EL DIBUJANTE RODRIGO JOSE CASTRILLO NIEVAS FUE PREMIADO EN WASHINGTON

Reconocimiento a un joven maragato

El premio, así otorgado, demostró que los jurados de arte se permiten reconocer, sin prejuicios, el momento en que aparece un nuevo talento creativo y que no pesa, en la decisión final, el carecer por completo de «antecedente reconocido» alguno.

El concurso se llamó «First drawing contest for uruguayan artists». Podía presentarse cualquier artista uruguayo, con trayectoria o no, residente en nuestro país o en el exterior, y se presentaron miles. Sin trayectoria y con ella.

Rodrigo lo ganó presentando un dibujo suyo. Estaba experimentando con telas y de allí surgió el cuadro que fue elegido primero entre todos, un cuadro que trashumó un talento capaz de conmover desde San José, a un jurado instalado en norteamérica, un talento que cruzó ya una distante frontera.

En entrevista con LA REPUBLICA, Rodrigo rememoró el comienzo de su vocación, que va paralela a su vida misma. «Comencé mis estudios en el año 86 y continuaron hasta el 89 en el museo departamental, en la parte de expresión plástica para niños», cuenta. Considera que su naturaleza es de «dibujante» por «herencia». «Mi abuela y mi padre y hasta una tía abuela dibujaban. Abuela siempre me fue orientando, me hacía observar la naturaleza, dibujar todo lo que se me cruzaba por delante y me iba dando las primeras pautas del dibujo y fui aprendiendo así los primeros pasos. También con mi padre que dibujaba e hizo un curso en el centro de estudios de alta capacitación cuya casa central está en Barcelona y ese es un curso bastante completo. Desde el año 90 más o menos hasta 2000, seguí como autodidacta, estudiando de ese curso y de otros materiales, de maestros uruguayos y otros plásticos, incluso la pintura española que era la que me interesaba en especial. También tengo una tía abuela que pintaba, que hizo el curso de la Escuela Nacional de Bellas Artes». Estas influencias fueron decisivas. En 2001 continuó sus pasos en el museo departamental «en el taller de adultos que estaba bajo la dirección de la profesora Nélida Romero. Con este grupo se hicieron exposiciones colectivas». Actualmente acude a los cursos que desde Bellas Artes, en calidad de extensión universitaria, pasan por el museo maragato.

«Mi vida es el dibujo y la pintura. Todo lo que he hecho gira en torno a esto. Nunca he tenido un trabajo fijo, hago diferentes cosas, esto, lo otro… soy piloto también. La aviación me apasiona pero es paralelo. Siempre fue así, desde la escuela».

Este es el primer concurso en el que se presentó en su vida adulta, con una única excepción, un concurso organizado en San José por Sirama SRL audiovisuales (sacó un diploma de honor).

La historia de cómo se presentó al concurso organizado en Washington es sencilla, aunque cómo se enteró del resultado, bastante atípico: «Estaba haciendo un curso de Bellas Artes en el museo y me enteré, con unos compañeros. Fue en octubre del año pasado.

Me enteré de que el medio de comunicación que lo promocionaba era Radio El Lugar y fui a retirar las bases. Decidí presentarme por el empuje de otros compañeros que me dijeron ‘dale, tenés que mostrar lo que hacés, que estás siempre trabajando y nunca mostrás nada, largate'». Y Rodrigo se presentó.

Y ganó. Pero, increíblemente, el resultado –que estaba pronto desde el 12 de enero–, «se perdió». Nadie le comunicó a Rodrigo una de las noticias más importantes de su vida. Aparentemente la radio organizadora habría tenido que avisarle, pero esto no sucedió. Desde la embajada aseguran que avisaron enseguida a la radio. Un mes después el muchacho «pasó» por allí y preguntó si había novedades. Alguien buscó en Internet y las «novedades» aparecieron. Había ganado el concurso y con él 1.000 dólares de premio. Hacía muy poco se había quedado sin trabajo. Le quedaban 30 días para reclamar su logro y una semana para viajar a Washington. No pudo ir, no podía pagarse el pasaje ni tuvo tiempo para conseguir apoyo. Así fue cómo el primer premiado del concurso internacional se quedó en San José mientras su obra era expuesta en la embajada norteamericana, en el lugar central. Esta parte de la historia sin duda es algo difícil de comprender. Pero sin dudas esto no parará al muchacho, que aunque perdió una oportunidad notable para conocer a los críticos de su cuadro, continúa mirando hacia adelante. Posiblemente en mayo esté pronta su primera exposición individual. Será en Montevideo. Hasta ahora, había hecho «exposiciones colectivas con otros compañeros pero nunca ninguna individual, esta va a ser la primera», cuenta emocionado. La muestra más lejana en quilómetros la hizo en Durazno. «De Durazno a Washington. Eso es lo bravo, la distancia», sonríe.

El «First drawing contest for uruguayan artists» fue promocionado por el centro cultural del BID y la Fundación para las Artes y la Cultura en la Embajada de Uruguay en Washington. Los mil dólares del premio los otorgaban el Banco Interamericano de Desarrollo. Hubo tres primeros premios y tres menciones honoríficas. Veinticinco trabajos fueron seleccionados entre cientos, que fueron elegidos de miles. «Siempre he estado en esto y en esto voy a seguir, es mi vida», concluye Rodrigo. *

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