JOAN MANUEL SERRAT ENFERVORIZO A UNAS 12 MIL PERSONAS EN EL VELODROMO

Madurez y carisma

El catalán Joan Manuel Serrat, hoy, trabaja en base a variaciones. Podría afirmarse que compositivamente está en posición de puntos suspensivos, como le ocurre a tantos de sus pares, pero ya regresarán las musas a acelerarle la sangre y las pulsaciones a alguien que lisa y llanamente escribe canciones. Canciones entrañables y canciones perdurables.

Por lo tanto, ya seguramente saldrán esos nuevos textos, como para comprobar que el cantautor catalán es un guerrero que jamás detiene su marcha, parafraseando a Carlos Castaneda. El mismo cantautor que en la noche del jueves -en un Velódromo Municipal atestado de un público mezcladísimo, de todas las edades que lo ovacionó constantemente- literalmente conmocionó a un auditorio masivo que se entregó -desde el vamos con «La paloma» hasta la clausura del extenso concierto con una saga de bises donde incluyó canciones mayores como «La saeta» y «No hago otra cosa que pensar en ti» –de una forma torrencial. Es que hay una relación ya de claro talante afectivo entre gestor y receptores que ya es todo un copyright en sus conciertos, sean apoyados por su banda de siempre o en este finísimo formato sinfónico donde la Orquesta Filarmónica de Montevideo cumplió un rol sobresaliente en todas sus líneas de resolución instrumental bajo la batuta del maestro García Caffi y, sobre todo, de un Ricardo Miralles –al piano– que se lo vio, en términos interpretativos, como nunca. Es decir, con una concentración y un compromiso arreglístico y a la vez expresivo fuera de serie.

Pero aun cuando las musas, esas en las que no cree demasiado Serrat, parecen un poco alejadas, hay que decir que una vez más nos topamos con un individuo que se ganó la calidad y cualidad de clásico de la canción popular iberoamericana por méritos propios.

No cualquiera, además, musicaliza con tanta fidelidad y decoro a inmensos poetas como Rafael Alberti, Antonio Machado (del que practicó una versión muy subida de emotividad, hacia el epílogo del concierto, de «Cantares»), Miguel Hernández o Federico García Lorca (del que hizo «Herido de amor», una canción que en principio Serrat había fundado para Ana Belén y sus Lorquianas).

Lo cierto es que el concierto propuso una puesta en escena despojada (una simétrica disposición de columnas sobre un fondo negro en el que, más tarde, apareció un firmamento de lucecitas que fueron mutando sus coloraciones), alcanzó a obtener momentos verdaderamente impares, esto es, una temperatura expresiva de menor a mayor que tuvo picos altísimos al momento de las versiones sinfónicas de canciones como «Barquito de papel», «Pueblo blanco», «Lucía» y en particular «Disculpe el señor», esta última lo mejor de la gala.

Si bien hubo versiones menores (el caso de una alicaída «Penélope» o incluso la extraordinaria «Mediterráneo» que perdió consistencia y potencia debido a la estructura arreglística que se eligió para encarar dicha canción), no obstante Serrat ya se había ganado de antemano al multitudinario y eufórico público con el cual dialogó en forma fluida sin hacer prácticamente ninguna cita de carácter política. Solamente cuando después de hacer una canción en catalán, se mandó y dijo: «Yo soy catalán y hago canciones en catalán, amo en catalán y canto en catalán, algo muy normal, diga lo que diga Aznar, y la dejo por ahí porque si uno habla demasiado capaz que le terminan haciendo juicio a uno», admitió con dejo irónico para regocijo de sus receptores.

Justamente «Padre», dicha en español con maestría al punto que Serrat logró un silencio religioso de su público y más tarde cantada en catalán, fue otro de los puntos culminantes de un concierto que, salvo los reparos menores ya anotados, fue trabajado desde el carisma y desde la madurez de esos sesenta años que los lleva con una dignidad incontrastable.

Serrat sinfónico fue un espectáculo con un diseño absolutamente riguroso y disciplinado en su plan de gestión escénica, pero lo importante es que no se perdió fluidez ni relajación. Las canciones se dispararon directo al corazón de la gente y, Serrat, con todo su amplio staff de colaboradores, dio una vez más su jaque mate.

La pregunta final es, si después de este abordaje sinfónico que Serrat ha hecho de sus canciones, vendrá un unplugged. Veremos. Por ahora, mientras la musas andan de vacaciones, Serrat se las arregla para seguir seduciendo a miles. *

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