias de amor que se entrecruzan. Premio a la mejor Opera Prima fue para American splendor de Shari Springer Berman y Robert Pulcini. En un relato autobiográfico sobre Harvey Pekar, famoso autor de la célebre historieta del título, que se apoya en las vicisitudes cotidianas y propuestas en tres niveles narrativos. Posee un agudo sentido del humor y una calidad sorprendente en todos los rubros técnicos. También se otorgaron menciones especiales a El arca rusa del Aleksandr Sokurov. Es un documental que utiliza un largo plano secuencia de 96 minutos de duración en tiempo real, para encuadrar los esplendores soberanos del famoso museo del Hermitage en San Petersburgo, atravesando 300 años de historia rusa. Sokurov hace guiñadas continuas al espectador, pero bajo esa superficie de gran sugestión emerge una complacencia que bordea la nostalgia. Buenos días, noche del italiano Marco Bellochio, se ocupa de arrojar luz sobre el famoso «caso Moro» desde un ángulo menos trillado que el político, con una visión honesta, plausible, reflexiva, que atrapa y convence. Hubo tres menciones latinoamericanas: Sábado del chileno Matías Bize, evoca los fulgores del movimiento Dogma del danés Lars Von Trier, cuando cámara en mano y en una sola toma en tiempo real, filma los azares de una boda. El brasileño Jorge Furtado ganó por partida doble: Hubo una vez dos veranos y El hombre que copiaba recibieron menciones para un cine sumergido en las nuevas corrientes de la cinematografía brasileña. Toda una revelación.
También fue premiada Suite Habana del cubano Fernando Pérez.
La Opera Prima en largometrajes recayó en Esplendor americano (American splendor) de Estados Unidos.
El premio iberoamericano fue para El hombre que copiaba de Furtado y dos menciones para Dependencia sexual y Sábado. La película cubana Suite Habana ganó en el rubro documental en reñida votación. Es un cántico al trabajo y a la solidaridad del pueblo cubano, expuesto en voz baja, sin off y sin diálogos. Llega a rozar los límites de la ficción.
Ser y Tener del veterano documentalista Nicolás Philibert lleva a la práctica el «reagrupamiento pedagógico», muy de moda en Francia, en la enseñanza de un maestro rural a niños entre 4 y 12 años. Un prodigio de sensibilidad y ternura.
Edificio Master de Eduardo Coutinho es una serie de entrevistas que más que el contorno del emblemático edificio de Copacabana, al talentoso director brasileño le interesa el rico y variado mundo de sus moradores, de donde extrae un rico y curioso testimonio vital.
El Espacio Uruguay se nos antoja como un balance cinematográfico y audiovisual de los realizadores nacionales repartidos en cuatro géneros, ficción, documental, arte y animación. Se presentaron 74 obras las cuales se redujeron a 40 y el premio Félix Oliver del Departamento de Cultura de la Intendencia Municipal de Montevideo fue para Prohibido pisar las flores de Luis González Zaffaroni. Hubo otros premios en la categoría cortometrajes, Escuelas de Cine mismo dentro del Espacio Uruguay, pero será material de otra nota. El premio Fipresci Uruguay lo concede la crítica especializada de nuestro país. Los premios fueron para Esplendor en la hierba como mejor filme y El hombre que copiaba como mejor latinoamericano. En Opera Prima, sorpresivamente ganó Reconstrucción de amor de Dinamarca de Christopher Boe, una súbita y explosiva relación amorosa enmarcada en una Copenhague nocturnal y laberíntica..
Visitantes ilustres
Los visitantes extranjeros fueron lustrosos y variados y todos aportaron al marco del Festival, charlas paralelas que fueron acercando a los espectadores inquietos y prensa especializada. Se destacó la presencia de Fernando Pino Solanas y su última película Memoria del saqueo, una feroz denuncia sobre la corrupción en el país vecino de varias décadas a esta parte. La Cinemateca le rindió un merecido homenaje y está proyectando una monográfica de su obra. También tuvo tiempo para recibir de manos del intendente Mariano Arana el título de Ciudadano Ilustre de la ciudad de Montevideo. Pero a nuestro juicio la personalidad del Festival que acaba de concluir ha sido el director polaco Krzysztof Zanussi que en su vuelta al Uruguay se comunicó con la prensa en perfecto español y sorprendió a todos con la noticia de su último proyecto Persona non grata que será rodado en Montevideo con una cuota parte de actores y técnicos uruguayos.
Sobre el final diremos que también se destacaron otros filmes, pero no se puede premiar a todos y conservan el reconocimiento del público, críticos y jurados. A vuelo de pájaro me viene a la memoria El anhelo de Alemania, Ana y los otros de la argentina a seguir Celina Murga, El prisionero de las barras de hierro de Paulo Sacramento, un testimonio creativo y vivencial sobre la prisión de Carandirú, Dogville del danés Lars Von Trier, La ciudad está tranquila de Robert Guediguian y su ambiente proletario francés, Agnès Varda y sus documentos sobre los recolectores de basura en Francia, los dos filmes del británico Ken Loach, el ruso Sokurov con Padre e hijo, la película turca Uzak.
Unas consideraciones aparte se merece el estreno de Palabras verdaderas del realizador y «cinematequero» uruguayo Ricardo Casas. Trabajando con empeño sobre la personalidad del escritor uruguayo Mario Benedetti, logra transmitir una emoción de alto voltaje en el delineado del retrato, mientras desfila un Uruguay inédito en el trasfondo del personaje. Todo está hecho con acierto plausible y un toque de exaltación, lo que augura que futuros trabajos de Casas lo catapulten a un primer plano de la producción audiovisual uruguaya.
(*) Carlos Oroño se desempeña como corresponsal de LA REPUBLICA en España y durante su breve estancia en nuestro país formó parte de los jurados en Documental y de Fipresci que decidieron los premios de este festival.
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