Escrito por: JORGE ARIAS

A partir de este primer desencuentro, la obra, muy poco significativa dentro de la producción de Molière, aparece en el formato de “extensión cultural”, como para liceales que concurren en masa con sus profesores, ya el programa destaca, por las dudas, la posibilidad de funciones, especiales para estudiantes. A cada paso se ahonda el abismo que separa “Los enredos de Escapino” del público normal, adulto, del teatro; y el acercamiento forzado a los jóvenes no parece convencerlos.
La puesta en escena (Ismael da Fonseca) es elemental, aunque ágil y con ritmo. El director pasa por encima de todos los problemas de interpretación dotando a todos los personajes de máscaras, lo que es ajeno a los proyectos y al universo teatral de Molière; con ello se vuelve a distanciar al espectador, situando a los clásicos como seres de otro mundo, entre ridÃculo y escolar. ¿habrá que escribir, una vez más contra las máscaras, habrá que volver a decir que no hay paisaje como el rostro humano? “Los enredos de Escapino” parece, en sus mejores momentos, una obra para tÃteres representada por hombres; y los buenos actores que hay debajo de algunas de las máscaras no pueden sino sentirse frustrados, como un corredor que debiera competir con una pierna enyesada o un escritor a quien se le prohibiera el uso de la letra “c”. La luz ha de ponerse en un lugar destacado, y no bajo el celemÃn o el almud. Para peor, desde el programa se nos sirve la obra envuelta en la palabra “farsa”: ya se pudo saber que de esta comedia de amores desencontrados y recobrados quedará sólo una superficie, no muy brillante, donde la acción transcurrÃa mercurial y sin alma. También hemos leÃdo, lo que era casi inevitable dadas las premisas, que “Los enredos de Escapino” se vincula a la “Commedia dell’ Arte”. Es posible, allá en el Cielo de la literatura; pero aquÃ, en la Tierra, Molière está lejos. *
LOS ENREDOS DE ESCAPINO, de Molière, en versión española de Mercedes Rein, con Susana Acosta, Marcel Sawchik, Jorge Lepra, Ismael da Fonseca, Adriana Ardoguein, Sergio Gorfain, Daniel Bérgolo, Victoria RodrÃguez Garbero, Vitorino Franco y Pablo Isasmendi. Luces y sonido de Ruben Vieira, escenografÃa de Alejandro Curzio, vestuario de Ana González, máscaras de Jorge Añón, dirección general de Ismael da Fonseca. En Teatro Victoria.
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