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Daniel Viglietti: Un adiós al Hombre Nuevo

El cantautor compatriota Daniel Viglietti Indart falleció este lunes al ser sometido a una intervención quirúrgica. Su partida o dicho de otro modo, su ingreso a eso que llamamos la inmortalidad, nos deja más huérfanos.

dviglietti

Vale recordar que este hombre nacido en Montevideo el 24 de julio de 1939 es uno de los creadores que forman parte de una generación de músicos, poetas y cantores que marcó un antes y un después –al promediar la década del 70– en la cultura musical uruguaya afiliada a una estética contestataria y representativa de la identidad aluvional de los uruguayos, una generación que posee, evidentemente, una irradiación iconográfica muy potente.

Se trata de un artista que seduce y atrapa a quien lo escucha por su modo de observar e interpretar el devenir de la sociedad humana.

Hijo del guitarrista Cédar Viglietti y la pianista Lyda Indart, Daniel estudió con el maestro Atilio Rapat y en el Conservatorio Nacional de Música. Luego, a fines de los años 50 se dedicó a la canción popular en base a sus propias composiciones o a las creadas sobre textos de Federico García Lorca, César Vallejo, Juan Cunha, Idea Vilariño, Mario Benedetti y Washington Benavides, entre otros.

En nuestro país desarrolló una intensa actividad como intérprete, compositor y docente. Su discografía se inició en 1963 con Impresiones para canto y guitarra, y Canciones folclóricas (Antar Telefunken), obteniendo el Premio del Círculo de la Crítica del Disco. Escribió en el semanario Marcha, y fundó y dirigió el Núcleo de Educación Musical (Nemus).

Luego grabó y editó Hombres de nuestra tierra (Antar, 1964); Canciones para mi América (Francia 1968), Canciones para el hombre nuevo (Orfeo, 1968); Canto Libre (Orfeo, 1969); Canciones chuecas (Orfeo, 1971) y Trópicos (Orfeo, 1973).

En 1972, en medio de la represión desatada por el gobierno de Juan María Bordaberry, autoritarismo que anunciaba la dictadura cívico-militar que se institucionalizó un año después, Viglietti fue detenido al igual que miles de compatriotas. Dejado en libertad gracias a la solidaridad del pueblo y a una campaña internacional apoyada por figuras de la talla de Miguel Ángel Asturias, François Miterrand y Jean Paul Sartre.

Más tarde, como otros cantores populares, tomó el camino del exilio. Se radicó en París, Francia, durante once años, donde continuó su carrera de compositor e intérprete, realizando paralelamente una amplia actividad internacional. En Europa reeditó varios de sus discos anteriores y publicó Viglietti en vivo.

El 1º de setiembre de 1984 retornó a Uruguay, cuando la presión popular obligó a los usurpadores del poder a dar paso a la transición hacia la democracia. Viglietti fue recibido por miles de compatriotas y el mismo día brindó un recital en el estadio de fútbol Luis Franzini ante más de 20.000 personas.

Tras su regreso ha publicado varios fonogramas: entre ellos se destacan Trabajo de hormiga (Music Hall, 1984), Por ellos canto (Orfeo, 1984), A dos voces volúmenes I y II, junto a Mario Benedetti ( 1985 y 1987) , Esdrújulo (Orfeo 1993),  Devenir (Ayuí Tacuabé 2004), Trabajo de hormiga (2008), reeditándose asimismo en formato compacto todos sus fonogramas.

Referente de la canción popular uruguaya, Viglietti  ha desplegado una intensa actividad solidaria en varias regiones del mundo defendiendo la memoria en un trabajo de hormiga, que como él mismo ha definido es frágil y tenaz, es un trabajo que intenta explorar desde la música y la palabra el alma y el cuerpo de una época y una geografía.

Viglietti propuso sus canciones en los más diversos escenarios. Desde algunos improvisados en las calles hasta los más prestigiosos del mundo. Ha cantado multiplicidad de veces en  España, en Francia -donde estuvo radicado durante una década-, en la Maison de l´Amèrique Latine de París, pasando por Buenos Aires, Santiago de Chile y Valparaíso. Asimismo cantó en Cuba, México  y  en Canadá, apoyando -en este último país- la tarea del Grupo Ibiray, formado por uruguayos que recaudan fondos para sostener tareas sociales en Uruguay. También se presentó en Brasil y Paraguay.

En Montevideo participó en el lanzamiento del disco Cantos rodados, del músico y científico, ex rehén tupamaro Henry Engler, y, en el Velódromo Municipal, en el recital Todos somos familiares organizado por Madres, Hijos y Familiares de Desaparecidos, así como en las celebraciones del Bicentenario de nuestra patria y en todos y cada uno de los actos solidarios a los cuales fue convocado. En 2003 fue designado Ciudadano Ilustre de Montevideo.

Difusor incansable del canto con fundamento, de la canción de texto, en 1994 incursionó en radio con un programa semanal titulado Tímpano y desde 2004 se lo pudo ver en TV Ciudad con su programa Párpado, emprendimientos que sin interrupciones se mantuvieron hasta estos días. Su última actuación fue el viernes pasado en la ciudad canaria de Las Piedras, luego de su presentación en el festival Antel Fest, realizado hace un par de semanas en Piriápolis.

Último adiós a Daniel Viglietti

Este martes se llevó a cabo el funeral del querido Daniel Viglietti, y diversas personalidades pasaron por el Teatro Solís a darle el último adiós.

Más allá del horizonte

Daniel ha sido capaz de ver más allá del horizonte y llevar su solidaridad militante a cientos de miles, tal vez a millones de seres oprimidos a lo largo y ancho del mundo. Su incansable lucha en la difusión y en la defensa de los Derechos Humanos ha llegado a los más recónditos lugares del planeta. Sus canciones son escuchadas por multitudes.

Como hombre de la Cultura censurado y amenazado, ha sabido mantenerse fiel a sí mismo y por ende a las nobles causas que abrazó con fervor militante a lo largo de su fructífera vida.  Con su solidaridad, compromiso  y comprensión ha marcado a fuego a quienes le escucharon y ha trazado una senda ética recta e insobornable.

Su partida o dicho de otro modo, su ingreso a eso que llamamos la inmortalidad, nos deja más huérfanos. Su persona luminosa siempre solidaria con los desamparados, con los desterrados de su propia tierra, con los más humildes, con los más necesitados, permanecerá en el recuerdo y en ese impresionante legado que son sus canciones.

Andará ahora desalambrando los cielos y estará reencontrándose con su Benedetti querido, con Idea, con Galeano, con Alfredo y el Sabalero, con Capella , con Pablito y con el Darno. Con todos y con cada uno de los desaparecidos.  Salud maestro, gracias por tu luz… Hasta Siempre.

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