Los nipones han pasado
Miguel (Franklin Rodríguez) un hombre casado que tal vez abandonará a su esposa Julia (Ileana López) luego de un viaje de placer con su amante Isabel (Laura Schneider), viaje erótico que disfraza bajo la apariencia de un encuentro de negocios en Perú con inversores japoneses, verá frustrados sus propósitos de la manera más chata que pueda imaginarse. El episodio ocupa una larguísima primera escena que gira sobre sí misma hasta que aparece la amante en la casa del matrimonio, valija en mano, y cuenta todo.
Pasada la incomodidad inicial, las dos mujeres intercambian los papeles; más tarde insinúan un ménage à trois; el pobre Miguel acepta cualquier cosa; ellas casi parecen ignorarlo; él no puede retroceder ni avanzar y ellas, que han tomado el control, tampoco ven bien a dónde ir. Nada conforma al héroe, ni una ni otra ni las dos damas; nada las conforma a ellas, que no parecen amarlo ya. El tampoco parece muy enamorado, y ni siquiera muy inflamado por su amante: muestra tensiones, compromisos, tareas, obligaciones, rutinas, algo contrario a la vida libre que siempre se sueña, tan rígidamente profesional, como los japoneses que no esperan y reaparecen en el peor momento. Miguel llega a parecer una especie de Hamlet del sentimiento: algo metafísico se insinúa en tanta vacilación, en tanta dificultad para vivir, y toda la vida humana parece cuestionarse, calavera en mano. Pero cuando uno se pregunta para dónde irá la trama, cómo hará Talesnik para desenrollar el ovillo y rematar la obra, ya ha llegado el fin.
Jorge Denevi ha dado a la pieza el brío necesario para conformar un espectáculo aceptable y ha mostrado en la obra de Talesnik, como al pasar, filos inquietantes. Dispone de un buen elenco, donde Franklin Rodríguez vence y convence en un personaje que, en parte al menos, tiene también su marca. Ileana López y Laura Schneider cumplen a satisfacción sus papeles. *
LOS JAPONESES NO ESPERAN, de Ricardo Talesnik, con Franklin Rodríguez, Ileana López y Laura Schneider. Escenografía e iluminación de Adán Torres, vestuario de Javier Suárez, dirección de Jorge Denevi. Estreno el 3 de abril, Teatro del Centro.
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