El espíritu de la comedia
Sus personajes son variados y reconocibles; su humor es tan personal como inmediatamente compartible: le basta con la punta de los dedos y con una fracción de segundo para entablar con la platea una comunicación que no ha de cesar. No hay en este plácido contacto con los espectadores una sola concesión al mal gusto, ese mal gusto que afea con machaconas alusiones a desechos digestivos la boca de nuestros mejores actores; no hay nada en su velocísima ideación que no tenga interés, sorpresa y brillo: en más de uno de sus chistes hay una verdad oculta y en más de un personaje una importante revelación. Así, la comedia divierte, pero también propone y enseña. Nos llega en «007 Esmoris 2005″ una visión crítica de nuestra sociedad, que nos hizo recordar las devastadoras sátiras de Gerardo Romano: Esmoris es más aéreo y fantasmal, tal vez menos ambicioso; pero pertenecen a la misma estirpe de artistas. Es la centenaria tradición de la Comedia del Arte, que requiere un actor con cualidades excepcionales, aún físicas, dotado de un superlativo don de improvisación; que requiere, sobre todo, un caballero sin miedo y sin tacha que se enfrente a los poderosos. Es teatro tradicional, que vive del momento; y así Esmoris, con su ciencia de actor y su equipaje cultural que no deja ver, con su pasión por circular a contramano, cumple la extraña paradoja de ser a la vez muy actual y muy clásico.
OO7 ESMORIS 2005, de Jorge Esmoris, en el Teatro del Notariado, viernes y sábados 21.30 horas, domingos 20.30 horas.
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