Nietzschelaire

La docente, arquitecta y ensayista uruguaya Jordana Maisian ofrece un cuerpo de curiosas y reveladoras reflexiones, a propósito del pensamiento del siempre controvertido filósofo alemán Friedrich Nietzsche y del poeta francés Charles Baudelaire, logrando establecer algunos interesantes paralelismos y disensos entre ambos intelectuales.

Cualquiera que conozca medianamente el pensamiento y la obra de ambos encontrará dificultoso establecer concordancias entre sus respectivas concepciones, generalmente desacordes, cuando no lisa y llanamente antagónicas.

Por tal motivo, resulta particularmente atractiva la obra que aquí comentamos, profusamente documentada mediante citas de ambos autores. En ella, la escritora logra, gracias a una pormenorizada investigación y a su innegable capacidad de análisis, hallar algunas afinidades entre las ideologías del genial y polémico pensador alemán y el notable literato francés.

Charles Baudelaire era un hombre profundamente sensible, que hallaba un morboso placer en reconocer su propia decadencia y la de la sociedad en la cual habitaba.

El poeta fue un agudo crítico de esos paisajes sociales frívolos y viciados en los cuales se movía, pero de los cuales formaba parte algunas veces a su pesar y otras regodeándose en esa corrupción.

Para él, el estado de ebriedad era el ideal, pero no una ebriedad necesariamente física sino espiritual, un estado que le impedía ver y sentir la realidad.

Por el contrario, Nietzsche condenaba la embriaguez y cualquier otro recurso que le impidiera decodificar la realidad que le circundaba.

Mientras el poeta francés se proyectaba hacia la construcción de lo ideal, el pensador alemán valoraba las virtudes de lo imperfecto, por encontrar allí la realidad en su forma más pura.

No obstante, ambos coincidían en una personalidad trágica, en un distanciamiento del resto de la sociedad de su época, aunque Baudelaire prefiriera mimetizarse en la masa de seres decadentes y marginales como él, y Nietzsche  por el contrario  buscara no sólo el aislamiento mental sino también el físico.

Según la tesis de la autora, si bien ambos coinciden en el desprecio hacia la muchedumbre, hacia el sentir de la mayoría, Baudelaire entraba en contradicción con esa postura en algunos de sus escritos, en los que se identifica con los seres más relegados de la sociedad. No obstante, atinadamente, Maisian apunta que esta identificación no se hallaba exenta de cierto morbo, o, como ella lo define, de una suerte de «voyeurismo».

Pese a que ambos pensadores se observan a sí mismos como seres condenados a sufrir, las actitudes que adoptan frente a ese dolor son absolutamente distintas.

Baudelaire concebía el dolor como algo de lo cual debía huirse mediante múltiples estrategias, como el arte y la búsqueda de «paraísos artificiales» mediante la ingesta del alcohol o el consumo de drogas.

En tanto, Nietzsche tenía una actitud positiva ante el dolor, ya que lo valoraba como un elemento que le permitía acrecentar sus fuerzas. Para él, el arte no constituye un método de fuga, sino, por el contrario, lo considera la forma más elevada de afirmación.

Algo en lo que ambos coinciden es en que ven al cuerpo como el espacio privilegiado de la experiencia, más allá de reconocerse como seres eminentemente intelectuales, por más que Baudelaire cultivaba un espiritualismo más acendrado y Nietzsche era un materialista.

Otra coincidencia fundamental entre ambos pensadores es el explícito reconocimiento de múltiples síntomas de decadencia social profunda, que para el filósofo alemán debía ser prontamente superada y que en el poeta francés había hecho carne.

Esta reflexiva obra de Jordana Maisian, que asume una profunda relectura de la obra y la ideología de Charles Baudelaire y Friedrich Nietzsche, arroja renovada luz sobre el ideario de estas dos figuras capitales del pensamiento y la cultura.

(Ediciones del Afuera)

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje