La teoría de la dependencia
Esta situación planetaria suele sorprender a quienes renuncian a todo análisis minucioso de las relaciones de causalidad, asumiendo que existe una suerte de inmutable determinismo.
La propia dinámica de la historia corrobora en forma inequívoca que toda circunstancia o coyuntura derivada de la voluntad humana, es siempre susceptible de ser modificada.
Para encarar la impostergable épica del cambio, siempre se
requiere un alto grado de concientización, condición indispensable para erradicar las miserias morales y materiales.
Cuando los apóstoles del desastre proclamaron el fin de las ideologías y el definitivo triunfo del capitalismo, olvidaron asumir que no siempre la teoría se compadece con la realidad.
El derrumbe de algunos modelos políticos, económicos y sociales, que marcaron un punto de inflexión en la historia contemporánea de la humanidad, no supuso necesariamente la desaparición de las ideas que les inspiraron.
Confirmando que en las ciencias sociales las profecías son en algunos casos meras lucubraciones dialécticas o desmesurados ejercicios de soberbia intelectual, la extinción de la bipolaridad planetaria no trajo aparejada la desaparición de las voces contestatarias.
La explicación es harto elemental. Al persistir las prácticas de explotación económica en todo el mundo con rasgos en algunos casos cuasi esclavistas la conciencia colectiva comenzó a despertar del letargo que siguió a la caída del denominado socialismo real.
En pleno tercer milenio, más que nunca, la verdadera bipolaridad es entre el modelo de acumulación y los proyectos progresistas.
A la tradición dicotomía entre el capital y el trabajo, que conoció su parto más álgido y controvertido en los albores de la modernidad, se suma contemporáneamente el fenómeno del desempleo galopante.
No en vano en los países de la región más golpeados por la crisis los desocupados se han transformado en una nueva clase social. La particularidad de este grupo que suele sumar millones de habitantes en las naciones mal llamadas en vías de desarrollo es que está fuera del sistema.
Es claro que todo asalariado, aunque perciba una retribución insuficiente que no le permita cubrir todas sus necesidades y colmar sus expectativas, es igualmente, en alguna medida, un agente dinamizador del mercado.
Sin embargo, las cada vez más cuantiosas masas de excluidos al no percibir estipendio alguno y pese a recibir en algunos casos subsidios estatales quedan marginados de la cadena productiva y del consumo.
En los países del denominado Tercer Mundo, entre los que se incluye naturalmente a Uruguay, los presupuestos teóricos del capitalismo parecen haber naufragado en un océano de agudas contradicciones.
El modelo concentrador que ha dominado las estructuras económicas de las viejas colonias, ya está tocando fondo, por
la desaparición de una vasta parte del mercado y la creciente transferencia de los excedentes a las cuentas bancarias de los voraces acreedores internacionales.
Si hace unos años se aseguraba con rimbombante tono triunfalista que el socialismo real había perecido por implosión espontánea, hoy esos mismos teóricos deben estar ensayando una reinterpretación de la historia, para decodificar el fracaso de las prácticas neoliberales en los países subdesarrollados.
En «La teoría de la dependencia», que es sin dudas un libro de cabecera, el prestigioso sociólogo brasileño Theotonio Dos Santos reelabora la historia económica de los últimos cuarenta años.
No es casualidad que ese período histórico, que para nuestro Uruguay coincide con la firma de la primera carta de intención con los organismos multilaterales de crédito, sea el período más estudiado y debatido del siglo pasado.
Pese a haber conocido ciclos de relativo crecimiento macroeconómico e indicadores favorables, nuestro país sigue padeciendo la postergación derivada de la dependencia.
En esos momentos históricos, el aumento de la riqueza se dividió en una sustancial mejora de la renta para los vernáculos propietarios de los medios de producción y el pago de cuantiosas remesas de deuda externa. En cambio, tanto en dictadura como en democracia, los trabajadores, pasivos y otros sectores de ingresos fijos, observaron la supuesta bonanza como una suerte de espejismo.
