El director de una exitosa orquesta de baile
A fines de 1944, durante un vuelo militar cruzando el Canal de la Mancha, se perdió todo rastro del avión que llevaba a Miller y éste fue declarado muerto.
Desde entonces, sus fanáticos admiradores iniciaron un movimiento mundial de apoyo y difusión de su música, con un éxito tan clamoroso que los herederos del fallecido director tuvieron que autorizar, diez años después, la formación de una orquesta idéntica a la original que tocara las alabadas partituras conocidas a través de innumerables discos que, hoy por hoy, continúan reeditándose con seguro alcance comercial.
Sus fonogramas más populares han sido divulgados una y mil veces en este último medio siglo. Para quienes deseen profundizar y completar sus colecciones, puede recomendarse la edición The Complete Glenn Miller (sello Bluebird) de trece CDs con casi 280 grabaciones efectuadas entre 1938 y 1942. Una producción del sello británico Avid Records, The Missing Chapters, recoge en cinco CDs el material grabado por la Army Air Force Band en 1943 y 1944 e incluye un sexto CD con registros hechos en 1945 por la orquesta, pocos meses después de la desaparición del trombonista director. En ellos es notoria la ostensible capacidad de Miller para lograr una orquesta integrada por músicos profesionalmente competentes, en la que cada instrumento es ejecutado con impecable precisión y los cantantes entonan con voz almibarada mientras un elegante ritmo invita permanentemente al baile. Por aquí puede escucharse algunos compases de un solista destacado, por allá aparece algún asomo de swing que atraerá la atención de los aficionados al jazz, pero en general los arreglos están minuciosamente ensayados y pulidos por un director que tiene la mentalidad puesta en el éxito comercial y el aplauso de la muchedumbre.
En diciembre se cumplirán seis décadas de la muerte de este triunfal representante de la música popular norteamericana y en este mes de marzo se celebra el centenario de su nacimiento.
Alton Glenn Miller nació en Clarinda, Iowa, el 1 de marzo de 1904. A los once años le regalaron un trombón que aprendió a ejecutar en forma autodidacta. A los 17 ingresó en la Universidad de Colorado, estudió teoría musical y composición, y en 1926 grabó sus primeros discos con «Ben Pollack and his Californians», teniendo a su lado a un clarinetista adolescente llamado Benny Goodman.
En 1928 se radica en New York, donde trabaja con jazzistas de la talla de Red Nichols, Coleman Hawkins, Pee Wee Russell, Eddie Condon, Jimmy Dorsey y Jack Teagarden. Estudia armonía y orquestación con el célebre maestro Joseph Schillinger y colabora como director musical con las orquestas de Ray Noble, Smith Ballew y Tommy Dorsey.
En 1935 forma su primera orquesta y dos años después otra nueva. No le va bien con ninguna de las dos y llega a la conclusión de que en el futuro deberá dedicarse más al gusto del público, dejando de lado sus raíces jazzísticas, para establecer una ejecución más entradora, bonita, de contagioso ritmo bailable y que en definitiva tuviera un tangible éxito económico. Es la época en la que da forma definitiva a su «Serenata a la luz de la luna», arreglando, con la base de la armonización del trío de trombones, un clarinete que toca la misma melodía una octava por encima del cuarteto de saxófonos.
Un contrato en el Paradise Restaurant de New York en junio de 1938, irradiado por la NBC a todo el país, logró el milagro. La orquesta de Glenn Miller se convierte en la más popular y mejor paga en los EEUU durante cuatro años consecutivos. Discos como «Jarroncito pardo», «De buen humor», «Pennsylvania 6-5000″, «Collar de perlas», «Tengo una chica en Kalamazoo», «Patrulla americana» y «Chattanooga Choo Choo» vendieron más millones de copias que todas las big bands de aquella era.
Una vez que EEUU entra en la contienda armada mundial, Miller disuelve su orquesta e ingresa en la milicia con el grado de Capitán. Organiza la banda musical de la fuerza aérea y con ella se convierte en «el mayor refuerzo para elevar la moral de las tropas americanas». Es nombrado Mayor, se traslada a Inglaterra y continúa con las transmisiones radiales y la grabación de discos. Una de ellas se realiza en los estudios de Abbey Road, que veinte años más tarde se harán famosos con la presencia de los Beatles. Después de su muerte su música se mantuvo viva gracias a las giras internacionales de orquestas que siguieron tocando «a la manera de Glenn Miller», dirigidas casi todas con el correr de los años por ex miembros de la orquesta original, como Tex Beneke, Jerry Gray, Ray Anthony y Ray McKinley. *
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