Confusiones con algunos pronombres
Sigue llamándome la atención un curioso hecho lingüístico que se verifica en casi todas las comunidades hispanohablantes. Me refiero al uso de los pronombres personales, especialmente los de tercera persona, uso que aparece viciado de yerros y confusiones. Pero veamos algunos ejemplos.
«Por favor, muchachos, no hagan nada… se los ruego», es un enunciado que cualquiera comprende sin dificultad. Sin embargo, a poco que lo analicemos, advertiremos que el pronombre los ha sido empleado incorrectamente pues lo que corresponde es el acusativo neutro lo: se lo ruego.
En efecto, si descomponemos el enunciado y no usamos los dos pronombres, tendremos el siguiente: «Ruego a ustedes que no hagan nada»; si remplazo el complemento indirecto (a ustedes) por el dativo correspondiente, diré «Les ruego que no hagan nada»; si lo que quiero remplazar es el complemento directo (que no hagan nada), diré «Lo ruego a ustedes»; y, finalmente, si se trata de remplazar ambos complementos, cambiaré el dativo les por se (un capricho del castellano) y diré «Se lo ruego», donde el pronombre se es «a ustedes» y el acusativo lo es «que no hagan nada». Advierta el lector que los dativos y acusativos correspondientes a las primeras y segundas personas no ofrecen dificultad alguna: me lo ruega, te lo ruega, nos lo ruega, os lo ruega.
El problema se presenta por esa anomalía del castellano que establece que el dativo (pronombre personal complemento indirecto) de tercera del singular (le) y el de tercera del plural (les) –que son los mismos de la segunda persona de respeto (usted, ustedes)– asuman la forma se cuando en la oración hay también un acusativo (pronombre personal complemento directo).
Veamos si con este ejemplo las cosas quedan claras. ¿Ese perro es de los chiquilines? Sí, se lo regaló la abuela, y no se los regaló la abuela, porque la abuela regaló un perro (lo) a los chiquilines (se).
–Mire, Mendieta, la verdá, que su explicación es medio confusa, así que bien podría dejarse de joder y mandar la vuelta; se lo ruego…
–¡Qué lo parió! *
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