El festival a modo de balance
Gustavo Iribarne
Para empezar, fue una semana a todo cine que nucleó apellidos ilustres de la pantalla grande como el caso de Kiarostami, Altman, Loach, Angelopoulos y Polanski entre otros.
El puntapié inicial se dio en las instalaciones del Radisson Montevideo Victoria Plaza Hotel en una noche de gala que sirvió como inauguración del Festival. Ahí se dieron cita actores, directores, distribuidores, exhibidores, agentes culturales, autoridades y diversas personalidades del mundo diplomático.
La velada incluyó la proyección en pantalla gigante de algunos fragmentos de los filmes a exhibirse, además de varias producciones uruguayas entre las que se contaban El viñedo, La memoria de Blas Quadra, En la puta vida, El regalo y el mediometraje animado El jefe y el carpintero de Walter Tournier.
También allí se presentó oportunidad para que Luis Nieto, Esteban Schroeder y Marcelo Piñeyro (que estaba junto a Leonardo Sabaraglia y Dolores Fonzi, integrantes del elenco de Plata quemada), recibieran premios especiales, de parte de la Asociación de Críticos de Cine y Juan Herrera Producciones, por su contribución al desarrollo de la industria audiovisual en el río de la Plata.
Posteriormente, en el circuito cinematográfico, (que esta vez nucleó a Movie Center, Cine Plaza Libertad, Complejo Alfa Beta y se expandió a Punta del Este a través de las salas Hoyts General (Cinema).
El fuego lo abrió Jim Jarmusch con su monumental El camino del samurai, interpretado por Forest Whitaker. Un policial diferente, con homenajes varios y guiñadas cómplices al género que navegó audazmente a bordo de una música de alto impacto compuesta por RZA. Verdaderamente fascinante.
Similares adjetivos puede aplicarse al caso de Magnolia, –filme con tres nominaciones al Oscar, ganador del Oso de Oro como Mejor Película en el Festival de Berlín y del Golden Globe a Tom Cruise como Mejor Actor–, de Paul Thomas Anderson, un magistral entrecruzamiento de historias que superó gloriosamente las tres horas de proyección para convertirse en uno de los mejores títulos de la semana.
Los maestros Kiarostami y Angelopoulos también dejaron su huella: Sus filmes se exhibieron en el Festival de la Crítica Uruguaya a modo de estreno exclusivo para todo el Río de la Plata ya que ni siquiera habían subido a la cartelera de Buenos Aires. En el primer caso, El viento nos llevará (Premio mayor en Cannes), mostró, –una vez más–, la sobria rigurosidad del cineasta iraní para contar una historia sobre choque de culturas en medio de un perdido pueblito kurdo.
Por su parte, La eternidad y un día (otra Palma de Oro europea), de Theo Angelopoulos supo decir lo suyo a través de una situación terminal que, por las vueltas del destino, transformaba los últimos días de un escritor desahuciado (Bruno Ganz) en un acto de heroismo para salvar a un pequeño refugiado albanés.
La fiesta del celuloide
Otro título imperdible resultó ser La fortuna de Cookie, de Robert Altman. Una deliciosa comedia agridulce con Glen Close, Julianne Moore, Liv Tyler, Chris O’Donnell, Patricia Neal y Ned Beatty que narró una aparente historia menor con la grandeza que hace a los talentosos. Para recordar a la hora de su estreno comercial, sin lugar a dudas.
Por su parte Celuloide, de Carlo Lizzani jugó al cine dentro del cine con una película, –interpretada por Giancarlo Giannini y Anna Falchi–, que «mostraba» las idas y venidas en el rodaje de la célebre Roma ciudad abierta. Fue, en resumen, una cita inexcusable para cinéfilos y todo amante de la pantalla grande.
En el interín, El mar de Lucas, de Víctor Laplace (Premio Mejor Opera Prima en Mar del Plata y Mejor Guión en el Festival de Cartagena), película argentina invitada especialmente al Festival de la Crítica permitió la llegada del actor director junto a Rodolfo Ranni para que compartieran impresiones con su prensa y el público mientras la película se convertía en otro de los estrenos exclusivos en ambas márgenes del Plata ya que tampoco había sido estrenada en la capital argentina.
Mientras tanto, Roman Polanski retomaba sus temáticas satanistas con La última puerta, logrando un resultado interesante que se balanceaba entre el humor negro, la dualidad de realidad-ficción y una intriga muy bien llevada. La intervención de Johnny Depp, en el rol protagónico, también aportaba su cuota de interés alternativo.
El mismo interés despertó Mientras nieva sobre los cedros (título nominado al Oscar por Mejor Fotografía), de Scott Hicks; un filme sobre enfrentamientos raciales entre ingleses y japoneses en una isla del Pacífico luego de la segunda guerra Mundial.
Tampoco pasó desapercibida la neocelandesa Jane Campion (a pesar de las críticas dispares), con su trabajo Humo sagrado, interpretado por Harvey Keitel y Kate Winslet a bordo de una historia que mezclaba amores imposibles, viajes a la India y sectas religiosas.
Quizás Ken Loach obtuvo mayor unanimidad de opiniones con su obra Mi nombre es Joe, donde retomaba su veta de «cine proletario» para narrar un singular romance entre entrenador de fútbol ex-alcohólico y una enfermera.
Un excepcional Peter Muller en el papel principal ponía las cosas en su lugar a la hora de los aplausos. Otro título para festejar, realmente.
En el balance no debe omitirse la hispánica Entre las piernas, de Manuel Gómez Pereira con Javier Bardem y Victoria Abril. Una historia de «intriga, amor, erotismo y muerte», según rezaba la paráfrasis del argumento convirtiendo dicha información en un cóctel taquillero para convocar al público.
Y en el final, un subrayado especial para la holandesa Por amor de Jeron Krabbé, otro filme importante que apostó a la tolerancia de las diferencias mientras relataba la peculiar odisea de una joven estudiante que debía trabajar como baby sitter de una familia judía ortodoxa.
Un verdadero lujo que sirvió de broche de oro al Festival de la Crítica celebrando su cierre en el marco de la reapetura del Complejo Cinematográfico AlfaBeta. Verdaderamente, una semana de película.
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