Aunque Uruguay es ciertamente un buen laboratorio de experimentación de las recetas neoliberales, resulta plausible detenerse en las valiosas reflexiones del reconocido intelectual brasileño.
Ensayando un complejo entretejido de las causales históricas determinantes en la construcción del fenómeno de la dependencia, Theotonio Dos Santos alude a la hoy fenecida guerra fría como parte de la ingeniería imperialista de posguerra, para consolidar el proyecto de dominación de los Estados Unidos sobre el mundo occidental y establecer una frontera ideológica capaz de detener la expansión de la Unión Soviética y sus satélites.
El autor reconstruye el escenario de la extinta bipolaridad planetaria, aludiendo al proceso descolonizador, la tesis de los denominados países no alineados, el panarabismo y el creciente integrismo islámico.
Obviamente, el investigador se concentra en el paisaje histórico de América latina, un continente recurrentemente saqueado por el capital financiero internacional.
Dos Santos evoca los intensos debates de la fermental década del sesenta, cuando numerosos teóricos lanzaron a la arena política internacional sus tesis sobre la dependencia.
Obviamente, el autor no soslaya a la denominada teoría del desarrollo, que en esos tiempos se transformó también en materia de debate ideológico entre el Occidente capitalista y el Oriente socialista, entre la libre empresa y las economías planificadas.
El estudioso desnuda el fracaso de las prácticas desarrollistas en América latina y la paradoja del crecimiento económico con pobreza y exclusión social.
Theotonio Dos Santos pone como ejemplo el caso de su país natal, evocando el golpe militar de 1964, que sepultó el embrionario proyecto progresista encabezado por Joao Goulart.
El ensayista analiza globalmente el endémico subdesarrollo de las antiguas colonias, como producto residual de la expansión industrial de las potencias imperialistas.
En ese marco, comienza a esbozar la confrontación entre los cada vez más vulnerables estados nacionales y las grandes corporaciones multinacionales, rasgo característico de la globalización.
Con la perspectiva del tiempo, el autor reanaliza algunos cruciales fenómenos de la década del sesenta y comienzos del setenta, como las dictaduras, la guerrilla como resistencia al imperialismo, la efímera experiencia socialista de Salvador Allende en Chile y el también fugaz peruanismo. Obviamente, se detiene en el caso concreto de Cuba, elogiando más allá de algunas reservas los importantes logros alcanzados por la revolución.
Theotonio Dos Santos afirma que la década de los ochenta del siglo pasado, constituyó un punto de inflexión en la agudización del fenómeno de la dependencia económica, a raíz del salvaje aumento de las tasas de interés de los servicios de deuda externa.
Abriendo nuevos debates para corroborar su tesis de que la dependencia condiciona seriamente el desarrollo de las democracias recuperadas en la región y pulveriza las expectativas de millones de latinoamericanos, el renombrado intelectual denuncia el grave deterioro de las condiciones de vida, el aumento de la pobreza, la exclusión y la marginalidad.
A su juicio en las actuales circunstancias históricas el neoliberalismo
ya no es sustentable. En ese contexto, propone profundas transformaciones estructurales para comenzar a revertir la perversa ecuación de desigualdad.
Es pertinente advertir que la primera edición de este libro en Brasil, se publicó antes de que Luis Inácio «Lula» Da Silva asumiera la presidencia, por lo que el enfoque crítico local se concentra en los dos períodos consecutivos de Fernando Enrique Cardoso.
Sin embargo, «La teoría de la dependencia» es igualmente una inapreciable herramienta de interpretación de la historia contemporánea, por cuanto decodifica minuciosamente las causales del estado de postración que aún padecen la mayoría de los países de nuestra América.
Concebida con lenguaje claro y exento de tecnicismos, esta obra es un elocuente testimonio de los males subyacentes que aquejan a nuestro saqueado continente, que los uruguayos hemos conocido con singular rigor en los últimos años.
(Editorial Plaza y Janés)
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