LIBROS

Todo o nada

Sin embargo, algunos textos, libros o documentos escritos por cronistas o relatores oficiales asociados al poder, suelen omitir nombres que debieran ser recordados para la posteridad.

Paradójicamente, otros personajes que escribieron páginas oscuras de nuestra historia, son insólitamente lisonjeados como auténticos paradigmas y hasta incorporados al nomenclátor ciudadano.

El pasado es, sin dudas, una materia prima altamente maleable. Basta que un mentiroso se apropie del relato histórico, para que esté en condiciones de inferir un daño irreparable.

Tanto las dictaduras como las democracias «cosméticas» emplean métodos autoritarios, con el propósito de salvaguardar y garantizar los privilegios de las clases dominantes que representan.

No es necesario evocar los tiempos más oscuros de nuestro Uruguay para identificar estrategias de manipulación colectiva. Contemporáneamente, a pocos meses de las elecciones nacionales, el poder comenzó a difundir cifras e indicadores económicos positivos, procurando convencer a la ciudadanía que la prolongada crisis está superada.

Sin embargo, la cotidiana temperatura de la calle es bastante más elocuente que esos anuncios triunfalistas difundidos por los voceros oficiales. Si efectivamente hay una reactivación, ella está bastante distante de favorecer a los trabajadores, pasivos y pequeños industriales y comerciantes.

En los últimos cuarenta años, en medio de devaluaciones, catástrofes financieras, escaladas inflacionarias y altas tasas de desempleo, Uruguay ha conocido tiempos de crecimiento económico real. Sin embargo -hasta ahora- jamás cambiaron radicalmente los criterios de distribución de la riqueza, lo que condenó a miles de uruguayos a vivir en la pobreza y la miseria, mientras otros siguieron haciendo una inmoral ostentación de sus altos ingresos y cuantiosas propiedades.

En nuestra democracia, que sigue garantizando razonables cuotas de representatividad política y libertad de expresión, la justicia social es aún una asignatura pendiente largamente anhelada.

En estos días, al reactivarse con mayor énfasis los reclamos por mejoras presupuestales en sectores estratégicos como la educación y la salud, nos confrontamos a una realidad renovadamente compleja.

Es claro que todo es un tema de prioridades, porque los recursos que hoy parecen faltar para atender demandas esenciales para la sociedad uruguaya, sí estuvieron disponibles -hace un tiempo- para oxigenar al agonizante sistema financiero.

Los dobles discursos y las contradicciones contemporáneas nos recuerdan -en forma inequívoca- que el proceso de cambio ha sido, más allá de estrategias y eventuales discrepancias, un parto demasiado demorado.

Sin dudas, como otros hermanos pueblos latinoamericanos, los uruguayos somos también hijos de un pasado de despiadados saqueos, expoliaciones y persistentes autoritarios.

Resulta altamente inconcebible divorciar nuestra experiencia del devenir histórico de las naciones del continente, recurrentes botines de proyectos de dominación y apetitos imperialistas.

Como en el pasado reciente un grupo de usurpadores uniformados fueron los gendarmes del orden internacional impuesto por las potencias económicas, hoy esa misión está a cargo de muchos civiles con poder de decisión.

Lo realmente trascendente será evitar las fracturas de la memoria colectiva, recordando las circunstancias y a los responsables de las duras coyunturas que aún seguimos padeciendo.

En «Todo o nada», la periodista e investigadora argentina María Seoane reconstruye la vida y lucha de Mario Roberto Santucho, uno de los guerrilleros más paradigmáticos de la historia reciente del vecino país.

Para elaborar su minucioso y concienzudo trabajo, la autora acudió a diversas fuentes de información, documentos, cartas, manifiestos, publicaciones de prensa e invalorables testimonios.

Aunque hoy quizás sea bastante ignorado y virtualmente desconocido para las nuevas generaciones, el protagonista de esta historia real es una figura de perfiles casi míticos.

En el acierto o en el error, Santucho fue un hombre comprometido con su tiempo, que bregó sin claudicaciones por sus ideas, convicciones, sueños y utopías de justicia y emancipación. Fue dueño de su destino y, por su coherencia e integridad ética, debió pagar un alto precio: la separación de sus seres queridos y una muerte prematura.

Mixturando la crónica, la investigación histórica y hasta la novela de trazo realista, María Seoane encara la ardua tarea de evocar al luchador social argentino, sin dejarse seducir por los cantos de sirena de la lisonja complaciente ni del cuestionamiento ético.

El relato comienza el 19 de julio de 1976, cuando el líder guerrillero cayó abatido para siempre durante un operativo militar. La dictadura instalada hacía unos pocos meses, tardó varios días en confirmar oficialmente la muerte del combatiente.

Luego, la autora retrocede a la década del treinta, para hurgar en los orígenes de la familia, los tiempos duros, los conflictos institucionales, los cuartelazos y los frecuentes fraudes electorales, que sacudieron durante el siglo XX al vecino país.

Intercalando el relato documental con testimonios de familiares, amigos y compañeros de lucha sobrevivientes, la periodista avanza en la reconstrucción del Santucho luchador, pero también del hombre de carne y hueso que trasciende a la leyenda.

La autora repasa muchas experiencias personales del protagonista, así como hitos históricos que le marcaron a fuego, como el cruento golpe de Estado que derrocó a Juan Domingo Perón y otros momentos de inestabilidad y autoritarismo.

La narradora describe el proceso de aprendizaje y concientización ideológica de Santucho, que fue preparando la levadura revolucionaria que crecería vertiginosamente durante las décadas del sesenta y el setenta.

La autora evoca, en ese contexto, la lucha del fundador del Partido Revolucionario de los Trabajadores y posteriormente de la organización guerrillera denominada Ejército Revolucionario del Pueblo.

Asumiendo que las referencias históricas resultaban insoslayables, María Seoane recuerda la revolución cubana, el sostenido aumento de la injerencia norteamericana en el continente, la guerra fría y la agitación ideológica.

Santucho afirmaba que era indispensable refundar la historia desde nuestra América Latina, partiendo de la tesis que Europa estaba agotada y el enemigo común era Estados Unidos.

Exhumando el proceso militar iniciado en 1966 con el ascenso del general Juan Carlos Onganía y concluido con la convocatoria a elecciones y la tercera presidencia de Juan Domingo Perón, la investigadora explora el largo camino de lucha política y armada del desaparecido combatiente.

Sin emitir inconvenientes juicios de valor pero enfatizando algunos presuntos errores estratégicos del guerrillero, la autora define a Mario Roberto Santucho como un personaje poco transigente y de actitudes mesiánicas, que jamás aceptó otro proyecto político que no fuera la construcción de una patria socialista de signo marxista.

La autora recupera la memoria de momentos políticos cruciales, como el regreso, ascenso y muerte de Perón, la asunción y derrocamiento de María Isabel Martínez, el auge del «brujo» José López Rega y el comienzo de la nueva dictadura genocida encabezada por Jorge Rafael Videla.

Más allá de lo meramente documental y anecdótico, Seoane aporta a su obra el rigor de la investigación y valora -al margen de estrategias y criterios operativos- el insobornable compromiso ético de una generación.

Sin ignorar obvias particularidades, el lector podrá apreciar algunas seme
janzas entre la peripecia histórica argentina y la uruguaya, ambas signadas por un pasado reciente estigmatizado por el autoritarismo y la represión.

La obra aporta igualmente algunas claves para la interpretación de nuestro presente común, reactivando el a menudo aletargado debate en torno a los orígenes de muchos de nuestros males contemporáneos.

(Editorial Sudamericana)

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje