Inauguraciones de la semana
Hoy, Playlist, instalación de Alejandro Cesarco y Wendy Tround, en la Colección Engelman Ost, Rondeau 1426, a las 19.00. Se trata de la producción inicial de un libro, desplegando los meses de discusión y el compromiso de la escritura en un inútil intento de administrar las emociones, según consigna un breve comunicado de prensa.
El jueves, dos inauguraciones en el Museo Nacional de Artes Visuales. Primero, el postergado 51º Salón Nacional de Artes Visuales, sin proporcionar el número de participantes y seleccionados y, menos aún, los premiados. Se sabrá el mismo día de apertura. Más explícita es la noticia de la segunda muestra, Meteorología de Hervé Fischer, artista, sociólogo, filósofo y escritor nacido en París en 1941 y radicado en Québec en los años ochenta.
Fundador del Arte sociológico, en 1971, de amplia resonancia en la estética de vanguardia, Fischer inició proyectos de participación popular a través de la radio, la prensa escrita y la televisión en numerosos países europeos y latinoamericanos. De acuerdo al pensamiento de Fischer, una nueva cosmogonía, la era digital, nació y el desafío más fascinante para los artistas de hoy se basa en explorar ritmos y accidentes del lenguaje binario, la identificación de códigos de barras y el control de la sociedad de consumo, la variación y el drama de los esquemas del mundo financiero y el ciberespacio numérico de la red, idiomas que invadieron el caleidoscopio entero de las actividades humanas con un flujo irreprimible. Ante esa complejidad hay un retorno paradojal a la pintura, no tan importante como el ingenioso escenario de las artes digitales.
En la exposición Meteorologías, presentada en ocasión de la II Bienal de Buenos Aires, Fischer emplea los códigos de barra para dar una vuelta de tuerca al regreso pictórico como en su momento lo hizo el neoexpresionismo alemán en la década del setenta, con el agregado de inscripciones de líneas quebradas y ondulantes (el nuagisme) en un encuentro entre el arte conceptual y el minimalista y ciertas aspiraciones barrocas. A Fischer le gusta «el arcaísmo de la pintura acrílica sobre tela para evocar este nuevo mundo algorítmico. Permite resistir al flujo disolvente de los pixels y los sonidos de las pantallas, por la detención de la imagen y la condensación. De algún modo pinto los íconos numéricos, tal vez sea un primitivo del siglo XXI». *
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