Pascuas en el tiempo
Escribió Julio Herrera y Reissig que el tiempo es «el Viejo Patriarca que todo lo abarca». Los años pasan en torbellino y sólo quedan recuerdos en la tozuda memoria. Estamos en una semana diferente, igual que antes cuando Montevideo enlentecía sus ritmos. En los cines de barrio siempre daban una cinta muda, en blanco y negro, claro está, titulada La Pasión. Con menos polémica que la de Mel Gibson, los vecinos concurrían en familia, como lo habían hecho durante otras Semanas Santas. Cuando la botijada hacía ruido, las señoras mayores chistaban enérgicas. Unos días antes, también la religiosidad llegaba a gente de otras creencias. Allá por Villa Muñoz, los inmigrantes judíos cumplían sus ritos. Una Pascua distinta, recordando a los antepasados en el desierto en su éxodo conducidos pro Moisés buscando la «tierra prometida». Muy solemnes se encerraban en sus humildes casas de Arenal Grande. Comían hierbas amargas con vinagre y masticaban lentamente el simbólico «pan de la aflicción», sin levadura, en memoria de sus ancestros. La Pascua cristiana era más pública, se notaba más en las barriales calles. Un Domingo de Ramos con palmas y olivos bendecidos por el cura. Al llegar a sus hogares colocaban esas ramitas y hojas frente a las fotos de los seres queridos que ya no estaban más. El lunes con mucha fe se participaba de las «misas de reconciliación». En la cuadra los vecinos se saludaban y afianzan los lazos de la gran familia del barrio. A partir del jueves la Vieja Capital se iba paralizando, no había tranvías y los clandestinos «ómnibus piratas» eran el único transporte público. El viernes todo era silencio y hasta las francesitas de la calle Yerbal cerraban sus puertas. En las calles se veían grupos de personas caminando haciendo la tradicional peregrinación de las siete iglesias. Gente muy mayor, muchos enfermos, cumplían con gran sacrificio esa costumbre mientras hacían o cumplían promesas. El sábado todo era expectativa. Sin asomarse a la puerta, las familias creyentes comían las llamadas empanadas de vigilia de pescado o atún. El Domingo de Pascuas Montevideo despertaba en un mundo de aromas y sonidos. La parroquia hacía tañir sus campanas y de los hornos de barro salían sabrosos perfumes. Tortas y roscas que habían amasado las abuelas para regocijo de todo el clan. Unos vecinos alemanes hacían huevos de chocolate que compartían con la gente del barrio. En la tarde del domingo, todos a la cancha de la escuelita Maturana donde hasta un cura, con la sotana remangada, le daba de punta a la de cuero. Pascuas en el tiempo, ayer igual que ahora, con su mensaje de esperanza que todo lo puede.
Con más recuerdos y música los esperamos todos los sábados, a las 18.30, en 1410 AM LIBRE.
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