Nuevamente Einstein

Cuando comentamos en LA REPUBLICA la muy similar pieza «Einstein» de Willard Simms, estrenada el 5 de agosto de 1995 en el teatro Circular, escribimos: «Estas obras, basadas en la vida de hombres y mujeres célebres, pueden multiplicarse al infinito. Hemos visto a García Lorca, demasiadas veces, a Freud, Marx, Emily Brontë, Emily Dickinson, Elizabeth Barrett, Van Gogh, Roberto de las Carreras, Fructuoso Rivera, Artigas, Bartolomé de las Casas, Nietzsche, Gardel, Edith Piaf».

No podíamos prever que casi ocho años después volvieran a darse, en el mismo mes, las ya vistas vidas de Einstein, De las Carreras y Dickinson; pudimos prever que, con la única excepción de la revisión de la vida de Roberto de las Carreras («Boulevard Sarandí», dirección de Juan Antonio Saraví, actuación de Humberto de Vargas) se harían en el mismo estilo que antaño, esa mezcla de hagiografía con retrato del artista en pantuflas.

Este «Personalmente Einstein» está destinado a ocupar en la memoria un lugar semejante al anterior, que es mínimo; muy posiblemente, andando el tiempo, lleguemos a confundirlos. No hay un atisbo de revisión crítica: como a todos los «grandes hombres», se muestra a Einstein impecable, sin fisuras, inhumano al fin. Y sin embargo allí están el «Salsipuedes» de Alberto Restuccia y el «Amadeus», de Schäffer, donde aparece el juicio y el autor se atreve a juzgar a la historia. Y si leemos las ejemplares vidas de García Lorca por Ian Gibson o de Marcel Proust por George Painter, para no hablar de «Secrets of the flesh» la vida de Colette que escribió Judith Thurman, que es hasta cruel con la escritora, encontramos el momento luminoso en que el biógrafo se enfrenta con su héroe. A menudo se habla en estos puntos de irreverencia; no valoramos en nada la irreverencia por sí misma, y preferimos mencionar a la verdad y al espíritu crítico capaz de despojarse de preconceptos, estereotipos, idola fori. La obra, así, nace anticuada: pudo haberse escrito en cualquier momento de los últimos treinta años. Está todo bien: pero todo lo que está bien, texto y actuación, está vacío.

Personalmente Einstein, de Gabriel Emanuel, en traducción de Bruno Schwebel, con actuación de Juan Tríbulo, dramaturgia y dirección de Leonardo Goloboff. En teatro Circular, sala 2.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje