Obsesiones cruzadas en Praga, con actores y animación

Conspiradores del placer

Lo que cuenta Conspiradores del placer es una serie de anécdotas e historias humanas muy insólitas, el conjunto de obsesiones y fantasías, generalmente sexuales, que acosan a un grupo de praguenses.

Un individuo tímido e inseguro que aguarda ansiosamente el domingo en el que compartirá un día de campo, disfrazado de gallo, con una muñeca gigante que reproduce la imagen de una vecina insoportable; las compulsiones sádicas de esa mujer, que a su vez se imagina induciendo el dolor y el padecimiento del otro; una empleada de correos que confecciona febrilmente bolitas de miga de pan de las que hará un uso infrecuente; un hombre que apela a la tecnología para fantasear con una locutora de televisión; el esposo de esta última, que busca menos previsibles manera de la satisfacción.

Cada uno de esos personajs dedica a su respectiva fantasía un esfuerzo y una paciencia infinitas. Un cartel final agradece la colaboración de gente como el Marqués de Sade, Leopold Sacher-Masoch, Sigmund Freud y Luis Buñuel, sin la cual «esta película hubiera sido imposible», pero aunque faltara esa broma las fuentes de inspiración del director Svankmayer resultarían igualmente obvias. Faltarían su compatriota Franz Kafka, especialista en obsesiones y Jan Trnka, maestro de una generación de animadores checos.

El filme no emplea una sola línea de diálogo para volcar su anécdota, instalada sobre una Praga remota y hostil, hecha de impersonales departamentos, basura que se amontona en las calles y algunos inquietantes interiores de perfil más bien gótico. Ese decorado refuerza la idea de un universo inhabitable o casi, en medio del cual esos individuos frustrados o solitarios pasean su desolación o se refugian en sus obsesiones excluyentes.

El resultado puede constituir para mucho público el descubrimiento del director Svankmajer, un animador checo cuya fama viene de lejos aunque sea prácticamente un desconocido en el Uruguay (donde, sin embargo, se conocieron varios cortos suyos en diversas funciones de la Cinemateca). A lo largo de los años ochenta, Svankmajer combinó en sus cortos diversas técnicas de animación con un espíritu satírico y una imaginación muy suelta, y saltó al largo en 1987 con Alicia en el País de las Maravillas, que adaptaba a su peculiar estilo el clásico relato de Lewis Carroll. En 1994 hizo igualmente un Fausto inspirado al mismo tiempo en Christopher Marlowe y en Goethe que llamó también la atención de la crítica exigente. Por supuesto, por detrás de Svankmajer hay dos tradiciones, por lo menos, muy checas: las de un culto del absurdo que viene de Kafka, y la de un maduro arte de la animación de dibujos y muñecos que ha conocido nombres culminantes como Miri Trnka o Karel Zeman.

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